Cultura: Otro activismo es posible

La guerrilla de la comunicación renueva la protesta tradicional de megáfono y cartel
Maite Gutiérrez

La disidencia y la protesta social no se acaban en la manifestación, la huelga o la octavilla. La guerrilla de la comunicación - también llamada propone una nueva forma de activismo que juega con los símbolos, la ironía y la imaginación para expresar malestar y criticar el poder mediante sus propios códigos. Retocar imágenes para cambiarles el sentido, actuaciones callejeras, colapsar webs enemigas, inventar personajes subversivos... Una alternativa o complemento a la manifestación de megáfono y pancarta que coge fuerza con la entrada del siglo XXI, tras las protestas de Seattle. Las herramientas de contestación se han adaptado para hincarle el diente a la sociedad que cuestionan y el activismo cada vez es más creativo. "El culture jamming y otras formas de intervención en la constelación de la guerrilla de la comunicación, la guerrilla semiótica, son, a la sociedad de la información y al posfordismo, lo que la huelga o el sabotaje fueron al trabajo de fábrica (…), son prácticas de interferencia en los nuevos modos de producción simbólica", explica Marcelo Expósito, de la Universidad Nómada (teórico de un grupo antisistema).

Este concepto incluye tácticas muy diversas - véase recuadro-, con objetivos también diferentes. La más conocida es el subvertising,modificar anuncios o iconos de la cultura popular para cuestionar ideas, como algunas de las imágenes que se reproducen, recogidas por la revista Malababa,que edita el Observatori de Resistències i Subcultures. Le acompañan otras formas de expresión que pretenden "sacar de la hipnosis colectiva a las personas", dicen Gemma Galdon e Isaac Rodríguez, del Observatori. Desde este colectivo recogen las acciones que surgen bajo el paraguas del culture jamming y tratan de establecer una plataforma común entre ellas. Pese a que el movimiento está muy fragmentado y las iniciativas suelen ser autónomas, existen puntos comunes. "Aunque en ocasiones no haya un discurso político estructurado, sí se expresa un malestar con lo hegemónico y la voluntad de cambiar algo de la situación cotidiana", afirma Rodríguez. El otro objetivo compartido es el de la provocación.

Toda acción de la guerrilla comunicativa incita un "momento de parpadeo", abre una ventana dentro de un mundo cuadriculado que invita a pensar libremente. "Revela realidades que suelen pasar desapercibidas, no da doctrinas, sólo crea oportunidades de pensamiento independiente y crítico", añade Galdon.

Una de las principales armas de estos guerrilleros de la comunicación, aunque no la única, es la ironía. Provocar desde el humor refuerza el hecho de no dar consignas y crea una especie de gamberrada no agresiva, que busca la sonrisa y la complicidad, para llegar, a través de ellas, a la reflexión. Jordi Claramonte, profesor de Filosofía de la UNED, ve este método como una forma de llegar a un sector de la población más amplio y que rechaza los métodos de protesta tradicionales. Él ha estado y está implicado en varias iniciativas que se basan en el culture jamming para lograr sus objetivos y durante tres años dio clases en el Massachusetts Institute of Technology sobre esta materia. "El activista, y no me gusta esta palabra, adquiere una cierta posición de superioridad moral por el hecho de serlo, y esto provoca rechazo en algunas personas. En cambio el culture jamming no pretende moralizar, sino que invita a que cada uno piense por sí mismo", afirma. Una de las acciones más memorables en las que participó junto al colectivo Fiambrera Obrera (FO) fue la "saeta trampa". Hace unos seis años, cuando José María Álvarez del Manzano era alcalde de Madrid, el Ayuntamiento de esta ciudad cedió los terrenos del parque de la Cornisa para que construyeran oficinas. Los vecinos estaban en contra y FO propuso una actuación para hacer oír la voz de los vecinos. Durante la procesión de la Virgen de la Paloma, en la que participaba el ex alcalde y la cúpula eclesiástica, le dedicaron una saeta al paso. Contrataron a un cantaor que se colocó estratégicamente en un balcón y el paso paró para escuchar la saeta. La letra de la copla decía así: "La virgeeen de la Paloooma tiene el corazón partiiio". Hasta ahí todo el mundo estaba encantado. La saeta seguía: "porqueee le han robao el parque y oficiiinas le han metiiiio". La cara de Álvarez del Manzano cambió. Tuvo que aguantar estoicamente toda la canción, en la que los vecinos daban sus argumentos en contra de la apropiación privada del parque. Muchas más personas conocieron la situación y apoyaron la causa. "Si en lugar de eso hubiéramos irrumpido allí gritando, con una manifestación al uso, hubiéramos acabado a hostias. En cambio así la gente ve que no eres un fanático", dice Claramonte.

No existen fórmulas mágicas. Cada objetivo necesita una acción específica y diferente, y a veces la propia meta no está clara. Fue lo que sucedió este marzo y abril pasados en Barcelona y Madrid con las personas que "se congelaron". Tomy Pelluz y Tatel Velásquez organizaron la parada de Barcelona, en la que por unos minutos cientos de personas decidieron quedarse inmóviles en la Rambla. Afirman que lo hicieron para divertirse, querían imitar lo que el colectivo Improve Everywhere - que organiza performances callejeras- montó en Nueva York hace unos meses. Su flashmob - así se llaman esas acciones- tan sólo pretendía sorprender, recuperar la ciudad como espacio de juego, pero no descartan organizar otro tipo de actuaciones con propósitos más definidos. Pese a esto, rechazan los "típicos discursos grandilocuentes, porque si no movilizan a nadie, se acaban perdiendo". Creen que la crítica social como "un proceso doloroso" está obsoleta. "Hay que encontrar formas de expresión distintas".

Galdon incide en que las personas que practican la guerrilla de la comunicación tienen sensibilidad progresista, pero no suelen identificarse con partidos de izquierda ni con sindicatos, por eso han tenido que encontrar un medio comunicativo nuevo. Es lo que ocurre en Europa del Este, el lugar donde la contestación social es más innovadora. Para luchar contra el capitalismo que ha entrado arrasando allí, no pueden utilizar los métodos de la izquierda tradicional, porque son rechazados. ¿Cómo suscitar debates? La guerrilla de la comunicación ha sido la mejor vía.

PALABRAS DE GUERRILLA

´Flashmob´. Acción inusual y breve que protagonizan un grupo de personas en un lugar público - como quedarse paralizados o dar abrazos.

Alteración de vallas. Retocar con gracia vallas y carteles publicitarios. Se utilizan distintas técnicas.

´Google bombing´. Consiste en alterar los resultados de los buscadores de internet para que en las primeras opciones aparezcan webs críticas con el término que se ha consultado.

´Shopdropping´. Manipular los envases de los productos del supermercado. Los productos se compran - o no-, se introducen mensajes y obras artísticas en sus embalajes y se devuelven a las estanterías para que otros los adquieran.

´FloodNet´. Colapsar una página web enemiga.Para hacerlo hay que lograr que muchos internautas la carguen a la vez y la actualicen una y otra vez. Así se bloquea el acceso a ella.

Grafiti. Arte urbano que decora espacios públicos para recuperarlos de las empresas y la publicidad. Incluye la variante Stencil (con plantillas).

Meme. Unidad básica de comunicación. Como dicen en Flylosophy. com, "condensado de imagen, palabra o música".

http://www.lavanguardia.es/lv24h/20080512/53462619587.html

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