Arte: Nueva York de remate
A partir del martes próximo, en las tarimas de Sotheby's y de Christie's se ofrecerán al mejor postor piezas calidad museo, prueba de fuego para saber si el arte mantiene su condición de talismán contra todas las crisis
Obras de Van Gogh, Gauguin, Rothko, Warhol, Lucian Freud, Matisse, Egon Schiele, Modigliani, Tamayo, Botero y Jeff Koons, entre otros, esperan en las gateras de Christie's y de Sotheby's Nueva York a la crema del coleccionismo global, que dos veces por año se concentra en la Gran Manzana para ponerle precio al arte. A la incertidumbre de los indicadores económicos, la debilidad del dólar y la escalada del euro, se opone la fortaleza del arte como una segura inversión. Sobran botones de muestra.
El más reciente es el arte contemporáneo convertido en la vedette de las ventas, como lo fue en la década del 90 la pintura impresionista impulsada por los dueños del yen. El alto coleccionismo del siglo XXI vive un idilio con el arte actual, que dura más de lo pensado por los gurúes empeñados en hablar de una "burbuja". Dicho por una voz autorizada como Soureen Melikian, del Herald Tribune: "los pronósticos ya nada significan ante el colapso absoluto del sistema de tasación previa".
En octubre último, un coleccionista pagó 72 millones de dólares por un Rothko, colección David Rockefeller, estimado en 30 millones. Y el dato tiene su miga: la obra de Rothko, que inunda con sus poéticos colores las salas de la Fundación Beyeler en Basilea, hasta no hace mucho circulaba por el mercado a un precio 20 veces menor. Su valor hoy equivale al pagado en 1990 por un Renoir de museo: Au Moulin de la Galette, que tiene su "par" en el Musée d'Orsay de París, comprado por el papelero nipón Ryoei Saito en 78 millones. La inflación del arte de la segunda mitad del siglo XX es llamativa. Van Gogh tuvo que esperar un siglo para recibir la bendición de los coleccionistas. Un chanchito firmado por Jeff Koons (1955) será colocado en las tarimas neoyorquinas de Christie s con una base de 6 millones de dólares: la obra está fechada en 1988. La lata de sopa Campbell s de pimienta de Andy Warhol tiene un valor estimado por Sotheby's en 9 millones de dólares.
Además de la museum quality que agregaba varios ceros al Renoir citado, debería agregarse la procedencia impecable. El cuadro integró la colección de John Hay Whitney, al igual que Los Lirios, de Van Gogh; Au lapin agile y Muchacho con pipa, ambas obras de Pablo Picasso vendidas a sumas siderales. Veinte años atrás, pocos días después del black monday que marcó una caída abrupta del índice Dow Jones, un comprador australiano llamado Alan Bond, oriundo de Perth y vinculado al mundo de los medios, perforó la barrera de los 50 millones de dólares al pagar 53 millones por Los lirios. Esa helada tarde de noviembre, con Nueva York cubierta por un manto de nieve, el arte pasó a ser un talismán frente a la crisis: su precio subía mientras todo se derrumbaba.
En los últimos dos años, la tendencia se ha fortalecido por la presencia de compradores rusos, chinos y árabes. Los gigantes del mercado abrieron filiales en Moscú, Dubai, Bombay y Pekín. Nunca más cierta la afirmación de John Russell, crítico del Times neoyorquino, cuando describió a las salas de subastas como una mezcla de cóctel y casino, por donde corre mucha adrenalina.
En las últimas semanas, Christie's vendió 400 obras por arriba del millón de dólares, casi el triple que el año anterior; la casa fundada por James Christie en 1766, propiedad del francés François Pinault (Gucci, Au Printemps, FNAC) pelea la punta de los negocios de arte cabeza a cabeza con Sotheby's. Ambas casas han convertido sus catálogos globales en soporte publicitario de marcas de alta gama. ¿Quién duda de que esas revistas de lujo llegan a los hombres más ricos el planeta?
Los remates del otoño boreal comienzan el martes próximo con las ventas impresionistas, siguen los contemporáneos y culmina la seguidilla con las ventas latinoamericanas. El team de favoritos es el mismo desde hace 20 años: Tamayo, Lam, Matta, Botero, Rivera, Frida y Remedios Varo. Poca renovación en las filas del arte latinoamericano cuando los curadores más afilados reflexionan acerca de una nueva cartografía del arte producido al sur del Río Grande. Entre los elegidos hay un Botero clásico, inspirado en Le déjeuner sur l'herbe, de Manet, y el Tamayo robado y encontrado en la calle por una vecina de Manhattan, historia difícil de creer. Será ofrecido con un estimado de 750.000 dólares.
La novedad de esta temporada en Nueva York es el lanzamiento de Pinta, la feria de arte latinoamericano organizada y conducida por los argentinos Diego Costa Peuser, Mauro Herlitzka y Alejandro Zaia.
Por Alicia de Arteaga
De la Redacción de LA NACION
El más reciente es el arte contemporáneo convertido en la vedette de las ventas, como lo fue en la década del 90 la pintura impresionista impulsada por los dueños del yen. El alto coleccionismo del siglo XXI vive un idilio con el arte actual, que dura más de lo pensado por los gurúes empeñados en hablar de una "burbuja". Dicho por una voz autorizada como Soureen Melikian, del Herald Tribune: "los pronósticos ya nada significan ante el colapso absoluto del sistema de tasación previa".
En octubre último, un coleccionista pagó 72 millones de dólares por un Rothko, colección David Rockefeller, estimado en 30 millones. Y el dato tiene su miga: la obra de Rothko, que inunda con sus poéticos colores las salas de la Fundación Beyeler en Basilea, hasta no hace mucho circulaba por el mercado a un precio 20 veces menor. Su valor hoy equivale al pagado en 1990 por un Renoir de museo: Au Moulin de la Galette, que tiene su "par" en el Musée d'Orsay de París, comprado por el papelero nipón Ryoei Saito en 78 millones. La inflación del arte de la segunda mitad del siglo XX es llamativa. Van Gogh tuvo que esperar un siglo para recibir la bendición de los coleccionistas. Un chanchito firmado por Jeff Koons (1955) será colocado en las tarimas neoyorquinas de Christie s con una base de 6 millones de dólares: la obra está fechada en 1988. La lata de sopa Campbell s de pimienta de Andy Warhol tiene un valor estimado por Sotheby's en 9 millones de dólares.
Además de la museum quality que agregaba varios ceros al Renoir citado, debería agregarse la procedencia impecable. El cuadro integró la colección de John Hay Whitney, al igual que Los Lirios, de Van Gogh; Au lapin agile y Muchacho con pipa, ambas obras de Pablo Picasso vendidas a sumas siderales. Veinte años atrás, pocos días después del black monday que marcó una caída abrupta del índice Dow Jones, un comprador australiano llamado Alan Bond, oriundo de Perth y vinculado al mundo de los medios, perforó la barrera de los 50 millones de dólares al pagar 53 millones por Los lirios. Esa helada tarde de noviembre, con Nueva York cubierta por un manto de nieve, el arte pasó a ser un talismán frente a la crisis: su precio subía mientras todo se derrumbaba.
En los últimos dos años, la tendencia se ha fortalecido por la presencia de compradores rusos, chinos y árabes. Los gigantes del mercado abrieron filiales en Moscú, Dubai, Bombay y Pekín. Nunca más cierta la afirmación de John Russell, crítico del Times neoyorquino, cuando describió a las salas de subastas como una mezcla de cóctel y casino, por donde corre mucha adrenalina.
En las últimas semanas, Christie's vendió 400 obras por arriba del millón de dólares, casi el triple que el año anterior; la casa fundada por James Christie en 1766, propiedad del francés François Pinault (Gucci, Au Printemps, FNAC) pelea la punta de los negocios de arte cabeza a cabeza con Sotheby's. Ambas casas han convertido sus catálogos globales en soporte publicitario de marcas de alta gama. ¿Quién duda de que esas revistas de lujo llegan a los hombres más ricos el planeta?
Los remates del otoño boreal comienzan el martes próximo con las ventas impresionistas, siguen los contemporáneos y culmina la seguidilla con las ventas latinoamericanas. El team de favoritos es el mismo desde hace 20 años: Tamayo, Lam, Matta, Botero, Rivera, Frida y Remedios Varo. Poca renovación en las filas del arte latinoamericano cuando los curadores más afilados reflexionan acerca de una nueva cartografía del arte producido al sur del Río Grande. Entre los elegidos hay un Botero clásico, inspirado en Le déjeuner sur l'herbe, de Manet, y el Tamayo robado y encontrado en la calle por una vecina de Manhattan, historia difícil de creer. Será ofrecido con un estimado de 750.000 dólares.
La novedad de esta temporada en Nueva York es el lanzamiento de Pinta, la feria de arte latinoamericano organizada y conducida por los argentinos Diego Costa Peuser, Mauro Herlitzka y Alejandro Zaia.
Por Alicia de Arteaga
De la Redacción de LA NACION


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