Arte: Universos paralelos
Dos propuestas muy diferentes ponen en escena la diversidad de las prácticas artísticas y curatoriales: Blanco, en el Centro Borges, y de Obras sobre papel, en Mundo Nuevo
Por Daniel Molina
Para LA NACION - BUENOS AIRES, 2008
En el mundo del arte contemporáneo, lo primero que la crítica suele destacar de una muestra (especialmente, de las colectivas) es el concepto que la motiva. Esa mirada deja a un lado tanto la obra como al artista para centrar su lectura sobre el discurso curatorial.
Ese proceso se inició tímidamente en los años ochenta, cuando en el Centre Pompidou se organizó una enorme exhibición titulada Los inmateriales, que pretendió inventariar los nuevos objetos (lo digital y la virtualidad) y los relatos (sin autor reconocible, citas de citas) que estaban comenzando a tener un papel central en ese entonces.
Pero el extremo llegó diez años atrás con la curaduría de Catherine David para la décima edición de la Documenta de Kassel. Terminada la muestra, considerada de manera unánime el mayor escenario de legitimación del arte actual, la polémica David confesó estar "arrepentida de haber seguido mostrando obras de arte. Con los debates teóricos", insistió, "hubiera alcanzado y, quizá, se hubiera logrado un efecto más potente: ya no es la obra -algo que se puede ver- la que sustenta el arte sino la idea -algo que se puede debatir".
En el mismo sentido se inscribe la curaduría del brasileño Ivo Mesquita para la próxima edición de la Bienal de Sao Paulo. Mesquita, que fue director del Museo de Arte Moderno paulista, presentará el pabellón vacío diseñado por Oscar Niemeyer y convocará a sociólogos y curadores a debatir sobre arte contemporáneo sin que haya obras de arte que distraigan las discusiones.
Para los que creemos que el arte produce una energía poética imposible de resumir, es una alegría constatar que se realizan en Buenos Aires muestras colectivas en las que el discurso curatorial no se impone sobre el trabajo de los artistas. Dos exposiciones muy diferentes (por los artistas que convocan y por el tipo de obra seleccionada) ponen en escena el papel central que tienen las prácticas artísticas, cuando se trata de aportarle nuevos sentidos al sinsentido básico de nuestro mundo: se trata de Blanco (en el Centro Cultural Borges) y de Obras sobre papel (en la Fundación Mundo Nuevo).
Blanco es una excusa (muy light) para que Florencia Braga Menéndez y Gachi Prieto -las curadoras- presenten una amplia selección de obras recientes de pareja calidad. En dos garndes salas del Borges se despliegan los trabajos de Carlos Herrera, Cristina Schiavi, Eduardo Stupía, Elba Bairon, Hernán Salamanca, Irene Banchero, Carmelo Arden Quin, Fernanda Laguna, Chino Soria, Juan Andrés Videla, Karina Peisajovich, Katinka Pilscheur, Leonel Luna, Lux Linder, María Luisa Mac Kay, Marina Sábato, Martín Di Paola, Pompi Gutnisky, Rafael González Moreno, Rob Verg, Silvia Gurfein, Tulio de Sagastizábal, Verónica Di Toro, Viviana Zargón, Alejandro Dron, Alejandro Tosso, Ana Lizaso, Andrés Sobrino, Andrés Waissman, Benito Laren, Blas Castagna y Bruno Dubner.
Lo que prima en Blanco es la diversidad: de estéticas, de propuestas, de soportes y de trayectorias. Esta muestra pone en escena el núcleo incandescente del arte actual: convivir en la diferencia. Es una utopía festiva o la democracia de los que piensan distinto.
A diferencia de Blanco, la colectiva de Mundo Nuevo presenta obra anterior al estallido del arte contemporáneo. Sin embargo, los trabajos exhibidos, salvo por la fidelidad a un mismo soporte (el papel) son también muy diferentes. La diversidad es un sueño que recorre toda la modernidad.
La muestra presenta dibujos, xilografías, carbonillas y fotograbados de Antonio Berni, Carlos Gorriarena, Carlos Alonso, Guillermo Roux, Víctor Rebuffo y Carlos Scanapiecco. Las obras manifiestan, en cada detalle, un amor a las técnicas gráficas propio de la primera mitad del siglo XX. El conjunto presenta un recorrido intenso por los rasgos, todavía reconocibles, de un país que es recuerdo (aunque muestre obra fechada hace pocos años). Un país del que la bruma solo deja distinguir algunos trazos aislados, apenas esbozados. Un país que se fue para siempre. ¿Existió?
Para LA NACION - BUENOS AIRES, 2008
En el mundo del arte contemporáneo, lo primero que la crítica suele destacar de una muestra (especialmente, de las colectivas) es el concepto que la motiva. Esa mirada deja a un lado tanto la obra como al artista para centrar su lectura sobre el discurso curatorial.
Ese proceso se inició tímidamente en los años ochenta, cuando en el Centre Pompidou se organizó una enorme exhibición titulada Los inmateriales, que pretendió inventariar los nuevos objetos (lo digital y la virtualidad) y los relatos (sin autor reconocible, citas de citas) que estaban comenzando a tener un papel central en ese entonces.
Pero el extremo llegó diez años atrás con la curaduría de Catherine David para la décima edición de la Documenta de Kassel. Terminada la muestra, considerada de manera unánime el mayor escenario de legitimación del arte actual, la polémica David confesó estar "arrepentida de haber seguido mostrando obras de arte. Con los debates teóricos", insistió, "hubiera alcanzado y, quizá, se hubiera logrado un efecto más potente: ya no es la obra -algo que se puede ver- la que sustenta el arte sino la idea -algo que se puede debatir".
En el mismo sentido se inscribe la curaduría del brasileño Ivo Mesquita para la próxima edición de la Bienal de Sao Paulo. Mesquita, que fue director del Museo de Arte Moderno paulista, presentará el pabellón vacío diseñado por Oscar Niemeyer y convocará a sociólogos y curadores a debatir sobre arte contemporáneo sin que haya obras de arte que distraigan las discusiones.
Para los que creemos que el arte produce una energía poética imposible de resumir, es una alegría constatar que se realizan en Buenos Aires muestras colectivas en las que el discurso curatorial no se impone sobre el trabajo de los artistas. Dos exposiciones muy diferentes (por los artistas que convocan y por el tipo de obra seleccionada) ponen en escena el papel central que tienen las prácticas artísticas, cuando se trata de aportarle nuevos sentidos al sinsentido básico de nuestro mundo: se trata de Blanco (en el Centro Cultural Borges) y de Obras sobre papel (en la Fundación Mundo Nuevo).
Blanco es una excusa (muy light) para que Florencia Braga Menéndez y Gachi Prieto -las curadoras- presenten una amplia selección de obras recientes de pareja calidad. En dos garndes salas del Borges se despliegan los trabajos de Carlos Herrera, Cristina Schiavi, Eduardo Stupía, Elba Bairon, Hernán Salamanca, Irene Banchero, Carmelo Arden Quin, Fernanda Laguna, Chino Soria, Juan Andrés Videla, Karina Peisajovich, Katinka Pilscheur, Leonel Luna, Lux Linder, María Luisa Mac Kay, Marina Sábato, Martín Di Paola, Pompi Gutnisky, Rafael González Moreno, Rob Verg, Silvia Gurfein, Tulio de Sagastizábal, Verónica Di Toro, Viviana Zargón, Alejandro Dron, Alejandro Tosso, Ana Lizaso, Andrés Sobrino, Andrés Waissman, Benito Laren, Blas Castagna y Bruno Dubner.
Lo que prima en Blanco es la diversidad: de estéticas, de propuestas, de soportes y de trayectorias. Esta muestra pone en escena el núcleo incandescente del arte actual: convivir en la diferencia. Es una utopía festiva o la democracia de los que piensan distinto.
A diferencia de Blanco, la colectiva de Mundo Nuevo presenta obra anterior al estallido del arte contemporáneo. Sin embargo, los trabajos exhibidos, salvo por la fidelidad a un mismo soporte (el papel) son también muy diferentes. La diversidad es un sueño que recorre toda la modernidad.
La muestra presenta dibujos, xilografías, carbonillas y fotograbados de Antonio Berni, Carlos Gorriarena, Carlos Alonso, Guillermo Roux, Víctor Rebuffo y Carlos Scanapiecco. Las obras manifiestan, en cada detalle, un amor a las técnicas gráficas propio de la primera mitad del siglo XX. El conjunto presenta un recorrido intenso por los rasgos, todavía reconocibles, de un país que es recuerdo (aunque muestre obra fechada hace pocos años). Un país del que la bruma solo deja distinguir algunos trazos aislados, apenas esbozados. Un país que se fue para siempre. ¿Existió?


Comentarios