Cultura: entrevista a John Berger



"Soy un hombre que cuenta historias"
Siempre lúcido, el autor inglés habla de la relación entre literatura y política y ofrece un poético relato sobre el arte de mirar



"¿La política le hace mal a la literatura?" Silencio. Sus ojos azules escrutan al interlocutor con asombro, inocentes, después se aprieta la cara entre las manos, con una expresión casi de sufrimiento, se golpea la cabeza, levanta la vista como para buscar la palabra justa, el modo más preciso para describir una idea, para enfocar el sentido de las cosas. Continúa el silencio. Después, un río en crecida. John Berger, clase 1926, londinense, pero trasplantado a una aldea de los Alpes franceses, ha visto y contado muchas historias: crítico de arte, escritor, pintor, periodista, autor de guiones, ensayos, textos teatrales, poesías. Berger está conmocionado por el hecho de que se lo considere un maestro, por lo menos, de dos generaciones. Pero no se sustrae a las preguntas. Tampoco ahora: "¿Qué significa la política?", dice de repente. "Pongámonos de acuerdo. Si por política entendemos los partidos, entonces la política le hace mucho mal a la literatura. Pero si por político entendemos la historia de las personas que combatieron para sobrevivir, entonces la literatura tiene una necesidad vital de ella. Sin esa política, la literatura se muere".


Así como en sus relatos su mirada acaricia el mundo, puede ser cortante para tomar posiciones de compromiso cívico: en 1972, cuando ganó el Booker Prize en literatura declaró que quería dividir el reconocimiento con las Panteras Negras, organización política afroamericana creada en los años 60: "Quien escribe novelas -precisó- se ocupa de la interacción entre el destino del individuo y el destino histórico".


Por cierto, Berger es una figura única en el panorama cultural europeo. "Soy solo un hombre que cuenta historias", susurra sonriendo, consciente de que la fascinación que ejerce sobre sus numerosos lectores reside precisamente en la natural capacidad para encontrar las voces interiores apropiadas para establecer un contacto inmediato con el sentimiento ético de la gente. Un ejemplo de ello ha sido el extraordinario éxito de una transmisión televisiva de la BBC sobre el sentido de la vista, que después se convirtió en un libro: Modos de ver . El tema del consumo de imágenes es en verdad uno de los puntos centrales de la búsqueda de Berger, encarados en los volúmenes Mirar y El sentido de la vista.


Lo encontramos en Milán, en casa de Maria Nadotti, curadora y traductora de muchos de sus textos y aguda acompañante en los encuentros públicos del escritor con sus lectores. "¿Con qué ojos se debe mirar el mundo?" Berger se encierra en uno de sus silencios. Después, casi en voz baja: "Ahora voy a contarles una historia".


"En París, tengo un amigo serbio que es ciego", comienza Berger. "Se llama Efgen Bavcan, tiene cerca de sesenta años y es ciego desde los catorce. Tiene una gran pasión: la fotografía, el arte, y le pide siempre a sus amigos que lo acompañen a las muestras. Sabe muchísimo de arte y es capaz de hablar durante horas de las técnicas pictóricas de Renoir. Es un hombre increíble. En resumen, un día me pide que lo acompañe a una exposición de Georges de La Tour, que lo acerque a un cuadro que conocía y en el que aparece representado un ciego. Me pregunta a qué distancia estamos (alrededor de cuatro metros). Me pide que nos aproximemos y me pide también que le describa la cara del ciego pintado por De La Tour. Lo hago y me hace otra pregunta: «¿Tiene la cara sucia?». «No», respondo. E insiste: «¿Estás seguro? ¿No tiene la cara sucia? Sabes -agrega fastidiado-, todos piensan que los ciegos son sucios». Después, de pronto, saca una máquina fotográfica y toma una foto. Entonces interviene un guardia del museo y se crea una situación surrealista en la que a un ciego se le impide que haga una foto que jamás podrá ver. Este amigo toma continuamente fotografías y para elegirlas las hace comentar por un grupo de niños. Miran juntos las pruebas, discuten, describen lo que ven sin prejuicios estéticos. ¿No es una hermosa manera de usar los ojos?".


No hay solo poesía en el "ver" de Berger: hay un momento en el que los ojos sirven también para defenderse. Berger es duro con la "espectacularización" de la información televisiva o de los sistemas publicitarios: "Es como el infierno descrito por Bosch en su Tríptico del milenio , la misma incoherencia, la misma jungla de emociones inconexas entre ellas, el mismo paroxismo".


Berger es también un mago de las conexiones: crea extrañas energías entre las personas, "bolsas de resistencia" (la palabra "resistencia" aparece en el título de uno de sus libros más recientes: Hold Everything Dear. Dispatches on Survival and Resistance). "Desde las montañas donde vivo, descienden hacia Ginebra todas las mañanas millares de personas que toman la autopista para ir a trabajar. Son gente humilde que hace tareas humildes que la gente de ciudad no quiere hacer. Cuando estas personas llegan a las casilla de peaje cruzan sus miradas con los cajeros estibados en un metro cuadrado, que respiran el gas de los automóviles, también gente humilde, mal pagada. Hay un momento, unos pocos segundos apenas, que esas existencias distintas cruzan sus miradas. Entre ellos, hay silencio; pero los ojos dicen: «Coraje». En esos pocos segundos cuando los ojos parecen tocarse, en esa comunión reside toda la fuerza para seguir adelante. No es una cuestión política. Es solo lo que sucede entre los seres humanos cuando no sucede nada."



Por Gianluigi Colin

Corriere della Sera

[Traducción: Hugo Beccacece]



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