Música: "Canto la mejor música brasilera"

Identificada con la bossa nova por dos festejados discos, la admirada intérprete nacida en Belém do Pará, que se presenta el jueves en Buenos Aires, prefiere mantenerse libre de etiquetas pero confirma la vigencia del género



Por Fernando López


Para LA NACION



"A la bossa nova sólo se la recuerda en los aniversarios", protesta Leila Pinheiro cuando se le hace notar esta suerte de fiebre evocativa que se ha desatado en Brasil y cuyos ecos también llegan hasta nuestro medio. "Es cierto que por causa de ese furor generado por el cincuentenario habrá ahora mismo mucha gente de las generaciones más jóvenes que la está descubriendo, pero también lo es que fuera de estos fenómenos pasajeros, la bossa nova permanece bastante olvidada en mi país, o confinada a ciertos circuitos minoritarios. Lo importante, de todos modos, es que las canciones existen, que están bien vivas y que su belleza perdurable está ahí, a la espera de los intérpretes."



Pasajera o no, la movida está por concretar, por fin, su esperado desembarco en Buenos Aires. Será en medio de otro ciclo de homenaje a la bossa nova al cumplirse los 50 años de la edición del disco inaugural ( Chega de saudade , con música de Antonio Carlos Jobim, poesía de Vinicius, voz y guitarra indispensables de João Gilberto), pero con un equipaje que excede los límites del género. A la admirable cantante paraense se la identificó con la bossa nova durante largo tiempo, producto de dos festejados álbumes que le dedicó en 1989 y 1994 y del fervor de sus fans japoneses que la coronaron princesa, quizá porque para ellos vino a ocupar el vacío dejado por la muerte de Nara Leão ("ella sí un ícono máximo del género en el mundo", dice). Además, acaba de recuperar el espíritu y la impronta jazzística de la bossa en una nueva y feliz colaboración con Roberto Menescal ( Agarradinhos ), que no habían concebido como homenaje ni con la vista puesta en el cincuentenario, pero terminó coincidiendo con él por la postergación del lanzamiento del álbum a causa de problemas de la grabadora.



Leila siempre quiso mantenerse libre de cualquier etiquetamiento. Es una cantante brasileña y punto. De las mejores, habría que agregar, lo que no es poco decir en la patria de Bethânia, Gal, Marisa Monte, Adriana Calcanhotto y Maria Rita. Y sus horizontes son tan abiertos que en ellos caben Paulinho da Viola y O Rappa, Cazuza y Roberto Carlos, Ivan Lins y Vinicius, Renato Russo y Gil, los autores consagrados y los jóvenes, algún fado, algún bolero. Y hasta algunas creaciones propias, como la reciente "Luz da natureza", que compartió con su amigo Menescal y dedicó al "maestro soberano" Antonio Carlos Jobim.



Aunque no es estrictamente una intérprete de bossa nova ("para cantarla hay que tener la voz pequeña y el canto muy cool , yo tengo una voz grande y me vuelco hacia el público"), no le molesta la identificación, pero la encuentra limitadora. Por eso, para que el retrato sea completo, en el programa que presentará el 2 de octubre en el Gran Rex (con su cuarteto de bajo, guitarra, batería y teclados, y el Yamaha que la acompaña a todas partes porque siempre se reserva un espacio para cantar sola con su piano), habrá "una parte de bossa, títulos de los dos últimos discos [ Nos horizontes do mundo y Agarradinhos , ambos editados en la Argentina], y una especie de panorama de lo que he hecho en estos casi treinta años de carrera". La carrera de "una artista que -son sus palabras- canta música brasileña, la mejor música brasileña en su opinión, en todas sus vertientes".



Señal de partida



De carrera profesional, se entiende. Porque Leila cantó siempre. O casi. A los cinco años, en la Belém donde nació en la primavera de 1960, sus habilidades musicales ya eran tan notorias que su papá quiso conservar un testimonio y lo registró en un grabador de cinta abierta. Don Altino Pinheiro era armoniquista aficionado y poco después se improvisó director de la banda familiar casera que formó con Leila (ya adolescente) y sus tres hermanos. Ella ya tocaba el piano y cantaba: de los 10 a los 14 años había cursado estudios en el instituto de iniciación musical que dirigía su tía Arlette; más tarde se convertiría en discípula de Guilherme Coutinho, figura importante en el panorama musical de Pará. Así como con el padre aprendió a disfrutar del arte de Elizeth Cardoso, Os Cariocas, Nara, Chico Buarque y otros grandes (mucho más tarde, en Catavento e girassol , el bellísimo álbum que en 1996 dedicó a temas de Guinga y Aldir Blanc, la armónica paterna contribuyó al dulce aire melancólico de la "Valsa para Leila"), en Coutinho encontró el incentivo para decidirse por el canto. Con él haría, en el mismo octubre en el que cumplió los veinte, su primer show, Sinal de partida , en el principal teatro de Belém, no sin antes abandonar unos estudios de medicina por los que ya había perdido todo interés.



A esa altura ya había hallado el modelo que sería determinante: Elis Regina. "No tengo reparos en reconocer que comencé imitándola -dice ahora-, así como ella en sus comienzos imitaba a Ângela Maria; después, creo que logré ir definiendo mi propio perfil."



Tenía -tiene- con qué. Una voz pura, afinadísima, cristalina y también densa, maleable pero generosa en volumen; una emisión segura y natural, probada musicalidad, delicadeza en la expresión y -como su referente- un afán perfeccionista que no la ha abandonado nunca. Condiciones todas que no pasaron inadvertidas en el mundo de la música, sobre todo desde que resolvió abandonar la tierra natal y partir rumbo a Río de Janeiro. Por algo tuvo el apoyo de muchos consagrados antes de hacerse famosa y ganar (con "Verde", una canción de Eduardo Gudim y Costa Neto que siempre conserva en su repertorio), el premio a la mejor intérprete en un festival de la TV Globo en 1985.



Cuatro años antes, casi recién llegada, se había atrevido a grabar un primer LP en forma independiente. Demoró bastante en completarlo, pero no fue un debut cualquiera. Tom Jobim, João Donato, Ivan Lins, Francis Hime y Toninho Horta sabían de su garganta privilegiada y de su don interpretativo y allí estuvieron. Y cuando llegaron el éxito de "Verde" y el contrato para grabar en Polygram a instancias de Roberto Menescal, que era entonces el director musical del sello, fue Pat Metheny el que sumó la guitarra a su versión de "Fundo", un tema de Donato y Caetano Veloso. Ya asomaba un rasgo que sería característico de su carrera artística: el intercambio con otros artistas.



"Se trata de experiencias profundamente enriquecedoras para mí; compartir el escenario o el estudio con colegas es como un continuo aprendizaje que mantiene despiertas la sensibilidad y la creatividad", explica, y se entusiasma con la perspectiva de añadir un par más ahora que se acerca su presentación en Buenos Aires.



"Por favor, destacá que Pedro Aznar y Rodolfo Mederos van a estar como invitados en mi show del Gran Rex -recomienda-; haremos dos canciones con Pedro (una será ´Zamba de Juan Panadero , de Leguizamón y Castilla) y otras dos con Rodolfo, que ha hecho un arreglo precioso de ´Catavento e girassol , y va a acompañarme en un tango cuyo título no voy a decirte porque es una sorpresa. Después, estaremos todos juntos en la ´Valsinha de Chico y Vinicius."



¿Algún anticipo más? "Cantaré un poco de todo: Ary Barroso, Carlos Lyra, Jobim, Chico, algunos títulos que siempre están, como "Verde" y "Coisas do Brasil", y otros que no he grabado pero suelo cantar en los ratos que guardo para acompañarme con el piano. Y todo lo que pinte "



-¿Cómo se elige el repertorio?



-Por lo que dice la canción, por las letras. Uno puede intervenir en la música, puede variar las armonías, el ritmo, modificarla en los arreglos, pero con los textos no hay nada que hacer. Eso sí: la canción tiene que emocionarme.



- ¿Letristas preferidos?



-Hay muchos, pero el mayor, el gran poeta de la música brasileña, es Chico. Está por encima de todos, muy lejos. Es único, como Elis, que me marcó en todo, inclusive indirectamente en el piano de Cesar [Camargo Mariano], que también he imitado.



-Volvamos a la bossa nova. ¿Cómo interpretarla hoy?



-Yo intento reproducir en el piano la batida de João Gilberto, que es el elemento sustancial, indispensable de la bossa. Y captar su espíritu, su levada , como lo hemos hecho con Menescal en Agarradinhos . Y antes, en Bênção bossa nova , el disco por el cual me identificaron con el género. Yo prefiero, insisto, que me definan como una intérprete de música brasileña, pero al fin, la bossa nova es la matriz de toda la buena música brasileña actual.



Leila no se da tregua. Con más de veinticinco años de carrera, trece álbumes publicados, un puñado de discos de oro, giras por todo el Brasil, Japón, Europa y los Estados Unidos, grabaciones y actuaciones junto con Tom Jobim, Baden Powell, Pat Metheny, Chico, Madredeus, Al Jarreau, Toquinho, Fafá de Belém, Sadao Watanabe, Francis Hime, Zélia Duncan, Guinga y muchísimos otros, siempre está dispuesta a retribuir los convites y se las arregla para coordinar sus propios recitales con la participación como invitada en los de otros artistas. Ha estado viajando mucho últimamente y la espera la edición de dos nuevos discos (uno con Gudim, que se conocerá en octubre, y otro con Jorge Vercilo, en diciembre), pero ya llegará la hora de las vacaciones.



¿Cuándo? "Como siempre, un viaje a Nueva York para pasar allá el fin de año. Unos pocos días. ¿Para qué más, si trabajo todo el año en lo que me gusta?", pregunta, y uno recuerda haberla oído asegurar que ningún mal puede alcanzarla cuando "está en las canciones". Según dice, es esa alegría que siente en el escenario la que siempre intenta contagiar al público. Por algo se ha escrito que en su caso, entre la grabación y la escena las canciones experimentan transformaciones, crecen. Y que las versiones en vivo dejan de ser meras reproducciones del disco para ganar nuevos contornos, nuevas vibraciones.



El piano ayuda. Lo considera su "verdadero segundo instrumento" y tanto puede presentarse sola con él como acompañada por una banda, no importa el tamaño del local en que actúe. "Me da lo mismo, si bien para tocar en un teatro como el Rex, y para poder hacer un repaso de mi carrera ya que es la primera vez que voy a cantar en la Argentina, preferí viajar con el cuarteto".




CONCIERTO Dentro del ciclo de homenaje a los 50 años de la bossa nova, Leila Pinheiro se presentará el jueves a las 21 en el Teatro Gran Rex. Interpretará temas de Jobim, Chico Buarque, Carlos Lyra y Caetano Veloso, entre otros compositores.



http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1052788

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