Literatura: entrevista a Gary Shteyngart

"Rusia es un país muerto"

El escritor norteamericano de origen ruso es el autor de 'Absurdistán', una de las diez mejores novelas de 2007 según 'The New York Times'
Desde un punto de vista literario, el siglo XIX fue ruso con sus novelas río, mientras que el XX fue norteamericano gracias a las novelas confesionales de la comunidad judía. Nacido en Leningrado en 1972 y trasplantado a Queens con 7 años, Gary Shteyngart se alimentó de ambas corrientes para revigorizar el género satírico y poner en el mapa la experiencia del joven inmigrante ruso en suelo neoyorquino. Su segunda novela, Absurdistán (Alfaguara), la desopilante, sarcástica y pesadillesca odisea del orondo hijo malcriado de un oligarca ruso por conseguir un pasaporte falso en una república corrupta, fue incluida en el 2007 entre las diez novelas del año por The New York Times. Shteyngart habló para La Vanguardia en su despacho en la Universidad de Columbia.

Su familia abandonó Rusia cuando usted tenía 7 años...

Todo el mundo que podía se marchaba. Mi madre al principio era reacia, pero recuerdo que nos encontrábamos en un resort en Yalta, un escenario de lo más chejoviano, cuando se le acercó una mujer llorando porque su hijo, un soldado, había perdido un riñón de resultas de una paliza en el ejército. Eso la convenció.

¿Se adaptó enseguida?

Me costó muchísimo. Primero, porque me gustaba mi país de origen: jugar al escondite a los pies de la estatua de Lenin, visitar el Museo de Historia Naval y el Ermitage... Segundo, porque vivíamos aislados del exterior, en casa sólo se hablaba ruso y la biblioteca era de autores rusos. Todo cambió el día que entró en casa el primer aparato de televisión.

¿Le preocupa su país de origen?

¿A quién le importa Rusia hoy? Sólo es un gigantesco proveedor de gas natural y petróleo, pero el país está muerto, empezando por su subterráneo índice de natalidad. Pero tiene la más excelsa prosa del siglo XIX, sin la que no se entendería la literatura contemporánea. En cierto modo, de Turgueniev a Nabokov creamos lo que significa escribir en inglés.

Usted vino a cubrir un vacío con su primer libro, Manual para debutantes rusas.

Fui el primero en publicar una novela sobre lo que significaba ser un inmigrante ruso de mi generación viviendo en Estados Unidos. Las había de todas las comunidades, de la dominicana, la india, la china... pero no de la rusa. Estaba avergonzado, pues no ofrecía una visión amable, sino sarcástica, en la que me reía de los míos, como si estuviera aireando nuestros trapos sucios.

¿Cómo se delineó en su cabeza la república de Absurdistán?

Esencialmente de las demenciales experiencias vividas durante dos viajes. Por un lado, regresé a un rincón de Georgia que en su día había sido una especie de paraíso báltico, la Florida de los soviéticos, y me lo encontré en un estado ruinoso y deplorable. Por otro, pasé un tiempo en Bakú, la región petrolífera de Azerbaiyán. En ellos me propusieron ser secuestrado para repartirnos el rescate que aflojaría mi editor, me quisieron vender a una niña y me ofrecieron en matrimonio a varias mujeres. Mucho de lo que sale en Absurdistán es mero periodismo.

Tanto Estados Unidos como Rusia reciben en su novela un tremendo varapalo, y parecen intercambiables.

Es que lo son. Cuando Absurdistán apareció en Rusia me tacharon de traidor a la patria y de perro faldero de los yanquis, pero varios críticos de aquí comentaron: "¡Nosotros vivimos en Absurdistán!". Y es que con la Administración Bush las distancias entre ambas se han achicado. La clase media desaparece, una diminuta elite lo controla todo y los que no tienen nada crecen por minuto. Un ejemplo lo ilustra todo: Dick Cheney visitó Kazajistán y le dijo a su presidente con la máxima seriedad cuánto admiraba su sistema político y económico, léase la falta de derechos humanos, una oligarquía petrolera al volante y una sociedad disfuncional. Me aterroriza lo sencillo que resulta hoy deshacerse de la democracia.

¿Es la sátira la mejor arma política?

Siempre lo ha sido, desde Jonathan Swift, y luego Gogol, mi dios particular. Y sigue viva. En Rusia contamos con Vladimir Sorokin y en EE. UU. con George Saunders y muchos otros, gracias a la confluencia de maldad y estupidez que han generado Bush sénior y júnior.

El protagonista de Absurdistán, el obeso y ridículo Misha, despierta una doble corriente de patetismo y simpatía.

Haciéndolo supergordo estaba lanzando un guiño a una tradición que va de Rabelais a Ignatius Reilly, pasando por Oblomov. Su tamaño es determinante, pues hace creíble a un voraz consumidor de todo, pues Misha devora comida, mujeres, referentes culturales, ideas políticas... Pero me interesaba antes que nada como metáfora de las dos superpotencias tradicionales que, por ser las más grandes consumidoras del mundo, se creen en el derecho de decirle al resto del mundo cómo debe vivir.

¿Disfruta con la polémica?

Si escribes una novela, debes ofender a alguien. Si no, has errado miserablemente el tiro.

¿Será Obama el próximo presidente?

Eso espero, ya que McCain batiría a Clinton sin ninguna duda. Y sólo le pedimos que, de llegar a la Casa Blanca, lo haga un poco mejor que su predecesor.

http://www.lavanguardia.es/lv24h/20080304/53441959177.html

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