Literatura: Montaigne regresa con una nueva voz



Una nueva traducción de sus 'Ensayos' recupera una versión alternativa del texto original
ABEL GRAU - Madrid - 14/11/2007



La voz de Montaigne (1533-1592), autor capital de la literatura universal, regresa con un tono diferente. Su obra cumbre, los Essais (Ensayos), un prodigio de introspección que lo situó a la altura de Shakespeare, Cervantes y Goethe, se presenta en una nueva traducción que modifica la que se ha leído en España durante al menos los últimos veinte años. Uno de los principales cambios atañe a la concepción que tenía el escritor sobre la amistad, según explica el traductor, Jordi Bayod. En la primera versión sostenía que sólo era posible entre varones, mientras que en la segunda concede que se puede dar también entre hombres y mujeres.


Montaigne, magistrado del Parlamento de Bordeaux, se retira de la vida pública a los 38 años, en 1571, para dedicarse a su gran proyecto literario: emplear la escritura como método para pintar un minucioso autorretrato que capte cada detalle de su persona. Como una larga conversación consigo mismo, escribe sobre cada aspecto de la condición humana a través de su experiencia personal. La amistad, la muerte, el amor, la mentira, los libros y el sexo son sometidos a su análisis personalísimo, entreverados con su añoranza por su gran amigo Etienne de La Boètie o su admiración por Plutarco y Séneca. Su autoexploración es tan exhaustiva que no olvida intimidades como sus costumbres en la mesa, en el baño y en la cama. Siguió escribiendo y rescribiendo hasta su muerte, casi dos mil páginas y veinte años después.


En sus últimos días, Montaigne anotó profusamente un ejemplar de sus obras de 1588. Añadía centenares de comentarios, ampliaciones y matizaciones. La muerte, sin embargo, le sorprendió antes de poder entregarlo al editor. Su albacea literaria, Marie de Gournay, tomó el texto y lo editó para la versión que se publicó en 1595. De ésta proceden los Ensayos que se han leído desde entonces hasta finales del siglo XIX, es decir, los que han admirado desde Ralph Waldo Emerson a Friedrich Nietzsche, pasando por Walter Benjamin y André Gide. Pero a principios del siglo XX algunos eruditos consideraron que el ejemplar anotado de 1588 reflejaba mejor la intención del autor y fue esta versión la que predominó durante el siglo XX y de la que proceden la mayoría de ediciones disponibles en España.


Ahora algunos investigadores han vuelto a decantarse por la edición de Gournay, a la que consideran más fidedigna, tal como explica el ensayista Antoine Compagnon en el prólogo a la nueva traducción, titulada Los Ensayos (según la edición de 1595 de Marie de Gournay), que acaba de publicar Acantilado. Esta versión, que también ha servido de base para la reciente edición crítica de la editorial francesa Gallimard en la colección La Pléiade, añade sobre todo correcciones menores. Incluye, sin embargo, algunas variaciones en el pensamiento de Montaigne, como la mencionada acerca de su opinión sobre la amistad entre hombres y mujeres. El nuevo volumen incorpora un detallado aparato crítico que permite identificar los cambios entre los dos textos originales.


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