Literatura: entrevista a Ian McEwan

El escritor británico publica la novela "Chesil Beach"

"El desastre sentimental nos espera a todos a la vuelta de la esquina"
por Xavi Ayén
Llueve. La casa de Ian McEwan en el centro de Londres está en una aristocrática plaza georgiana, salpicada de clínicas privadas y embajadas. Al verla, nos damos cuenta de que es exactamente el escenario donde sucedía su anterior novela, "Sábado" (2005) y, cuando su esposa, la crítica literaria Annalena McAfee, nos abre la puerta, reconocemos el interior de la vivienda que, en aquella obra de ficción, estaba habitada por el neurocirujano Henry Perowne. McEwan recibe a "La Vanguardia" en el salón de su casa de dos plantas, junto a la chimenea encendida, para hablar de "Chesil Beach" (2007), su última novela, que Anagrama y Empúries ponen a la venta el próximo jueves.

Antes que nada, felicidades por el Globo de Oro que ha obtenido la película "Expiación", basada en su novela del 2001.

¡Oh, gracias! No estoy seguro de que deba ser yo el felicitado, ni siquiera sé si debo dar mucho crédito a estos premios, pero es verdad que han hecho un buen trabajo con la película.

¿Cómo que no hay que felicitarle? Pero si figura usted en los créditos como productor ejecutivo…

Bueeeeno, en mi caso, eso significaba simplemente merodear por allí, me paseaba durante el rodaje, observaba junto al director las tomas, escribía algunas notas por encima del guión, y les daba mi opinión pero luego ellos podían hacer lo que quisieran, no estaban obligados a hacerme caso. Era una manera de estar allá, simplemente. Sé por experiencia lo duro que es hacer el guión de una película y que luego hagan lo que quieran, así que preferí un papel de "paseante". Figuro como "productor", pero no he financiado nada, que conste.

"Chesil Beach", su nueva novela, narra la noche de bodas de Florence y Edward, una pareja de recién casados vírgenes en la Inglaterra de 1962, justo antes de la revolución de las costumbres sexuales. Al acabar el libro, vienen ganas de llorar… Me alegra que le sucediera eso. Es justo lo que quería conseguir, no se preocupe.

¿Usted quería hacer una novela triste?

Sí. Lo primero que vino a mi cabeza fue la playa de Chesil Beach, un paraje natural protegido, y ella que huye, corriendo, mientras él se queda quieto y piensa que tal vez no la volverá a ver jamás. No la persigue y eso es una decisión que lamentará durante el resto de su vida. Tenía que llegar a esta escena de algún modo, explicar por qué esa mujer se alejaba...

Su novela tiene moraleja, ¿no?

No una moraleja en el sentido clásico de decirle a alguien cómo debe conducir su existencia. Es más una reflexión sobre el amor, la vida y la ignorancia, y de cómo ciertas decisiones que tomamos en un momento tienen consecuencias muy extendidas a lo largo del tiempo.

Es una novela intimista, sucede solo entre dos personas y en una noche. Tras grandes frescos históricos como "Expiación", con muchos más personajes, ¿tenía ganas de reducir el foco?

Mmm… Yo he hecho las dos cosas. Con "Expiación" pinté un gran lienzo, que se extendía a lo largo de las vidas de los personajes. "Chesil Beach" es una "nouvelle" sobre una idea muy concreta: una noche de bodas, la primera velada íntima de una pareja. Hay una unidad de lugar: el hotel en la playa; solamente dos personajes; y ahí voy colocándolo todo, en esa puesta en escena limitada. Si escribes una novela grande, necesitas más cosas, saber qué le va a suceder después a ella, los antecedentes de los personajes, muchos datos sobre su vida, sobre la época… Yo disfruto escribiendo novelones, pero esta vez tenía ganas de cambiar.

¿Hizo algún tipo de investigación para esta novela?

Nada. En la anterior, "Sábado", busqué un montón de cosas pero aquí se ha tratado de otro tipo de placer: ir escribiendo lo que me iba llegando a la cabeza. No he buscado nada en el exterior.

Con este libro ya van a dejar de llamarle Ian MacAbro…

Me llamaban así con mis primeras obras, lo sé. Creo que entonces estaba justificado aunque cambié hace ya unos quince años, a partir de "Los perros negros" (1992) pero el apodo continuó ahí, como una especie de broma recurrente. Incluso admito que el principio de "Amor perdurable" (1997) o la escena final de "Sábado" o elementos de "Expiación" muestran mi tendencia al lado oscuro de las cosas. Pero cada vez mi escritura es más suave, sin aquella pasión por lo gore y lo lúbrico de antes. He cambiado.

¿Su vida, también?

Bueno, también, también se puede hacer extensivo… He tenido niños, me he vuelto más tolerante y delicado con la edad, tenga usted en cuenta que no puede haber un pesimismo más rutilante que el que tienes a los 21 años, la edad en que, sobre todo, quieres llamar la atención. Mis historias eran oscuras, tenebrosas, y espero que ahora no lo sean, porque no me regodeo en esos aspectos. "Expiación", "Sábado" y ahora "Chesil Beach" son más bien un drama, o un retrato de época, aunque también haya algo de exploración de lo siniestro de las cosas, pero desde un punto de vista menos físico, haciendo menos visibles los elementos de asco, la repugnancia ya no me interesa.

"Chesil Beach" es sobre la falta de comunicación entre dos personas, y de cómo un malentendido es capaz de fastidiar una vida. ¿Está de acuerdo?

Florence y Edward son dos personas que se aman el uno al otro. Son vírgenes, y les falta un lenguaje para describir su confusión. Sienten un enorme miedo ante el sexo, pero no son capaces de hablarse desde el alma porque no tienen una definición precisa de cuál es su problema. A pequeños niveles, él está constantemente malinterpretando a Florence, creyendo incluso que cada vez que le toca ella está ansiosa de dar un paso más, entusiasmada y excitada, cuando en realidad es presa del terror y ve sus caricias como agresiones. Los malentendidos son un tema recurrente en varias de mis obras, me interesa mucho ver cómo somos capaces de emitir mensajes erróneos, las dificultades que tenemos para crear un mundo de significados compartidos, porque el deseo o la pasión por algo interfiere en nuestra interpretación. En "Expiación", por ejemplo, vemos a una chica joven, herida por un potente imaginario literario, que malinterpreta completamente un evento.

La naturaleza es muy importante en este libro, y el narrador se demora en descripciones sobre Chesil Beach. ¿Por qué sucede en ese paraje natural y no en el centro de Londres, por ejemplo?

Me encantaba la idea de una joven pareja sin ligaduras físicas con el mundo, que se van a un lugar desconocido para ellos, esta playa, que es un larguísimo y estrecho pedazo de tierra, rodeado de agua por ambos lados, como se ve en la foto de la portada del libro, a diferencia del resto de playas del mundo, porque la arena está entre el mar y la laguna. Cuando pensé en su larga conversación del final del libro, creí que debería sucederles en una playa muy larga, de la que ni ella, al irse corriendo, pudiera escaparse.

El lector empatiza con el estado agitado de la mente de Florence, tal vez porque, en el fondo, todos hemos sentido semejante desorientación al pasar de la edad infantil a la adulta…

Quería que la gente sintiera empatía hacia ambos, transmitir que lo que sucede no era culpa de ella o de él, que era algo que surgía al confrontar sus personalidades en aquel contexto físico e histórico. He intentado acceder a lo profundo de cada personaje, situando a los lectores en una privilegiada posición, que les permite acceder a la mente de Florence y a la de Edward al tiempo, con lo que saben mucho más de la situación que los personajes.

Dicen que su novela es una pieza de época pero, tras leer el libro, no estoy tan seguro…

A menudo discuto sobre si esta historia podría haber sucedido hoy, en el presente. Ahora estamos hablando en Londres, una ciudad moderna y avanzada, como lo son Madrid o Barcelona, y usted y yo nos movemos en un determinado ámbito cultural donde la sola idea de llegar virgen al matrimonio parece ciencia-ficción. Pero incluso aquí, en el Londres de hoy, podría imaginarme una historia como la de Florence y Edward, por ejemplo entre dos jóvenes musulmanes, quizás en un matrimonio arreglado por sus familias. Por otro lado, un chico y una chica que, aunque tengan una personalidad equilibrada y una educación exquisita, se enfrenten a su primera relación sexual, son capaces de ponerse extremadamente nerviosos en ese momento y cometer una tontería. Hay muchos motivos para absolverlos a ambos de cualquier error, hay tanta distancia entre lo que nos dicen las películas, las revistas, la tele… que es esa primera relación sexual, y lo que realmente sucede en la habitación. Todo el mundo te dice que la primera vez es un momento fantástico, pero la realidad, al menos la mía, es que éramos dos personas jóvenes con un miedo terrible en el cuerpo. Y sí, todos hemos sido vírgenes. Hablando de este tema con gente de menos de veinte años, les pregunté cómo era hoy en día esta cuestión, y no ha cambiado tanto. Cuando escribía el libro, me preocupaba muchísimo que la gente sintiera empatía con esta pareja, que no viera a los personajes como una caricatura. Sobre todo, me daba miedo que un lector de menos de 35 años no entendiera nada, que se encontrara con la escena y dijera: "No veo dónde está el problema, ¡adelante, tío, desnúdala y palante!", la situación debía resultar creíble. Creo que usted tiene razón, no se trata de reflejar un período de represión, una era histórica, sino que hablo de una cualidad humana universal, unos sentimientos que todos podemos compartir.

¿Por qué sucede en 1962 y no, por ejemplo, en 1963?

Bueno, tenía que ser a principios de los 60, antes de que los 60 se convirtieran realmente en los 60, quería situar la acción en ese último momento en que los hombres se comportaron aplicando la formalidad más severa no solo en la esfera pública, sino en lo más íntimo de la vida privada. Así que 1962, un año antes de que, según Philip Larkin, en Inglaterra se empezara a follar, me pareció apropiado.

Usted fue joven a finales de los 60, no a principios. ¿Ya le tocó la buena vida?

Sí, fui un joven liberado, pasé buenos ratos, y recuerdo mi juventud como una época agradable.

Es este un libro sobre las catástrofes cotidianas. Aquí no se trata de un atentado terrorista, como en "Sábado", sino de una destrucción súbita de la relación de amor entre dos personas...

Sí, el desastre sentimental nos puede asaltar a todos, nos espera a la vuelta de cualquier esquina. Pero este es un desastre realmente menor, comparado con un atentado terrorista. No sabemos, en realidad, lo que habría sucedido si Florence y Edward hubieran continuado casados, tal vez hubieran tenido un matrimonio horrible. Es un libro sobre el modo en que las personas pueden desmontar su vida, conseguir lo contrario de lo que deseaban y una reflexión sobre el sentimiento de arrepentimiento.

La prensa británica hizo sufrir mucho a Martin Amis con su carísimo cambio de dentadura, pero a usted también le acribillan.

Todo el mundo tiene problemas con la prensa de este país.

Le han acusado de plagio, de llevarse ilegalmente guijarros de Chesil Beach...

Sí, sí, todo eso... y más. Se echaron contra mí incluso porque en "Sábado" hablaba de la cuarta marcha de un modelo de coche que al parecer es, en realidad, automático. Me acusaban de plagiar "Expiación" de un libro de memorias que yo cito expresamente en los agradecimientos de la obra. Y sí, descubrí hace dos años que, antes de que yo naciera, mi madre había tenido un hijo con otro hombre y que lo dio en adopción cuando cumplió un mes. Al pobre hombre lo han perseguido los 'papparazis' como si fuera un miembro de la familia real… Me llevé un puñado de guijarros de Chesil Beach, lo confieso, para inspirarme mientras escribía la novela, y me han acusado de delito ecológico. Han seguido los trámites de mi separación y de la custodia de mi hijo como si se tratara de un culebrón… En España, cuando hablo con los periodistas nadie, como es natural, me pregunta por unas piedrecitas que ve encima de la tele. Le aseguro que, si usted fuera un periodista británico, no le hubiera permitido entrar en mi casa, hubiéramos quedado en un hotel. Entrar aquí es un privilegio que a partir de ahora voy a reservar a los periodistas españoles y portugueses, porque ustedes vienen de otra tradición, les interesa sobre todo hablar de la novela que he escrito. Realmente me preocuparía que un colega suyo inglés entrara aquí, estaría temeroso de que encontrara cualquier detalle raro en mis muebles, o una mancha en mi camisa, y centrara su artículo en eso.

¿Qué le parece la película sobre "Expiación"? Le han cambiado el final…

Creo que la primera mitad del filme, la que tiene lugar en 1935, es realmente excelente, muy inteligente y cercana a la novela. La película está rodada de una forma muy bella, es visualmente espléndida y en especial Saoirse Ronan, la chica que interpreta a Briony de adolescente, es maravillosa. Todo el reparto es bueno, Kira Knightley es brillante, también James McAvoy… Por lo que, en general, sólo puedo decir que he sido afortunado. Ya se sabe que el cine no puede recoger toda la complejidad de pensamiento que tiene una novela.

Usted ha participado en un nuevo libro colectivo, que se titula "The portable atheist" ("El ateo portátil"). ¿Cuales son sus ideas sobre el ateísmo?

He sido un ateo durante largo tiempo, y no veo nuevos datos que me puedan hacer cambiar de opinión, ni razones que motiven un abandono de mi postura, leo la prensa todos los días y no han hallado todavía ninguna prueba de la existencia de Dios, y tampoco creo que eso vaya a llegar en el futuro. Muchos niños siguen muriendo en el mundo de manera horrible. Adoptar una idea como la de Dios, tan potente, y con tanta influencia en nuestras vidas, debería hacerse solamente a partir de unas pruebas irrefutables. La realidad es que hay muchísimas religiones y que todas afirman cosas absolutamente contradictorias entre sí, e incluso dentro de una misma religión. No es la evidencia de la existencia de Dios lo que hace a la gente religiosa, es el entorno, por eso los hijos adoptan la religión de sus padres, o la de su escuela. Al mismo tiempo, acepto que la religión a menudo ha creado obras de arte excepcionales, comunidades fuertes, música maravillosa, iglesias bellísimas, pero esa no es la cuestión. La cuestión es si es verdad lo que dicen. Y no puede serlo.

Cómo es usted, hombre, ahora que Tony Blair se ha convertido al catolicismo...

¡Felicidades, ahora es uno de los suyos! ¿No les apetece quedarse con él en España? Para mí, Blair, ahora ya un hombre plenamente católico, es justamente un buen ejemplo de que no hay ningún indicio de que la conducta de un ateo tenga que ser menos moral que la de un hombre religioso. De hecho, seguramente es al contrario, yo creo que el comportamiento de un ateo sería mejor que el que están protagonizando tantos hombres de fe. Si Tony Blair fuera ateo, ¿habría ido a la guerra de Iraq? No lo sabemos, pero creo que un ateo coherente se lo pensaría dos veces.

Está preparando una ópera, ¿no es cierto?

Sí, escribo el libreto para una música de Michael Berkeley y el estreno será en mayo. Se titula "For you" ("Para ti") y el argumento gira en torno a un compositor que es un poco como Don Juan, seduce a muchas mujeres, e incluso su casera cae locamente enamorada de él. Hay una serie de malentendidos -de nuevo-, la casera hace algo realmente terrible y el compositor acaba en la cárcel, pagando por lo que ella ha hecho. Es una historia de celos, protagonizada por un hombre de 60 y tantos años, un famoso compositor y director de orquesta cuya vida cae en picado súbitamente.

¿No tiene la tentación de hacer una novela con ese material?

Nooo. De algún modo esta ópera se parece a algunas de mis primeras novelas, a "Amor perdurable" o "Ámsterdam".

¿Cómo es un día normal en su vida?

Trabajo aquí, en el piso de arriba. Escribo por la mañana, leo por la tarde y luego vuelvo a trabajar por la noche, también los fines de semana, aunque entonces introduzco elementos como ver a los amigos o jugar al tenis.

Su editor español, Jorge Herralde, se refiere a usted, Amis, Barnes, Ishiguro… como el British Dream Team...

En español tal vez no quede mal, pero en inglés suena terrible, nadie usa semejante expresión. Ya se lo dije a Jorge pero, si usted habla con él, hágame el favor de recordárselo.

Cada vez a su obra se le ven más vínculos con la tradición literaria inglesa…

Nadie escribe en el vacío, venimos de algún sitio, y todos los escritores somos también lectores, por lo que cogemos cosas de los maestros de la tradición inglesa, a la que yo me opuse furiosamente cuando era un joven escritor y a la que ahora veo con unos ojos maduros y compasivos.

En EE.UU. también está triunfando últimamente. ¿Necesita la narrativa norteamericana algo de aires británicos?

Para nada. Al contrario, de Estados Unidos nos ha llegado la mejor literatura que se ha escrito en el mundo en los últimos cincuenta años, tal vez eso esté llegando a un final, habrá que ver si aparece un recambio generacional a Philip Roth, Don DeLillo, Saul Bellow, John Updike, etc. pero hasta ahora no han tenido rival, en términos de calidad.

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