Opera: Samuel Ramey «Boris Godunov es un paranoico»
Samuel Ramey (Kansas, 1942) está considerado uno de los mejores bajos de su generación, con un amplísimo repertorio que abarca desde el melodrama barroco de Haendel hasta papeles muy dramáticos como Felipe II, de Don Carlo, o Boris Godunov, de la ópera homónima de Musorgski, pasando por el bel canto -Rossini, Bellini-, aunque reconoce haberlo abandonado ya hace quince años. También ha destacado por haberse especializado en papeles de tinte diabólico, que le llevaron a grabar los tres diablos (Mefistofele, de Boito; Fausto, de Gounod, y La condenación de Fausto, de Berlioz) y a realizar hace años una gira de conciertos que le trajeron a España (Festival de Santander), en una de sus escasísimas comparecencias ante el público español. Su atracción por esta clase de personajes Ramey la justifica bromeando: «Los papeles de chico malo son más divertidos». Paralelamente ha desarrollado una importante carrera discográfica, y se ha prodigado en conciertos y recitales. Ahora debuta en Madrid, en el Teatro Real, dando vida al controvertido zar Boris Godunov, cuya vida glosó Alexander Pushkin.
El personaje de Boris Godunov lo abordó por primera vez en 1993, cuando ya había cumplido los cincuenta años. Al parecer esperó a atravesar este umbral siguiendo un consejo.
Eso no significa que todo el mundo tenga que esperar a los cincuenta años. Hace años, recibí varias ofertas para interpretar el papel de Boris pero las rechacé. Cuando me ofrecen algo nuevo, lo primero que hago es consultarlo a mi maestro de canto, que está en el mundo de la ópera desde hace muchos años. Según su experiencia, cuando un joven bajo aborda por primera vez este rol su voz no vuelve a ser la misma después. Paga un precio muy alto. Por ese motivo, decidí esperar a que mi voz estuviera preparada.
¿Cuáles son las dificultades vocales de este personaje?
Es un papel muy bien escrito para la voz. El problema reside en la parte dramática y emocional: hay que estar muy atento para que no te arrastre. A veces te metes tanto en el papel, en el personaje, que no te puedes controlar, y ése es el mayor peligro.
Sin embargo, en estos quince años, ya le habrá cogido la medida. ¿Cómo ha evolucionado su lectura del personaje?
Eso espero (se ríe). La lectura va cambiando a medida que se abordan distintas producciones, y yo he hecho bastantes. Te tienes que adaptar a ellas. Además he trabajado con grandes directores de orquesta, como Abbado o Gergiev, y esto también te aporta nuevas experiencias, te ayuda a crecer. Estas aportaciones las vas incorporando al personaje.
La ópera de Musorgski ha sufrido muchas alteraciones desde que fue escrita, dando lugar a un total de siete versiones: dos firmadas por él mismo, y otras realizadas por Rimski-Korsakov, Shostakovich, Ratahus, Lamm y, la última, de David Lloyd Jones de 1975. ¿Cuántas de estas versiones ha cantado usted, y qué diferencias hay entre ellas?
Sólo he cantado las dos versiones escritas por Musorgski. Canté la primera versión, de 1869, en Ginebra, y un año después interpreté en Salzburgo la de 1874. Desde entonces, he ido alternándolas. La de aquí es más o menos la segunda, pero sin el acto polaco; y el año que viene en San Francisco haré la primera versión. En el caso de Boris, el papel cambia bastante de una a otra, sobre todo en el segundo acto, en el monólogo, que es muy diferente. Está todo ahí vocalmente, tal vez un poco más alto, el mismo texto, pero está escrito de otra manera. También en la escena de Shuiski cambia mucho el texto. Ahí reside parte de la complicación a la hora de interpretar esta ópera, pues tengo que saltar de una a otra versión y debo estar muy atento a los cambios de cada una de ellas.
Su colega Roberto Scandiuzzi, con el que se alterna en el papel y que lo canta por primera vez aquí en el Real, subrayaba el otro día que la complejidad de la partitura reside también en que hay partes escritas para barítono, mientras que otras están más pensadas para la voz de bajo.
No tengo experiencia con la versión de Rimski-Korsakov. Sé que él escribió un poco más alto, más asequible para barítonos. De todas maneras, creo que es asequible para ambas tesituras.
Muchos cantantes, cuando incorporan un nuevo personaje, escuchan grabaciones de otros intérpretes para orientarse. ¿Cuáles fueron sus referencias?
Cuando estaba aprendiendo, escuché algunas versiones, como las de Christoff, Nicolai Ghiaurov y Giorgio Tozzi, que cantó hace muchos años en el Metropolitan de Nueva York. Éstas han sido mis tres referencias.
A la dificultad vocal, hay que añadir la de interpretar un personaje histórico que también entraña una gran complejidad psicológica, y que arrastra su propia leyenda negra.
Sí, es muy complicado. Hace unos días mantuve una discusión con un maestro ruso sobre las posibles causas de que Boris fuera un personaje tan torturado y con una gran carga de culpabilidad. No sabemos si realmente esto se debe al asesinato que cometió o no. Últimamente, algunos estudios han profundizado más en la historia, y dicen que Boris nunca fue tan malvado como se le ha presentado. Desde luego, es un personaje muy paranoico, pero no sabemos si como consecuencia de lo que ha hecho o por lo que cree que ha hecho, debido a las ideas que le ha ido instilando Shuiski, un personaje que mantiene una relación con Boris muy similar a la de Yago con Otello.
Usted ha destacado como uno de los cantantes que más grabaciones ha realizado, sin embargo, hasta la fecha no ha registrado en disco este papel.
Hace unos años existió un proyecto para grabarla, que finalmente no se llevó a cabo. Ahora es un poco tarde. Hice un registro con Abbado, interpretando el papel de Pimen, pero dudo mucho que a estas alturas pueda hacer otra grabación.
¿Qué opinión tiene del montaje ideado por Klaus Michael Grüber, con escenografía de Eduardo Arroyo, premiado por la crítica francesa?
Realmente, mi experiencia se ha desarrollado con producciones mucho más tradicionales, al estilo ruso. Ésta es muy diferente. Tiene una simpleza dramática. El trabajo que tenemos que hacer en escena es mínimo, lo que por otro lado nos permite estar muy concentrados en la música. Me gusta. Está bien probar cosas diferentes.
Creo que entre sus próximos proyectos se encuentra el de incorporar a su repertorio la ópera «Don Pasquale», de Donizetti.
Sí, la voy a interpretar en febrero en la Ópera de Colorado (Denver). Como soy un cantante un poco más maduro, estoy buscando un nuevo repertorio que se adapte a mi voz, reinventar mi carrera, por eso voy a cantar Don Pasquale.
¿Qué otros papeles le gustaría abordar en su «nueva» carrera?
Me gustaría cantar los personajes de Ruiz Gómez de Silva, en Ernani; y Fiesco, en Simon Boccanegra, que he interpretado ya en una ocasión. Hay varias cosas que me apetecen, aunque no sé si voy a poder llevarlas a cabo.
Con una importantísima trayectoria internacional, aunque más cimentada en Estados Unidos que en Europa, apenas ha cantando en España. ¿A qué se debe?
Es extraño. Hace tan sólo unos meses debuté en España, en el Liceo de Barcelona, con Manon, y volveré a actuar allí el próximo verano, en Luisa Miller. Ahora lo hago aquí, en Madrid, donde me gustaría volver pero, de momento, no tengo nada concreto para el futuro.
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