Cultura: La herencia de Susan Sontag

Luisa Valenzuela, Graciela Speranza y Silvia Hopenhayn reflexionan sobre la influencia de la pensadora a 75 años de su nacimiento

Por Valeria Caselles

La pensadora y novelista norteamericana Susan Sontag tenía sus pasiones, gustos y obsesiones. Adoraba recorrer varios cafés neoyorquinos en una sola noche para debatir con sus pares sobre arte, política, filosofía o poesía. Daba igual. Defendía la igualdad de géneros y la libertad sexual de la mujer desde sus escritos y desde la militancia. Festejaba la fotografía; le parecía que tenía una trascendencia social inigualable. Le atormentaban el camino de la enfermedad, las atrocidades de la guerra, y elogiaba generosamente a escritores que, como Borges, la conmovían.

El 16 de este mes, Sontag cumpliría 75 años. Desde 1963, cuando publicó su primer libro El Benefactor , hasta hoy, siguen vigentes sus ensayos, novelas, críticas literarias y hasta sus provocadoras declaraciones contra el poder.

Sontag nació en el invierno de 1933, en Nueva York, y creció en Tucson. Estudió en las universidades de California y Chicago, donde se licenció en Filosofía y Letras, París y Harvard. En 1963 inició su carrera literaria. Entre sus obras, traducidas a 32 idiomas, cuenta con casi 20 libros, entre novelas, piezas de teatro y ensayos literarios y políticos.

Entre las obras memorables de "la dama del mechón blanco" –como a muchos les gusta recordarla-, se encuentran Bajo el signo de Saturno , Ante el dolor de los demás , Contra la interpretación y Sobre la fotografía , entre otras.

La aparición de Contra la interpretación (1968) la convirtió inmediatamente en un referente intelectuale de su generación. Pues el eje del libro es una oposición a la búsqueda de significados en la obra de arte, y la defensa a la intuición para acercarse al arte. Así, Sontag adquirió una reputación de intelectual independiente, capaz de interpretar la vida americana a la luz de las culturas clásicas europeas.

En el lugar justo y en el momento oportuno, esta mujer que se casó, tuvo un hijo (David Rieff), se divorció y tuvo luego experiencias amorosas con otros hombres y mujeres, se volvió una comentarista aguda y capaz de interpretar los conflictos de la cultura occidental de su época.

Cuando la célebre escritora murió de cáncer en 2004, nadie dudó en que su figura, su vida y su obra se harían cada vez más grandes con el paso del tiempo. Se habló de una herencia, de una marca indeleble de esta neoyorquina, dentro de la literatura y el pensamiento de la cultura occidental.

Con el intento de descifrar la herencia que Sontag dejó en el mundo de las letras y a las mujeres, al menos, en este argentino rincón del mundo, adnCULTURA.com le pidió a tres reconocidas escritoras y periodistas locales que escribiesen sobre aquel libro de Sontag qué las marcó en lo personal y en lo literario. También sobre qué tipo de influencia social dejó su estilo combativo y su compromiso político.

Así lo hicieron Luisa Valenzuela, eximia escritora, amiga y discípula directa de Sontag; Graciela Speranza, reconocida crítica, narradora y guionista de cine, que entrevistó a la escritora estadounidense pocos años antes de su muerte, y Silvia Hopenhayn, periodista cultural, colaboradora del diario LA NACION, y autora de innumerables artículos de crítica literaria.

Notas relacionadas

14.01.2008 13:49

Preguntas...


14.01.2008 13:28

Susan Sontag, amiga


14.01.2008 13:18

La aventura gozosa del pensamiento


Comentarios

Entradas populares