Música: La elección imposible

Tanto Gillespie como Monk dejaron decenas de grabaciones geniales. El autor de esta nota intenta la difícil tarea de optar por solo un disco de cada uno de ellos
Por Ricardo Carpena
La culpa siempre es del editor. Lo sabe cualquier periodista. En este caso, el que propuso (generosamente, claro está) que se eligiera un disco de Thelonious Monk y otro de Dizzy Gillespie. ¿Pero cómo, respetadísimo señor editor, elegir un solo disco de cada uno? La sensación más parecida: cuando a uno le preguntan a cuál de sus hijos elegiría para ser salvado en una hipotética situación de naufragio. La respuesta es: a todos. Cualquier otra contestación es semejante a una aplanadora en el alma, a una licuadora en el corazón. Pero como el editor insiste, y como siempre la culpa será de él, uno trata de elegir. De Monk, ese irreverente pianista de estilo endemoniado y dedos imposibles de exorcizar, podría ser Thelonious Monk with John Coltrane, una joyita de 1957 que comienza con una balada incandescente como "Ruby, My Dear" y termina con "Functional", un blues que sirve para enamorarse del piano (de ese piano, al menos). Pero, claro, cómo evitar acordarse de Monk's Dream, de 1962, con Charlie Rouse, o de sus dos primeros discos, editados por Blue Note, en 1947, Genius Of Modern Music, con clásicos como "Monk s Mood" y "Round Midnight", entre otros. Como nuestro editor nos sigue exigiendo definiciones, el disco que gana apenas por algunos puntos es Brilliant Corners, de 1956, con algunas de las mejores composiciones de Monk y un grupo de músicos en su mejor momento: el saxofonista Sonny Rollins, el contrabajista Oscar Pettiford y el baterista Max Roach, acompañados por el saxo alto de Ernie Henry y, en el último tema, el célebre "Bemsha Swing", por la trompeta de Clark Terry y el contrabajo de Paul Chambers.
El disco produce una combustión inmediata: ya en el comienzo, en el tema que le da su nombre al álbum, resulta irresistible ese Monk que se muestra obsesivo en un serpenteante riff sobre el que Rollins juega, una y otra vez, a acercarse y a separarse.
Admito, señor editor, que la decisión tampoco es fácil en el caso de Dizzy Gillespie. Uno está tentado de elegir Sonny Side Up, de 1957, una impresionante jam de este trompetista junto a (otra vez) Sonny Rollins y otro saxofonista notable, Sonny Stitt. O el clásico Diz And Getz, con Stan Getz, de 1953. Y, sobre todo, Bird And Diz, de Charlie Parker, con Gillespie como un socio perfecto para las travesuras menos imaginadas. La memoria también rescata curiosidades como Perceptions, de 1961, que se roza con la música clásica, con una gran orquesta de vientos sobre la cual Dizzy hace malabares. Pero quizá el más representativo rostro gillespiano esté reflejado en At Newport, grabado en vivo durante ese festival de jazz, en 1957. Aquí, Dizzy se muestra a pleno: junto a una gran orquesta que tenía talentos como Lee Morgan, Benny Golson y Wynton Kelly, y con un repertorio que alterna standards de la talla de "A Night in Tunisia" con algunos temas de cuño latino como "Manteca", matizados por sus humorísticas introducciones.
Señor editor: quien suscribe reconoce por este medio que fracasó en cumplir sus directivas. La culpa es enteramente suya. No se puede elegir un solo disco de Monk o de Dizzy.
La culpa siempre es del editor. Lo sabe cualquier periodista. En este caso, el que propuso (generosamente, claro está) que se eligiera un disco de Thelonious Monk y otro de Dizzy Gillespie. ¿Pero cómo, respetadísimo señor editor, elegir un solo disco de cada uno? La sensación más parecida: cuando a uno le preguntan a cuál de sus hijos elegiría para ser salvado en una hipotética situación de naufragio. La respuesta es: a todos. Cualquier otra contestación es semejante a una aplanadora en el alma, a una licuadora en el corazón. Pero como el editor insiste, y como siempre la culpa será de él, uno trata de elegir. De Monk, ese irreverente pianista de estilo endemoniado y dedos imposibles de exorcizar, podría ser Thelonious Monk with John Coltrane, una joyita de 1957 que comienza con una balada incandescente como "Ruby, My Dear" y termina con "Functional", un blues que sirve para enamorarse del piano (de ese piano, al menos). Pero, claro, cómo evitar acordarse de Monk's Dream, de 1962, con Charlie Rouse, o de sus dos primeros discos, editados por Blue Note, en 1947, Genius Of Modern Music, con clásicos como "Monk s Mood" y "Round Midnight", entre otros. Como nuestro editor nos sigue exigiendo definiciones, el disco que gana apenas por algunos puntos es Brilliant Corners, de 1956, con algunas de las mejores composiciones de Monk y un grupo de músicos en su mejor momento: el saxofonista Sonny Rollins, el contrabajista Oscar Pettiford y el baterista Max Roach, acompañados por el saxo alto de Ernie Henry y, en el último tema, el célebre "Bemsha Swing", por la trompeta de Clark Terry y el contrabajo de Paul Chambers.
El disco produce una combustión inmediata: ya en el comienzo, en el tema que le da su nombre al álbum, resulta irresistible ese Monk que se muestra obsesivo en un serpenteante riff sobre el que Rollins juega, una y otra vez, a acercarse y a separarse.
Admito, señor editor, que la decisión tampoco es fácil en el caso de Dizzy Gillespie. Uno está tentado de elegir Sonny Side Up, de 1957, una impresionante jam de este trompetista junto a (otra vez) Sonny Rollins y otro saxofonista notable, Sonny Stitt. O el clásico Diz And Getz, con Stan Getz, de 1953. Y, sobre todo, Bird And Diz, de Charlie Parker, con Gillespie como un socio perfecto para las travesuras menos imaginadas. La memoria también rescata curiosidades como Perceptions, de 1961, que se roza con la música clásica, con una gran orquesta de vientos sobre la cual Dizzy hace malabares. Pero quizá el más representativo rostro gillespiano esté reflejado en At Newport, grabado en vivo durante ese festival de jazz, en 1957. Aquí, Dizzy se muestra a pleno: junto a una gran orquesta que tenía talentos como Lee Morgan, Benny Golson y Wynton Kelly, y con un repertorio que alterna standards de la talla de "A Night in Tunisia" con algunos temas de cuño latino como "Manteca", matizados por sus humorísticas introducciones.
Señor editor: quien suscribe reconoce por este medio que fracasó en cumplir sus directivas. La culpa es enteramente suya. No se puede elegir un solo disco de Monk o de Dizzy.

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