Música: Se devela el misterio de la baronesa del jazz

Si la baronesa Kathleen Annie Pannonica de Koenigswarter es recordada por algo, es por su proximidad con la muerte de dos legendarios músicos de jazz. En 1955, Charlie Parker murió en un sofá en su hogar, en Manhattan; en 1982, Thelonious Monk falleció tras vivir como ermitaño durante años en su casa, en Nueva Jersey.

Por: Barry Singer. Especial New York Times



Ambas muertes convirtieron a la baronesa en tema de los titulares de los tabloides y chismes calumniosos. Casi nadie, más allá del cerrado mundo del jazz, podía conocer su historia: cómo, hasta su muerte en 1988, fue una paladina del jazz, su amiga e inusual benefactora.

Heredera de la familia Rothschild, ofreció su hogar como lugar para trabajar e incluso vivir a innumerables músicos de jazz, y también pagó sus cuentas cuando éstos no encontraban trabajo. Los trasladaba en auto a conciertos en toda Nueva York y era sabido que confrontaba a quien, en su opinión, se aprovechaba de sus amigos por ser de raza negra.

"Yo siempre la comparaba con los grandes mecenas reales de la época de Mozart o Wagner", expresó el saxofonista Sonny Rollins.

La baronesa apareció por primera vez en los clubes de jazz neoyorquinos a principios de los 50. Sedujo con su amistad a las figuras más grandes de la música: Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Miles Davis, Thelonious Monk y muchos más.

Durante mucho tiempo, su ilustre familia se negó a hablar de ella. Pero ahora, un nuevo libro, "Three Wishes: An Intimate Look at Jazz Greats" ("Tres deseos: una mirada íntima a los grandes del jazz"), permite conocer su vida personal. El libro es principalmente una colección de fotografías espontáneas de los músicos tomadas por la baronesa, y una compilación de sus respuestas a una pregunta favorita: "'¿Cuáles son tus tres deseos?". El 30 de octubre, una exposición de estas fotos y las listas de deseos abrirá en la Gallery at Hermès, en Nueva York.

El libro ofrece más información concreta sobre la baronesa de la que jamás ha sido publicada. Sin embargo, sigue siendo díficil de entender cuál fue la fuente de su vínculo extraordinariamente profundo con los músicos de jazz. Siempre le daba crédito a su hermano Victor, fanático del jazz y pianista aficionado, por introducirla al género. Poco antes de su muerte, sin embargo, reveló en una inusitada entrevista para un documental sobre Monk el momento en que su interés en el jazz creció para convertirse en algo más.

"Estaba inmersa en la vida diplomática en México", señaló, al recordar los años 1949 a 1952, cuando su esposo, el barón Jules de Koenigswarter, estaba en el servicio diplomático francés, "y yo tenía un amigo que me conseguía discos. Iba a su casa a oírlos. No podría haberlos escuchado en mi propia casa, con ese ambiente. Los oí y realmente capté el mensaje. Mi lugar era donde estaba esa música".

El gran proyecto de vida de la baronesa fue el tormentosamente inestable Monk, para quien fungía como esposa suplente al lado de Nellie, la esposa verdadera e igualmente fiel de Monk. La baronesa pagaba las cuentas del músico, lo arrastraba a una serie interminable de médicos, lo alojó con su familia en su propia casa y, cuando fue necesario, ayudó a Nellie a institucionalizarlo.

La introducción al libro aún deja sin respuesta muchas preguntas que persiguieron a la baronesa durante su vida. 'Facilitó la adicción de los músicos a quienes quería? 'Les compraba drogas? 'Era ella una consumidora de drogas? Su esposo se divorció de ella en 1956 después de la escandalosa publicidad que tuvo la muerte de Parker en la casa de la baronesa. Shaun de Koenigswarter, el hijo menor de la pareja, recientemente confirmó que el barón también obtuvo la custodia de los tres hijos más chicos.

El hecho de que la baronesa perdiera la custodia de sus hijos menores como consecuencia de su amor al jazz ilumina más la calidad maternal de su presencia en el ámbito. "Se dio cuenta de que el jazz necesitaba toda la ayuda posible", indicó Rollins, "sobre todo los músicos. Ayudó económicamente a muchos que tenían problemas, pero más que eso, estuvo con nosotros. Al estar con la baronesa, podíamos ir a lugares y sentirnos como seres humanos. No sé cómo se podría medir, pero fue algo palpable. Creo que fue una mujer heroica".







http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2008/10/27/_-01790217.htm

Comentarios

Entradas populares