Debate: ¿Y qué pasa con el miliciano?

por Xavi Ayén
Robert Capa no existe. Se lo inventaron, pocos meses antes de la guerra civil española, el fotógrafo Friedmann y su fotógrafa Gerta Pohorylles. En París, ambos fingieron que trabajaban para un imaginario Robert Capa - un intrépido y millonario reportero norteamericano- y con semejante astucia consiguieron que las fotos que ambos realizaban - y que firmaba aquel tal Capa- triplicaran su precio. La paradoja es que hoy, 72 años después de la invención de aquel personaje, quienes no existen en la memoria colectiva son Friedmann y Pohorylles, sepultados ambos por la extraordinaria fuerza artística, documental y mítica del legado de Capa.
Un legado que, de conocerse en su totalidad, podría aportar luz sobre su foto más conocida, Muerte de un miliciano, la imagen icono de la guerra civil española. Mientras la mexicana Trisha Ziff asegura que los negativos de esa secuencia "no están ahí", en el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York no descartan que puedan encontrarlos.
Un documental español, La sombra del iceberg (2007), dirigido por Hugo Doménech y Raúl M. Riebenbauer, que está realizando una exitosa ruta por diversos festivales, cuestiona la versión oficial de cómo fue tomada esa fotografía, un relato de los hechos que se basa en las palabras del propio Capa y en la tesis del biógrafo oficial del fotógrafo, Richard Whelan, fallecido el pasado año, mientras que otros autores, como Alan Kershaw o Philip Knightley, han apuntado incongruencias de dicha versión.
El documental de Doménech y Riebenbauer, producido por Xavier Crespo, muestra otras fotos de esa misma serie. En una de ellas - que se publicó en la época, "pero no volvió a verse desde entonces", dicen los investigadores españoles- aparece otro miliciano muriéndose, en un encuadre idéntico al de la famosa foto. "Ello contradice la versión de Capa de que aquello fue un enfrentamiento en una trinchera y que él disparó un barrido una sola vez, muy rápidamente". Si existieran negativos con otros milicianos cayendo, podría concluirse que los soldados ayudaron a su amigo Capa a tomar aquella foto, "cosa que no era tan extraña, incluso Centelles hizo alguna puesta en escena", dice Crespo.
Sin embargo, la cosa tendría su enjundia. La coleccionista barcelonesa Lola Garrido es una de las pocas personas que tienen una foto del miliciano (copia de los negativos originales), que obtuvo en los años 80 por unos 3.000 euros y cuyo valor de salida en una subasta una portavoz de Christie´s cifra en 70.000 euros, "Los principios fundacionales de Magnum - recuerda Garrido- son que una imagen no puede ser alterada, ni siquiera en la edición gráfica, para Magnum el encuadre de una foto es el que realiza el fotógrafo en el momento de disparar". Para Garrido "en esta vida nada es verdad y, si fue una escenificación, como el beso de Doisneau, me parece estupendo, Capa vino a ayudar al gobierno legítimo y eso le honra".
En el filme, el cineasta francés Patrick Jeudy, autor del documental Robert Capa, el hombre que quería creer en su leyenda, denuncia que Whelan "ha secuestrado la leyenda de Capa" y los propios Doménech y Riebenbauer muestran el férreo control que Whelan ejerció sobre su trabajo: "Todos los testimonios relevantes debían consultarle antes a él si podían hablar con nosotros". Marcel Lefebvre, periodista amigo de Whelan, niega a los periodistas españoles la posibilidad de acceso a ningún material "porque hay firmado un contrato con un periodista", lo que ve como "una manera fina de Whelan de asegurarse de que en los documentales e informaciones se recoge su versión de los hechos". Para los directores, "Magnum y el Centro Internacional de Fotografía, creado por Cornell Capa, hermano de Robert, en los 60, han desarrollado una estrategia para evitar que se cuestione la veracidad de esta imagen".
El documental español restituye el anonimato al miliciano, pues muestra que la identificación que se hizo hace unos años tuvo poco rigor científico. Asimismo, en él, el astrofísico Enric Marco concluye que la foto no pudo ser hecha a las 5 de la tarde de aquel 5 de septiembre de 1936, como sostiene la versión oficial, sino a las 9 de la mañana, "una hora en la que no había ninguna batalla ni se disparó ningún tiro".
Llamativas resultan las dudas razonables que plantea el filme sobre la autoría de la foto. ¿Y si no fuera de Robert Capa? Según Riebenbauer, "a lo mejor la fotógrafa fue ella, Gerda Taro (la firma de su mujer), en aquella época la autoría era lo de menos, y ambos se intercambiaban las cámaras continuamente. Y, en el material que se está catalogando en Nueva York, los negativos del frente de Córdoba precisamente aparecen en la carpeta de Taro".
"No veremos jamás los negativos de esta foto", apunta en el filme el cineasta Jeudy. Sin embargo, la muerte de Whelan hace a algunos atisbar la esperanza de que se pueda conocer la verdad - sea la que sea- al respecto. Riebenbauer apunta que "deberían enseñar toda la secuencia, no solo aquellos fragmentos que ratifiquen sus tesis". Para Doménech, "si no están esos negativos, es sospechoso, porque deberían estar allí, por las fechas". En el documental, acabado en marzo del 2007, Whelan admite que "Cornell Capa posee algunos negativos de la famosa serie del miliciano", lo cual plantea interrogantes. ¿Por qué los posee Cornell Capa? ¿Por qué no se han mostrado? ¿Qué quiere decir algunos?

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