Cultura: Discurso de Doris Lessing en el Nobel de Literatura

"La cultura se está fragmentando"

Doris Lessing no pudo asistir a la entrega del premio Nobel por razones de salud, pero su editor leyó su duro discurso

Estocolmo, (dpa) - El hecho de recibir el Premio Nobel de Literatura a una avanzada edad no templó el carácter de Doris Lessing. Con una dura denuncia a la falta de oportunidades de las personas en los países pobres y la mentalidad de desechar todo rápidamente que rige en la parte occidental rica del mundo, la escritora británica de 88 años presentó su discurso poco antes de la entrega del galardón en Estocolmo.

Lessing no participará en la ceremonia de entrega de premios el lunes próximo por problemas de salud e hizo leer su texto en la capital sueca por su editor británico Nicholas Pearson.

"Somos un montón sobresaturado, nosotros en nuestro mundo, en nuestro mundo amenazado. Somos muy rápidos con la ironía y el cinismo", señaló en el discurso que lleva el sarcástico título: No ganar el Premio Nobel .

"Estamos en una cultura que se está fragmentando, donde nuestras certezas de hace apenas algunas décadas son cuestionadas y donde es común que hombres y mujeres jóvenes que tuvieron años de educación no sepan nada acerca del mundo, no hayan leído nada, y sepan sólo de alguna especialización u otra, por ejemplo, de computadoras", indicó.

Lessing destacó una y otra vez el hambre de lectura y formación que tienen los alumnos en países pobres como Zimbabwe, donde vivió un cuarto de siglo hasta 1949. Dado que en una escuela normal de ese país no hay dinero ni para tiza, y muchos menos para libros, las consecuencias son previsibles: "No creo que tantos alumnos de esa escuela puedan recibir premios".

Por el contrario, afirmó, se puede estar "bastante segura" de que sí puede ser ése el caso de una conocida escuela de varones con bonitos edificios en el norte de Londres, que ella visitó en su calidad de escritora conocida. Según aseguró, allí no percibió ningún hambre por saber: "Seguramente todo aquel que da discursos recuerda ese momento en que mira y sólo ve rostros inexpresivos".

En Londres, cuando aparece una escritora nueva sólo se pregunta: "¿Es guapa?". Y en el caso de los hombres: "¿Carismático? ¿Atractivo?" "Hacemos bromas, pero eso no es gracioso", sostuvo Lessing.

"Cuando después de un año se les pregunta qué piensa él o ella, dice Nunca me pasó nada peor : lo escuché varias veces. Después de tanta publicidad, muchos escritores no escribieron nunca más, o no escribieron aquello que querían, lo que se proponían".

La autora de El cuaderno dorado (1963) tampoco tuvo piedad para Internet. "Nos estamos enfrentando a una increíble invención, las computadoras e Internet y la televisión, una revolución. No es la primera revolución que enfrentamos nosotros, la raza humana. La revolución de la imprenta, que no sucedió sólo en un par de décadas, sino en mucho más, cambió nuestras mentes y formas de pensar (...) Y nunca nos preguntamos cómo nosotros, nuestras mentes, cambiarán con la nueva Internet, que sedujo a toda una generación con sus nimiedades, de manera que incluso las personas más o menos razonables admiten que es muy difícil desprenderse cuando uno se vuelve adicto".

La premio Nobel lamentó que, en el pasado, "leer libros formaba parte de la educación general". Y agregó: "Las personas mayores, cuando hablan con las más jóvenes, se dan cuenta de cuánto forma leer, porque los jóvenes saben ahora mucho menos. Y cuando los chicos no pueden leer tiene que ver con que no leyeron nada. Todos conocemos esta triste historia, sólo que no conocemos su final".

Lessing también hizo hincapié en que los escritores siempre proceden de casas donde había libros, y recordó a otros premios Nobel, como "el magnífico (Orhan) Pamuk", quien comentaba que su padre contaba con 1500 libros. "Su talento no cayó del cielo, estaba asociado a una gran tradición", opinó la escritora. También recordó que V.S.Naipaul era alentado por su padre a escribir y dijo de John Coetzee: "No sólo estaba cerca de la gran tradición, sino que era la tradición: estudió Literatura en Ciudad del Cabo. Lamento mucho no haber visitado nunca ninguno de sus seminarios y haber aprendido de esa mente increíblemente audaz y valiente. Cuando uno quiere escribir, producir literatura, debe estar en relación más estrecha con las bibliotecas, los libros, la tradición", indicó.

Con su discurso, Lessing se sumó a una singular serie de ganadores del Nobel de Literatura que se quedaron en casa enfermos y enfadados y no acudieron a la ceremonia en Estocolmo.

En 2005, lo hizo el compatriota de Lessing Harold Pinter (77) y, antes, la austríaca Elfriede Jelinek (61), que cancelaron su participación por enfermedad y enviaron sus discursos grabados en video a la capital sueca, ambos marcados por el enfado y la amargura.

Pinter leyó desde un estudio de la BBC en Londres, con su voz debilitada por el cáncer, una dura acusación contra el intento de Estados Unidos de hacerse con el dominio del mundo. Jelinek lamentó ante una cadena televisiva vienesa en su discurso titulado "Fuera de juego" el papel de la sociedad y su decadencia lingüística.

Doris Lessing tuvo que cancelar un día antes la lectura que ella misma iba a hacer. Pero seguramente la ausencia en las pomposas celebraciones del Nobel en Estocolmo la semana que viene es el problema menor para la escritora.

Cuando a fines de octubre le contaron cuál había sido la argumentación para darle el Nobel -"narradora épica de la experiencia femenina, que se propuso analizar una civilización fragmentada con escepticismo, pasión y fuerza visionaria"- comentó: "¿De verdad dijeron eso? Qué ridículo". Y explicó que hace más de treinta años uno de los jurados le dijo con muy malos modos que nunca recibiría el Nobel de Literatura.

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