Arte: «Como el color, las palabras pueden formar parte de la obra»

Por Laura Revuelta

Dominique Gonzalez-Foerster es una de las artistas de referencia o que concitan mayores opiniones a favor en los mensajes cruzados del arte contemporáneo. Ahora, hace doblete en España, a la muestra del Musac, de León, se suma su participación en EverStill, en la Huerta de San Vicente, la casa de García Lorca.

En el año 2002 ganó el Premio Duchamp, ¿qué significa Duchamp en este momento?

Hace poco fui a un museo en el que había una exposición de Duchamp, Picabia y Man Ray y en la entrada había una frase suya de 1913 que decía: «¿Es posible hacer una obra que no sea una obra de arte?». Para mí ésta sigue siendo una pregunta interesante. ¿Podemos trabajar hasta el límite de lo que es el arte? Toda esta exposición trata sobre este tema. Todas las obras que están aquí, todos los espacios, todos los ambientes, van de alguna manera hasta el límite de la posible definición de lo que es arte. La primera pieza que hay cuando entras es una obra no visual, es sólo sonido; la segunda son sólo libros; la tercera, películas; la cuarta, espacios y arquitectura; la quinta, una especie de fenómeno de luces.

Cuando se habla de su trabajo, muchas veces se le define como sofisticado y no sé si es positiva o negativa esta consideración.

Yo me tomo esta definición de sofisticado como un piropo. Creo que significa que yo siempre intento hacer un trabajo que tenga diferentes entradas. Puedes acceder a mi trabajo desde un nivel muy fácil, sensorial y físico; puedes adentrarte en mis obras como un niño, sólo con los sentimientos y la emoción y, por otra parte, puedes verlo, como ya he mencionado antes, como una forma de buscar los límites del arte. Así que a mí me gusta trabajar entre estas dos cosas. Me encanta cuando alguien que no tiene ninguna experiencia en arte contemporáneo se mete mucho en una de mis obras y también disfruto mucho cuando se habla de mis trabajos a un nivel más teórico. Pero para mí es muy importante mezclar estas dos cosas. A lo mejor eso es lo que se puede llamar sofisticación.

¿Qué tiene la palabra escrita que ha inspirado a tantos artistas contemporáneos, incluyendo a usted?

Creo que esto viene del arte conceptual. Hace bastante tiempo, cuando Lawrence Weiner decidió que una frase podía ser una obra de arte, se dio un paso muy importante para esto. Con una frase se puede generar un espacio y nos hemos dado cuenta de que un espacio también puede generar un texto. También supone incluir la narrativa de una forma diferente. No nos asustan las palabras y las palabras pueden formar parte de la obra, como el color u otro elemento.

Habla del espacio, también fundamental en su trabajo, ¿qué puede contarnos sobre estos espacios específicos en el Musac?

Hace un año, cuando vine a la inauguración de la exposición de Pierre Huyghe, me sentí inmediatamente atraída por la escala del espacio. Yo creo que se trata de un espacio post - white cube, en el sentido de que está más allá de la perfección de un desierto blanco, tiene algo más urbano. Hay una obra completamente nueva que es la que da el nombre a toda la exhibición, Nocturama, una pieza que pertenece a la familia de trabajos como Cosmodrome y Exotourism, que tratan de alguna manera el tema del espacio exterior. Nocturama es en cierto sentido una versión contemporánea de Panorama. A mí me encanta el concepto que se tenía de panorama en el siglo XIX, donde un cuadro te rodeaba totalmente. En Nocturama se puede ver una especie de aurora boreal y en las novelas de aventuras de principios del siglo XX la aurora boreal anuncia extraños sucesos. Yo veo la aurora boreal como algo perfecto, porque son luces flotando en el espacio, colores, es, de alguna manera, como una obra de arte perfecta: entre una obra de arte y un fenómeno natural. Así que en Nocturama he intentado trabajar con la posibilidad de tener esta experiencia doble: por una parte, algo que es una experiencia visual, pero a la vez algo que puede llevarte a pensar sobre el arte de una forma diferente.

¿Para usted no hay una exposición sin un libro que la compañe?

El libro es muy importante. Desde hace unos años, como el libro se hace un poco antes, ayuda mucho a definir cómo va a ser la muestra, no como un escenario, pero sí como un diálogo con los escritores y una forma de pensar acerca de los contenidos. En este caso concreto el libro tiene la misma estructura que la exposición, está dividido en cinco partes y cada texto se relaciona de alguna forma con un capítulo de la muestra. Hay una parte sobre Promenade, la pieza con sonido de lluvia tropical; otra dedicada a los libros basada en Vila-Matas; otra centrada en el cine. Pero el libro es otro espacio, así que tiene que verse de una forma diferente.

Como apunta, entre los escritores de este libro se encuentra Enrique Vila-Matas, ¿le conocía?, ¿había leído sus obras?

Sí, hace dos o tres años leí uno de sus libros por primera vez, París nunca acaba, e inmediatamente me cautivó su forma de unir su experiencia en París con la literatura, con otras referencias, con la ficción? Me resulta muy cercano su modo de combinar la vida y el arte. Y de hecho, yo creo que muchos artistas visuales tienen la misma forma de ir por las ciudades, de utilizar referencias de esta manera, en un lugar que está entre la ficción y algo más real. Después leí más libros suyos y me di cuenta de que sus libros contienen muchos libros, cada uno de sus libros es como una biblioteca en sí mismo. Él hizo que yo empezara a leer a Bolaño y después empecé a leer a escritores que Bolaño menciona, así que él inició en mí un nuevo viaje por la literatura y le estoy muy agradecida por ello. Luego, cuando me invitaron a Granada a la exposición sobre García Lorca, se me ocurrió que podríamos llamarle y esa fue la primera vez que nos vimos, en noviembre. Luego tuvimos la entrevista que aparece en el libro y más tarde nos volvimos a encontrar en París.

En Münster, el verano pasado, montó una recopilación de obras de otros artistas que ya acudieron a este mítico escenario, ¿cuál fue el objetivo de esta propuesta?

El hecho de trabajar con la historia de la exposición, de utilizarla como contexto y a partir de ahí reinstalarla dentro del contexto de la ciudad y contar esa historia, fue una de las principales ideas en las que me basé. Luego la llamé Roman de Münster (Novela de Münster) porque pensé que tenía algo que ver con la literatura y con la posibilidad de unir cosas que en realidad están separadas en el tiempo y el espacio, así que también tenía una fuerte relación con la narrativa.

Usted ha dicho que está obsesionada con la pregunta «¿dónde estoy ahora?», ¿tiene ya la respuesta?

Ahora estoy en un espacio que está entre la ficción y la realidad. Estoy trabajando en una exposición y eso tiene que ver tanto con aspectos muy concretos como con aspectos virtuales de ficción. Así que tal vez éste sea mi espacio favorito.

http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=9923&num=852&sec=36

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