Arte: Tres décadas de arte mexicano
Una muestra reconstruye en el Malba un recorrido por la producción cultural de más de 100 artistas
Una muestra artística también puede ser un modo de hacer memoria. A reconstruir la riqueza de la producción cultural mexicana de las últimas décadas, sobre todo las manifestaciones expulsadas del arte oficial, se dedica "La era de la discrepancia", la ambiciosa muestra que pasado mañana se abrirá al público en el Malba.
La exhibición, que podrá visitarse hasta el 11 de agosto, llega con sello de calidad: es fruto de la investigación que un grupo de historiadores del arte y curadores mexicanos realizaron durante cuatro años, sostenidos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y llega en su versión itinerante a la Argentina tras estar expuesta allí en 2007 y antes de partir a la Pinacoteca de San Pablo.
Son 170 obras -afiches, fotografías, documentos, videos, películas, pinturas, objetos y esculturas-, de más de 100 artistas, que retratan la producción cultural y estética de México entre 1968 y 1997, un recorrido que va hilando las turbulencias sociales y políticas del país con el "disenso creativo" que se daba en el campo artístico.
Momentos culturales
"La exhibición no sigue un continuo histórico, sino que muestra momentos culturales concretos. Estos movimientos convivían y batallaban entre sí", explicó a LA NACION Cuauhtémoc Medina, investigador de la UNAM y ex curador de arte latinoamericano de la Tate Modern de Londres, mientras estaba a pleno la dificultosa tarea de montaje que exigen las obras.
"En 1968 hubo una ruptura en la representación del arte: dejó de haber coleccionismo público e investigación académica. En los 90, el arte contemporáneo mexicano ganó notoriedad internacional. Esta investigación es una reacción ante el vacío de los 60 y la mitología de los 90", resumió el curador, que trabajó con Pilar García de Germenos, Alvaro Vázquez Mantecón y Olivier Debroise, quien murió sorpresivamente el mes pasado.
La exposición, que ocupará dos salas y la terraza del Malba, se reparte en nueve núcleos temáticos, en los que aparecen las muestras del Salón Independiente; los cómics y películas del chileno Alejandro Jodorowsky y su "Movimiento pánico"; el geometrismo mexicano de Manuel Felguérez, Vicente Rojo y el argentino-japonés Kasuya Sakai. Hay manifestaciones artístico-políticas, como las de algunos colectivos de artistas, la fotografía que retrata los eventos mínimos de lo urbano pero también las catástrofes, la politización de la identidad sexual, las reacciones ante el mexicanismo y el arte repolitizado de comienzos de los 90.
Tanta libertad desplegada también le llega al visitante: se puede hacer un recorrido estético, buscar en las obras el reflejo de momentos históricos (el movimiento estudiantil, la crisis del Tequila, el levantamiento zapatista) o sólo detenerse en el humor del No Grupo o en el hallazgo del Museo Salinas, que Vicente Razo instaló con objetos de producción callejera sobre el ex presidente Carlos Salinas de Gortari.
"Esta exposición no pretende ser exhaustiva y está pensada como museo temporal", dijo Medina, y contó que a partir de este trabajo la UNAM inició un proceso de coleccionismo y se hicieron réplicas de obras valiosas.
Medina sintetizó la táctica estatal que la muestra busca contradecir: "Cuando el canon cultural del mexicanismo fue desafiado en los 60, el Estado permitió una exhibición amplia, pero no generó colecciones. Una forma de represión cultural fue garantizar que todo fuera efímero".
Raquel San Martín
La exhibición, que podrá visitarse hasta el 11 de agosto, llega con sello de calidad: es fruto de la investigación que un grupo de historiadores del arte y curadores mexicanos realizaron durante cuatro años, sostenidos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y llega en su versión itinerante a la Argentina tras estar expuesta allí en 2007 y antes de partir a la Pinacoteca de San Pablo.
Son 170 obras -afiches, fotografías, documentos, videos, películas, pinturas, objetos y esculturas-, de más de 100 artistas, que retratan la producción cultural y estética de México entre 1968 y 1997, un recorrido que va hilando las turbulencias sociales y políticas del país con el "disenso creativo" que se daba en el campo artístico.
Momentos culturales
"La exhibición no sigue un continuo histórico, sino que muestra momentos culturales concretos. Estos movimientos convivían y batallaban entre sí", explicó a LA NACION Cuauhtémoc Medina, investigador de la UNAM y ex curador de arte latinoamericano de la Tate Modern de Londres, mientras estaba a pleno la dificultosa tarea de montaje que exigen las obras.
"En 1968 hubo una ruptura en la representación del arte: dejó de haber coleccionismo público e investigación académica. En los 90, el arte contemporáneo mexicano ganó notoriedad internacional. Esta investigación es una reacción ante el vacío de los 60 y la mitología de los 90", resumió el curador, que trabajó con Pilar García de Germenos, Alvaro Vázquez Mantecón y Olivier Debroise, quien murió sorpresivamente el mes pasado.
La exposición, que ocupará dos salas y la terraza del Malba, se reparte en nueve núcleos temáticos, en los que aparecen las muestras del Salón Independiente; los cómics y películas del chileno Alejandro Jodorowsky y su "Movimiento pánico"; el geometrismo mexicano de Manuel Felguérez, Vicente Rojo y el argentino-japonés Kasuya Sakai. Hay manifestaciones artístico-políticas, como las de algunos colectivos de artistas, la fotografía que retrata los eventos mínimos de lo urbano pero también las catástrofes, la politización de la identidad sexual, las reacciones ante el mexicanismo y el arte repolitizado de comienzos de los 90.
Tanta libertad desplegada también le llega al visitante: se puede hacer un recorrido estético, buscar en las obras el reflejo de momentos históricos (el movimiento estudiantil, la crisis del Tequila, el levantamiento zapatista) o sólo detenerse en el humor del No Grupo o en el hallazgo del Museo Salinas, que Vicente Razo instaló con objetos de producción callejera sobre el ex presidente Carlos Salinas de Gortari.
"Esta exposición no pretende ser exhaustiva y está pensada como museo temporal", dijo Medina, y contó que a partir de este trabajo la UNAM inició un proceso de coleccionismo y se hicieron réplicas de obras valiosas.
Medina sintetizó la táctica estatal que la muestra busca contradecir: "Cuando el canon cultural del mexicanismo fue desafiado en los 60, el Estado permitió una exhibición amplia, pero no generó colecciones. Una forma de represión cultural fue garantizar que todo fuera efímero".
Raquel San Martín



Comentarios