Música: Lunfa, burlón y compadrito
"MALDITO TANGO", EL ALBUM QUE DANIEL MELINGO EDITÓ EN FRANCIA
Con producción de Eduardo Makaroff (Gotan Project), el ex Twist profundiza su obra en lunfardo. Sigue sonando oscuro y sincero.
Hace diez años Daniel Melingo editaba Tangos bajos, un disco en lunfardo en el que rendía culto -a su manera- al inolvidable Edmundo Rivero. Lo que entonces parecía berretín o moda -en aquel 1998 era extraño encontrar a un rockero que no hiciera incursiones esporádicas en el tango- fue una decisión estética cabal.
Melingo profundizó su pasión lunfarda y logró mantenerse inmune a las dos tendencias que dominaron el género en este tiempo: el retro orquestal y el tango electrónico. Avanzó en su alianza con el gran poeta Luis Alposta, exhumó textos de Enrique Cadícamo, Carlos De la Púa y Celedonio Flores y se animó a sus propias composiciones, siempre dentro del cánon de este subgénero del tango, un cánon que tiene que ver con el melodrama y la picaresca. O, como escribe Alposta, un subgénero donde "lo festivo va unido a lo patético". Hace dos años Melingo tendió un puente entre Buenos Aires y París. Producido por Eduardo Makaroff (de Gotan Project), sacó en Francia este Maldito tango que mostrará el miércoles 20 en el Avenida, como parte de Festival de Tango de Buenos Aires.
Es un disco con pasajes de alto nivel. Larga con En un bondi color humo, una postal costumbrista urdida por Alposta con elementos de la mejor prosapia lunfarda (el chabón, el punga, el botón), y termina con Eco il Mondo, el largo lamento de un veterano de la noche ("se murió dando besos y bebiendo champagne") en el que el violín de Javier Casalla se luce y aporta dramatismo en un extenso solo que se anuda al clarinete del propio Melingo. La voz del ex Twist reverbera como en una catacumba: grave, sucia, dolida y cavernosa. Al frente de Los Ramones del Tango (Patricio Cotella en contrabajo, Gustavo Paglio en bandoneón, Jorge Giuliano en guitarra y Javier Casalla en violín) se mete en milongas, tangos y hasta un chamamé: con los formidables Rudi y Nini Flores en guitarra y acordeón interpreta el delicioso Julepe en la tierra, un tema de inspiración seguramente autobiográfica (estaba yo con mi compadre en el boliche de Fontova / tomando un taco de Sello Verde / pa' inspirar la inspiración).
Pero lo más poderoso del disco habrá que buscarlo en tres canciones bien diferentes: Cha digo! (letra de Dante Linyera, música de Melingo, voz de Fontova, coros de Skay), Pequeño paria (un tema que podría haber integrado un disco solista de Vicentico; de hecho, canta Vicentico y participan Cianciarullo y el fallecido Toto Rotblat) y Montmartre de hoy, un melancólico poema de Cadícamo, musicalizado, heredero de su Anclao en París.
Con su estilo desdeñoso, Daniel Melingo hace vibrar una fibra misteriosa que tiene que ver con lo que su imagen proyecta: una oscuridad honesta. Melingo es el reverso de tanto cantante engolado que anda por ahí. Su artificio, claramente, va por otro carril.

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