Arte: Nostalgia del optimismo

Una muestra en homenaje al Instituto Di Tella evoca lo mejor de la abstracción y del pop de la mítica década de 1960



Por Daniel Molina


Para LA NACION



La década del 60 es un mito que se agiganta con el tiempo. A medida que el contexto histórico en el que se desarrollaron las experiencias sociales y los movimientos artísticos que ocurrieron durante esos años se desdibuja en la memoria, las manifestaciones culturales que tuvieron lugar entonces son cada vez más revalorizadas. Es un mito que se basa en una gran paradoja: si de veras el siglo XX fue uno de los más breves -como propone Eric Hobsbawm, que lo hace comenzar tras la guerra del 14 y lo da por finalizado con la caída del Muro de Berlín, en 1989-, "los gloriosos años 60" duraron bastante más de una década, ya que incluyen muchas experiencias que surgieron en los años 50 y no acabaron hasta mediados de los 70. Desde las "Jornadas 68" en el Centro Cultural Ricardo Rojas hasta la programación completa del Centro Cultural Parque de España en Rosario, pasando por la muestra de Alberto Greco en Fundación Klemm, los años en los que los jóvenes soñaron que el cielo podía ser tomado por asalto siguen alimentando el imaginario de nuestra época.



En ese marco se sitúa la muestra Arte 60 , que curó María José Herrera en la galería Ángel Guido Art Project. Del enorme conjunto de tendencias e individualidades que surgieron en aquella época, Herrera recupera obras de cuatro corrientes; tres de ellas de fuerte impronta abstracta (el informalismo, la neoabstracción y la abstracción libre) y, como única corriente figurativa, el pop porteño. La muestra no pretende ser una retrospectiva exhaustiva de toda la ingente y riquísima producción de los años 60, sino un recorrido acotado -ya que, por ejemplo, no están representados dos movimientos tan prototípicos como el arte político o el conceptualismo- por algunos aspectos de uno de sus centros neurálgicos: el Instituto Torcuato Di Tella, al que se rinde homenaje en el 50° aniversario de su fundación, y las galerías y espacios con los que dialogaba, como Bonino o Lirolay.



Dentro de ese marco, Arte 60 rescata a muchos de los artistas más significativos de entonces: Luis Benedit, Víctor Chab, Delia Cancela, Pablo Mesejean, Manuel Espinosa, Edgardo Giménez, Sarah Grillo, Gyula Kosice, Fernando Maza, Eduardo McEntyre, Marta Minujin, Rogelio Polesello, Mario Pucciarelli, Alejandro Puente, Dalila Puzzovio, Charlie Squirru, Josefina Robirosa, Juan Carlos Romero, Kasuya Sakai, Antonio Seguí, Carlos Silva y Clorindo Testa. Salvo Kosice o Espinosa (que habían participado en los movimientos abstractos de las décadas anteriores), casi todos los demás surgieron en el marco de esa década mítica.



Las obras que integran Arte 60 se produjeron en un contexto muy diferente del actual: se trataba de una época en la que la censura y la represión política eran el pan cotidiano, y las recurrentes crisis no habían destruido aún la equidad que caracterizaba a la sociedad argentina (la mayoría de la población era de clase media). Y si bien había intensos debates culturales y una extendida educación de calidad, también las formas de vida y las ideas que conformaban el universo cotidiano eran más arcaicas: el machismo y el autoritarismo campeaban desembozadamente por el entorno familiar. Los medios masivos reflejaban a los artistas contemporáneos como disidentes, locos o extremistas. Eso, cuando no los tomaban directamente en broma.



Uno de los muchos aspectos positivos del recorte que Arte 60 escenifica es la exhibición de la enorme diversidad de propuestas estéticas que convivieron durante aquellos años, mientras se concluía con las divisiones guerreras que habían caracterizado el arte moderno desde su surgimiento. Esa división del mundo entre réprobos y puros (que podía encarnar en figurativos y abstractos o fauves y cubistas, o surrealistas y realistas, y mil "ismos" más que se contraponían unos a otros) se debilitó hasta la desaparición con el estallido de las vanguardias sesentistas. Lo interesante era la experiencia estética; el estilo o el camino eran secundarios. Algunos concretos se volvieron figurativos e imaginativos (como Kosice). El informalismo convivió con la Nueva Figuración y el pop con los ecos de Fluxus.



En el sótano de la galería hay un televisor que transmite breves fragmentos de experiencias tan idiosincrásicas de aquella época como ahora irrecuperables (lo que termina produciendo una extraña nostalgia sin objeto preciso): se ve un juego en la playa entre jóvenes desnudos (una performance realizada por Oscar Bony) y momentos de algunos de los happenings realizados por Marta Minujin y Rubén Santantonín. Esa ventana hacia el núcleo duro de los años 60 (arte efímero ligado a experiencias vitales) expresa un optimismo estético e intelectual que hoy suena sumamente atípico. Esa fe en el futuro (es decir: en nuestro tiempo) era algo que estaba en el aire de los años 60 y que ahora resulta completamente distante. Hasta lo más moderno se convierte en pasado.



FICHA. Arte 60, homenaje al Instituto Di Tella en Ángel Guido Art Project (Suipacha 1217). Hasta el 10 de noviembre.









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