Música: Una revolución elegante
Por Pablo Gianera
De la Redacción de LA NACION
De la Redacción de LA NACION
Las resonancias del nombre son tan diversas como poco inocentes. Out of the Cool dialoga, antes que nada, con Birth of the Cool, de 1949, acta de nacimiento de un estilo que poco tenía que ver con el frío y mucho con el refi namiento. Fatigados de la rutina del bebop (fundada en la secuencia unísono- solos-unísono), varios músicos comenzaron a pensar arreglos minuciosos, de mayor variedad tímbrica. El punto de reunión de los conspiradores era el departamento neoyorquino de Gil Evans, un sótano de la calle 55 al que iban Miles Davis, Gerry Mulligan y Gunther Schuller. Ocasionalmente, pasaba también Charlie Parker, aunque se limitaba a comer y a usar el baño. Entre tantas otras renovaciones, esas tentativas estarían después en el origen de varias de las grabaciones de Davis hacia fines de los años cincuenta y, naturalmente, de Out of the Cool (1960), el registro de Evans que el sello Impulse! acaba de reeditar en CD. Las virtudes de arreglador y de pianista se disputaban el talento de Evans. Aquí brillan sobre todo las primeras, si bien las segundas no quedan desmerecidas. Para el disco, Evans armó una reducida big band –un poco semejante a las bandas de Count Basie– con trompetas, trombones, flauta, clarinete bajo, tuba, saxos, guitarra, piano, contrabajo y percusión. Pero los recursos de la big band son dosificados en pequeños grupos independientes y camarísticos, con amplios espacios para los solos. "La Nevada", el formidable primer tema, se construye sobre la base de un motivo de cuatro compases que Evans expone en el piano y que repite incesantemente a la manera de un ostinato. Esa excusa mínima resulta suficiente para un desarrollo de quince minutos que, a instancias de la percusión de Elvin Jones, admite escucharse como un auténtico estudio sobre el ritmo. "Where Flamingos Fly" comparte con "La Nevada" cierto minimalismo. El trombonista Jimmy Knepper expone sobre otro ostinato, ahora del piano y la guitarra, una melodía inasible, muy melancólica, y, al encontrar una tangente con el gospel, la lleva con rigurosa lógica al blues más terrenal. Pero es en "Stratusphunk", de George Russell, donde el grupo resulta acaso más persuasivo: un viaje veloz por la historia completa del género que empieza con una marcha en el estilo de Nueva Orleans, incursiona en la forma de las grandes bandas y se torna de pronto moderno cuando Jones, imprevistamente, dobla el tempo. Con estos modestos prodigios tímbricos y rítmicos, Evans consumó en Out of the Cool una de las revoluciones más secretas y elegantes de la historia del jazz.


Comentarios