Arte: Tres muestras imperdibles en Nueva York
En esta nota, la propuesta de un paseo que revela los tesoros del arte que guardan algunos museos de la Gran Manzana
Por Alicia de Arteaga
De la Redacción de LA NACION
Alejados del Meatpack district, el distrito de las galerías de arte contemporáneo más resonantes de la actualidad, hay lugares en Manhattan que merecen una visita sosegada. Imposible perderse el Museo de Arte Moderno en la calle 53. Su edificio bien vale la visita, ni hablar de la cantidad increíble de obras de las vanguardias del siglo 20 con Picasso y sus "Señoritas de Avignon" a la cabeza.
Hay en este momento, hasta el 5 de enero, una muestra sobre Van Gogh y los colores de la noche (así es el título en inglés) con una selección de obras y un montaje inmejorable. ¡Otra vez Van Gogh! dirán algunos, ¿qué más se puede agregar a lo que todo el mundo sabe? Mucho, muchísimo. La muestra recorre la producción de Van Gogh desde su comienzo en Holanda hasta el final en la Provenza francesa, poniendo el énfasis sobre aquellas en las que explora el tema del atardecer y de la luz.
Los curadores han logrado reunir obras dispersas del artista y el conjunto es conmovedor: grandes lienzos conviven con bocetos, sus cartas a su hermano Théo y a sus amigos, en donde tenemos acceso a la intimidad del artista y a la génesis de la obra. Sus trazos en tinta en un par de papeles y las pinceladas superpuestas nos sitúan muy cerca de él, en la expresividad del gesto sentimos la fuerza de un hombre en lucha. La silla vacía de su amigo Gauguin, las callecitas de Arles, el interior del bar, la costa del río Rhone, la noche estrellada, todos hitos de su corta vida. Es aconsejable ir con tiempo porque la entrada es restringida a un número de personas por vez, y se dan turnos.
Siguiendo por la Quinta Avenida se llega al imponente edificio del Metropolitan Museum, que entre todas las muestras que ofrece hay una que homenajea al pintor italiano Giorgio Morandi, en una retrospectiva pensada en Italia. Morandi fue un pintor sereno que vivió una vida alejada de las luces de la fama en Bologna, su ciudad natal. Fue reconocido por una elite ilustrada ya en su vejez y es el favorito de coleccionistas italianos que lo atesoran junto a los tajos monocromáticos del gran Lucio Fontana.
Morandi no necesita grandes temas, explora los colores y las formas en unas naturalezas muertas con cacharros con una sensibilidad extrema. En eso se parece a nuestro pintor Daneri, le bastan unos gajitos de frutas para componer unas imágenes increíbles. De nuevo nos encontramos con un pintor-pintor, la materia forma parte de sus búsquedas junto con una paleta de tonalidades terrosas. Continúa hasta el 14 de diciembre.
Los colores del otoño nos acompañan por el Central Park, y unas cuadras más allá, doblando por la calle 86, llegamos a la Neue Gallery, pequeño museo dedicado al arte austríaco y alemán cuyo mentor fue Ronald Lauder, el magnate de los cosméticos. La casa, elegantísima, está ambientada con muebles y objetos decorativos austríacos de los primeros años del 20, y reproducen el ambiente de una casa vienesa en donde conviven las bellas artes con las artes aplicadas. Los cuadros exhibidos solamente en la sala principal ameritan el paseo: unos lienzos de Gustav Klimt y Egon Schiele que cortan el aliento.
La atracción del museo es el retrato de Adele Bloch-Bauer pintado por Klimt en 1907, famoso por su derrotero y por ser uno de los cuadros más caros del mundo, que está arriba de la chimenea. Lauder compró este cuadro a la familia Altmann, descendientes de Bloch-Bauer, luego de que el estado austríaco les restituyera las obras de arte expoliadas por los Nazis. La bella y sofisticada Adele había terminado en el principal museo de Viena y los únicos herederos llegaron a Estados Unidos huyendo del horror de la Segunda Guerra sin ningún patrimonio. El caso de la restitución fue seguido por la prensa y la dama se hizo famosa por ser en su momento el cuadro más caro jamás pagado. El oro forma parte del mismo ya que Klimt se inspiró en los mosaicos bizantinos e incluyó láminas de oro junto al óleo en el vestido. El cuadro es soberbio y demuestra la maestría del artista. En la misma sala está acompañado por un paisaje del mismo Klimt y unos desnudos de Schiele de línea expresiva y una vista aérea de una aldea rural con los techos amontonados, todo el conjunto vale unos cientos de millones. Hay también obras de Kokoschka y de los artistas expresionistas alemanes.
Hasta el 26 de enero hay una muestra temporaria en el piso de arriba dedicada a Alfred Kubin, un eximio dibujante austríaco que vivió recluído en los Alpes con una imaginación desbordante y truculenta. Vaya preparado porque no es una muestra apta para gente susceptible. Hasta el 26 de enero. Hay en la Neue un café, el Sabarsky, bautizado así en honor al coleccionista y amigo de Lauder, inspirado en los cafés vieneses de principios de siglo, ambientado con muebles de Hoffmann y Adolph Loos y otro café, el Fledermaus, inspirado en el famoso cabaret.
A la salida descanse enfrente en el Central Park, y admire los dorados de los Ginkos o simplemente dejese llevar por las calles de este vecindario rico y apacible.
http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1073756

Comentarios