Arte: "Los artistas contemporáneos se cotizan como marcas"

Un economista de Harvard acaba de publicar un libro en el que señala que los valores irrisorios del arte contemporáneo se sostienen, como cualquier otro producto comercial, gracias al marketing que gira en torno a los nuevos artistas.
¿Cómo es posible que alguien pague 12 millones de dólares por un tiburón disecado pese a que lleve un título tan original -o pretencioso, según se mire- como "La Imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo"?

¿Cómo alguien puede firmar un cheque por 690 mil dólares en una subasta por una campera que parece haber sido abandonada en un rincón y que se subastó en Sotheby's bajo el título de "Nadie se marcha nunca"?

Esas y otras son algunas de las preguntas que se formuló el economista estadounidense graduado en Harvard Dom Thompson en su flamante libro El tiburón disecado de los 12 millones de dólares.

El especialista advierte que los valores irrisorios por los que las obras de Hirst, Koon o el graffitero Banksy adquieren un valor irrisorio comparado con el de gigantes del arte universal como Monet o Rodin sólo por una cuestión de "branding", (posicionamiento de la marca).

Thompson también describe con minuciosidad el lugar de los nuevos coleccionistas, la mayoría de ellos enriquecidos con bonos de Wall Street o la City londinense, quienes pujan y sobrepujan para ostentar un nuevo status social.

En el mundo hay, según los últimos cálculos, 946 mil millonarios, que parecen alimentar de esa forma sus enormes egos. Thompson estudia en su libro además el papel de los supermarchantes y coleccionistas como el británico Charles Saatchi, procedente del mundo de la publicidad, que son capaces de multiplicar de la noche a la mañana el valor de los artistas "emergentes".

Las casas de subastas como Sotheby's y Christie's, y museos o galerías de vanguardia como
White Cube o Gagosian, contribuyen entre todos a dar a posicionar a los nuevos artistas como marcas infalibles.

¿Contrataría un periódico como crítico de cine a alguien que organiza al mismo tiempo festivales, consulta con las distribuidoras y actúa de agente para los productores cinematográficos?, se pregunta, por último, Thompson para explicar la controvertida decisión de buscar a críticos de arte para que curen las imponentes ferias, como la
Art-Basel.

El texto, intercalado con anécdotas sobre el mundillo de los artistas y magnates, analiza el fenómeno de las megaexposiciones de obras propias que los museos europeos organizan para incrementar de modo exponencial el valor de las obras de las que son propietarias. También, explica las tensiones entre las galerías y las casas de subastas, que compiten cada vez más para lanzar nuevos artistas y ganar terreno en un mercado que no para de crecer.

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