Arte: Lucio Fontana, el genio que Italia venera y Argentina olvida

Se cumplen cuarenta años de la muerte del pintor y escultor nacido en Rosario. Su obra es ineludible en el mundo, pero en Argentina tiene poca presencia en los museos.

Por: Julio Algañaraz



Hace cuarenta años, el 7 de septiembre de 1968, murió de una crisis cardíaca en un hospital de Varese, en el norte de Italia, uno de los más grandes artistas visuales del siglo XX. Era un argentino de Rosario y se llamaba Lucio Fontana. Hoy, los italianos lo veneran como una figura ineludible del arte contemporáneo, mientras los argentinos casi lo han olvidado, sin darle el lugar que se merece en la cultura nacional. El arte internacional recuerda en estos días a Fontana con exposiciones programadas para lo que queda de 2008 y 2009 mientras en la Argentina el hecho pasa desapercibido.

Fue "un insaciable experimentador y anticipador de ideas innovadoras, al cual la historia del arte le debe el movimiento espacialista", afirmó el crítico Enrico Crispolti, uno de los más importantes historiadores del arte de Italia, quién conoció y se carteó con Fontana. "Lo recordamos como aquel que, a la búsqueda de una tercera dimensión, tajeando la tela con agujeros y cortes, superó la distinción tradicional de la pintura y escultura. Fontana tuvo también una relación inmediata y continua con la cerámica", escribió Crispolti hace unos días al presidir un festival en la ciudad de Grossetto dedicado al gran maestro.

No es cierto que los italianos se apropiaron en forma excluyente de Lucio Fontana, quién vivió la mayor parte de su vida en la península. En todos los libros y catálogos que lo recuerdan se lo califica como "ítalo-argentino"; se recuerda que nació en Rosario el 19 de febrero de 1899, hijo de Luigi, un maestro artesano de escultura que había emigrado de Italia a la Argentina diez años antes y se había casado con la actriz de teatro argentina Lucía Bottino. También se recuerdan los dos grandes períodos que Lucio pasó en su patria nativa: el primero en Rosario entre 1921 y 1928, trabajando para la próspera empresa de familia y haciendo esculturas sobre todo destinadas al cementerio de Rosario. La segunda ocasión fue entre 1939 y 1947, cuando Fontana se instaló en Buenos Aires. Fue profesor de modelado en la academia de Bellas Artes; fundó la academia de Altamira junto a Romero Brest; inspiró el Manifiesto Blanco, que hizo época entre Argentina e Italia en el mundo de las artes plásticas. En aquellos dos períodos que duraron en total casi quince años, Lucio Fontana pintó y modeló esculturas y cerámicas. Para la crítica rosarina Xil Buffone "Fontana es un gran agujero negro en Rosario". Sus obras en el Museo Castagnino, las esculturas en el cementerio de Rosario, su boceto del Monumento a la Bandera, el Relieve del Sembrador en el parque Urquiza y otros trabajos justificarían, para ella, crear un circuito cultural y túristico, el "recorrido Fontana". "Es una vergüenza que no tengamos una sala dedicada a él en Rosario", razona. Nada de esto sucede en Italia. En Milán está la Fundación Fontana y el museo dedicado al rosarino en su estudio. Enfermo del corazón, Lucio había decidido instalarse en la casa de campo que era de su familia en Comabbio, cerca de Varese, donde murió. En 1930 había conocido a su mujer argentina Teresita Rasini quien fue la mejor custodia de su memoria en los años que siguieron a la muerte de Fontana. Hoy, no pasa un día sin que a Clarín le llegue un aviso por Intenet con actos culturales, muestras y otras actividades en Italia, en las que se presentan obras de Fontana o se dan admiradas conferencias sobre su estética visionaria. Tras volver la segunda vez de la Argentina, en 1947, lanzó en Milán el Movimiento Espacial con otros artistas y el primer "Manifiesto del Espacialismo", que tuvo una enorme repercusión en las artes contemporáneas en todo el mundo. Su actividad artística fue infatigable y multipremiada. En 1949 suscitó un gran entusiasmo al presentar en la galería del Naviglio de Milán "el ambiente espacial con luz negra". Su "manifiesto técnico del espacialismo" está considerado una anticipación del videoarte.

En las décadas de los 50 y 60, Italia, tras la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial y la dictadura fascista, recuperó su lugar en el centro del arte mundial con dos plásticos que hoy se consideran como los más grandes: Lucio Fontana y Alberto Burri. En 1966, ganó el primer premio de pintura de la Bienal de Venecia. Para entonces había realizado la serie pinturas sobre "el fin de Dios" que hoy figuran en los mejores museos y tienen una cotización millonaria en los remates. También inventó en 1964 los "Teatritos", con marcos de madera perfilada y laqueada que contienen telas monocromas perforadas.

Y en Argentina aún hay que descubrirlo.






Lo que hay acá
En Argentina su obra puede encontrarse en las colecciones de Bellas Artes, el Sívori y la Fundación Klemm (Buenos Aires); en Córdoba en el Museo Municipal Genaro Pérez, en el Museo Castagnino de Rosario, el Rosa Galisteo de Santa Fe y en el Museo de la Fundación Raggio en Vicente López. La colección que pertenece a Cancillería tiene siete obras (cuatro de sus celebrados "Conceptos Espaciales"). Malba está a la búsqueda de un comodato para tener un "buen Fontana" en su colección. "Hacer una buena muestra nos costaría 1 millón de pesos. Ahora es imposible", dijeron.





http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2008/09/08/_-01755924.htm


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