Música: Entrevista a Djavan

"Mi autocrítica es enorme"

El brasilero viene a presentar su CD "Matizes". Habla de sus métodos de composición y del temor a repetirse.

Por: Federico Monjeau
Nacido en 1949 en la ciudad de Maceió (Alagoas) y radicado en Rio de Janeiro desde 1973, Djavan es una de los autores más significativos de la música brasilera del último cuarto de siglo. Sus canciones han sido interpretadas por artistas como Caetano Veloso, Ney Matogrosso, Gal Costa, Lenine, Al Jarreau, Manhattan Transfer y Toot Thielemans, entre otros. Pero el mejor intérprete de Djavan seguramente es Djavan mismo, un cantante formidable que empezó ganándose la vida como intérprete en los bares de su Maceió natal, con un grupo provocativamente titulado LSD (por Luz, Sonido, Dimensión).

"¿Cómo está el tiempo en Buenos Aires?", pregunta el músico del otro lado de la línea. Djavan vendrá con su banda para presentar su último disco, Matizes, el 20 de mayo en el Gran Rex.

Muy bueno. ¿Cuánto hace que no viene?

Cinco o seis años, si mal no recuerdo. Iría mucho más seguido, pero no depende de mí, sino de la gente que me contrata. Viajo mucho más por los Estados Unidos y Europa que por los países de América latina, lo que es un contrasentido. Me gustaría que fuese al revés.

¿Cómo definiría su humus musical?

Tuve una formación muy diversificada y una curiosidad inmensa por todos los géneros. La música italiana, la música flamenca, la música negra americana, la africana, mucho Beatles, música brasileña de todos los cuadrantes. Tuve una formación donde la diversificación era un valor. A mi disco le puse Matizes para subrayar esa idea: ahí uno encuentra jazz, encuentra samba, pop, bolero, todo.

Sin embargo en Djavan hay una forma melódica constante. Generalmente son melodías muy silábicas, en el sentido de que cambian de nota prácticamente a cada sílaba. Son complejas y fluidas al mismo tiempo. Su arte recuerda por momentos a Stevie Wonder.

Sus canciones dan la sensación de que la letra y la melodía surgen al mismo tiempo. ¿Es así?

Fue así durante mucho tiempo, aunque desde hace algunos años suelo escribir primero la música. Son dos viajes distintos. Primero la melodía, que uno lleva adonde quiere, libremente, y después la letra, ya no tan libre. Aprendí a hacerlo y no fue fácil, porque mis músicas y mis ritmos son muy difíciles para el letrista. Cuando doy una melodía para que alguien ponga la letra, no siempre lo consigue.

Chico Buarque dijo que la canción popular es un género en extinción. ¿Usted que piensa?

El hizo una generalización, y tal vez tenga algo de razón. La música ha cambiado de formato, y es cierto que las referencias que uno tiene están a punto de tornar la canción un poco irrelevante. Pero creo que se trata de algo cíclico. No diría categóricamente que está acabada. Uno mismo es cíclico. Hay épocas en que no tenemos demasiada inspiración.

Componer canciones ¿es más difícil hoy que hace 20 años?

Más difícil, pero no imposible. Todo en la vida se va poniendo más difícil. Pongo el caso de mi último álbum: un disco con doce músicas inéditas demanda un trabajo gigantesco. Mi autocrítica es enorme, casi cruel. Yo hice más de 300 músicas, y mantengo la ilusión de que no estoy repitiéndome. Es difícil, pero es lo que me instiga.

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