Arte: Poner el alma a las cosas
Con la intención de rescatar la escala humana que considera perdida, Enio Iommi rinde homenaje a Venecia en una muestra y critica el ambiente artístico argentino, donde "el éxito es para los mediocres"
Por Julio Sánchez
Para LA NACION - Buenos Aires, 2008
"Qué aburrido es ser artista", bufa Enio Iommi mientras se sienta en el sillón de su taller de San Telmo. El lugar funciona más como show-room que como taller; decenas de esculturas, objetos y artefactos sin denominación ni rotulación yacen inmóviles, como tesoros que esperan ser descubiertos.
Iommi, vaca sagrada del arte argentino, se entusiasma con Mis nuevas realidades , su última muestra en la galería Del Infinito; él mismo explica el origen de la idea: "Leonardo da Vinci dibujó el primer automóvil; Henry Ford creó el mercado y el consumo individual con el auto en serie. Los futuristas cantaron a la belleza de la velocidad y al ritmo que aceleran las ciudades, llegando a expresar que «el auto de carrera es más hermoso que la Victoria de Samotracia», sin prevenir el futuro caótico que estamos viviendo. Frente a ello, la ciudad de Venecia sigue existiendo con escala humana, ofreciendo la dignidad del silencio y el misterio de nuestras existencias, que vuelven a ser protagonistas ante la ausencia de las máquinas. Recuperamos allí el tiempo de saber perder el tiempo. Las calles, los cafés, son nuestros espacios, desde donde nos dejamos sorprender por las pinturas de El Tintoretto o por la escultura ecuestre Il Colleoni , frente al Duomo Santi Giovanni e Paolo. Sentimos que vivimos".
La experiencia sobrevino cuando el escultor viajó a Europa pocos meses atrás para visitar a su hija, quien lo invitó a recorrer Venecia. Lo que se puede ver en la galería Del Infinito quizá desconcierte a más de uno: bolsas de plástico gris pegadas sin ton ni son en la pared, pedazos de un maniquí desarticulado y unas cuantas hormas de madera para zapatos tiradas por el piso. El conjunto está "atropellado" por un automóvil de carrera de juguete, encaramado en un pedestal tapizado de recortes de diario con noticias automovilísticas; al desorden se contraponen dos fotografías con vistas aéreas de la ciudad de Venecia.
Técnicamente, podría hablarse de una instalación, pero el rótulo no conforma al artista de 83 años, que ya tampoco se considera escultor: "Medité demasiado y dejé la escultura. Trabajé para esta exposición, pero me doy cuenta de que todo lo que sea manual o técnico entorpece la expresión de las ideas. Eso hay que dejárselo a los ingenieros; el artista está para poner el alma a las cosas. Con esta exposición me interesa rescatar la escala humana que se ha perdido, pero que se conserva en una ciudad como Venecia. El arte sirve para razonar sobre lo que uno está viviendo, Henry Ford jodió a la humanidad con su producción de automóviles en serie; hoy estamos rodeados de todo tipo de máquinas y yo me pregunto, ¿para qué?".
Este baluarte del arte concreto de los años cuarenta habla como un antifuturista y extraña las discusiones que mantenía en la calle Florida con sus colegas y amigos. Recuerda cuando lo echaron del Partido Comunista porque tacharon su arte de capitalista y degenerado, y reafirma una declaración de Ernesto Deira: "El arte no revoluciona nada".
Con su propia intuición afinada (y acaso desconociendo las predicciones apocalípticas del calendario maya para el 2012 o la entrada de Plutón en Capricornio en estos días), Iommi percibe que "estamos en un momento crítico, hay algo que va a reventar. No sé muy bien por dónde, pero la sensación es parecida a la que viví después de final de la Segunda Guerra. Entonces había una paralización del arte, todo era muy afrancesado. Hoy ya no hay lucha en el arte, todo se hace para vender, se crean artistas para hacer dinero. Es muy triste ser artista en la Argentina, el éxito es para los mediocres. No estoy contra el dinero, pero soy libre para hacer lo que quiero; siempre le digo a mi galerista que conmigo se va a fundir, lo mío es difícil de vender".
También es cierto que lo suyo en Del Infinito necesita de otro aparato teórico para ser interpretado, ya que la instalación es a la vez excusa y estorbo para enunciar una idea. Iommi siente que la escultura ya no le da posibilidades, aunque sí el arte: "Después de ver la muestra de Tomás Maldonado en el Museo Nacional de Bellas Artes, me di cuenta de lo que él quiso hacer, pero sin la aventura de seguir aportando su expresión pictórica. Me di cuenta que había que tirar cosas por la ventana; sé que estamos en un momento crítico y todos tenemos que ayudar para que reviente de una vez, sólo así podrá aparecer algo realmente nuevo".
Ficha
Enio Iommi en Del Infinito Arte (Av. Quintana 325, PB). Hasta mediados de diciembre.
http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1074936


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