Arte: El Pompidou recupera el futurismo como fuente de la modernidad

Su curador compara la implosión del mundo de principios del siglo XX y la actual


Oscar Caballero



El sábado 20 de febrero de 1909 Le Figaro publicó en primera página el Manifeste du futurisme,"obra del joven poeta italiano y francés Filippo Tommaso Marinetti, cuyas espectaculares manifestaciones lo han hecho popular en las capitales latinas y que acaba de fundar la Escuela del Futurismo". El Centro Pompidou se anticipa a este centenario con la gran muestra El futurismo en París, una vanguardia explosiva - 200 obras y documentos-, que viaja a Roma - el próximo 20 de febrero, precisamente- y terminará su periplo en la Tate de Londres.

La estrategia de las exposiciones temporales del Pompidou es "revisar la historia del arte del siglo XX". Y propone en este caso una evaluación positiva del futurismo. Didier Ottinger, comisario de la muestra, lo considera "fuente de la modernidad, influencia clara de la vanguardia francesa y del cubismo". Y asegura que "anticipó los años 60 y 70: abstracción en pintura, arte cinético, happenings y hasta una especie de marketing cultural".

Marinetti vivía desde 1893 en París - bilingüe y rico, único heredero de la fortuna familiar-, donde frecuentaba un medio artístico en ebullición que comentaba esas Demoiselles d´Avignon, de 1907, que pocos habían visto en el taller de Picasso en el Bateau Lavoir, y el trabajo de Braque, con esos cubos que propiciaban la ironía de Matisse. "Exigimos que durante diez años el desnudo desaparezca de la pintura", reivindicaron los futuristas, hartos del peso de Roma y Grecia, del fardo de la Antigüedad. Y convencidos de que, tras el choque del impresionismo y postimpresionismo, las artes plásticas debían reflejar la vida moderna, con la ciudad como templo.

Enamorado de la velocidad, Marinetti la practicó. Su manifiesto es el equivalente a la cruz, la bandera y la proclama inventados por Enrique el Navegante en el siglo XIV: la novedad no será en adelante descubrir, sino el concepto mismo del descubrimiento. Así, Marinetti teoriza la revolución en el arte. Y la hace suya.

En 1911, cuando el cubismo pase del nombre burlón a un bautizo formal y el terremoto de las Demoiselles d´Avignon ponga del revés la pintura, el futurismo se habrá reivindicado, ya, como primera escuela moderna. ¿Moderno? Cuando Marinetti parió su Manifeste, la invención del velocípedo - primer medio mecánico para superar la velocidad de un peatón- cumplía cincuenta años, los mismos de la nación italiana. Y más o menos la edad de la foto, el tren, los tubos de pintura que permitieron a los impresionistas abandonar el taller y pintar la naturaleza, las cocinas eléctricas y a gas, las máquinas de lavar, el ascensor...

Los futuristas eran coetáneos del primer automóvil, el primer avión, el primer plástico, la primera aspirina, la iluminación eléctrica de las ciudades, el frío industrial, el cine...

En el Pompidou, Ottinger ha reunido 30 de los 34 cuadros - incluidas las obras maestras de la sala permanente del futurismo en el MoMA- de la exposición histórica de febrero 1912 en la galería Bernheim de París. Hay un espacio para Félix del Marle, único auténtico futurista galo, autor en 1913 del manifiesto El futurismo en Montmartre. Justicia histórica, se expone el Manifiesto de la mujer futurista, respuesta a la misoginia de Marinetti firmada por Valentine de Saint-Point, ex modelo de Rodin, autora también de un Manifiesto futurista de la lujuria, escandaloso en 1913.

Para poner a cada escuela en su sitio, la sala cubista contrapone iconografía específica - desnudos, paisajes, naturalezas muertas- a la imagen de la metrópolis moderna, propia de los futuristas. Pero como de ese afrontamiento nació en París el cubofuturismo, se puede seguir su difusión europea con sala de cubofuturistas rusos - Malevich, Popova, Goncharova-, de vorticistas ingleses, de orfistas -Léger y los Delaunay-, de sincromáticos...

En fin, la muestra incluye una instalación visual y sonora de Jeff Mills, pionero de la música tecno nacida en Detroit, cuna del automóvil y lazo entonces con los futuristas, y un coloquio internacional: filósofos, científicos e historiadores dirimirán, el 20 de octubre, si tiene porvenir el futuro. "El Pompidou responde con la muestra a su ambición de revelar cómo la mirada de los creadores - dice Ottinger- alimenta el pensamiento, la acción, la percepción propias de cada época. Es en ese sentido de la implosión de un mundo que aquel comienzo de siglo puede compararse con éste. Aunque está por ver si un diario de hoy tendría espacio en primera página para el nacimiento de una escuela artística".





http://www.lavanguardia.es/lv24h/20081020/53563413353.html

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