Debate: La noche de los museos, según Sarlo
El contraste social quedó al descubierto en la gran movida cultural de la Ciudad en pasado sábado
Beatriz Sarlo
Para LA NACION
La Noche de los Museos, que logró reunir a más de 450.000 personas, indica algo que los políticos porteños o saben o deben aprender muy rápidamente (Mauricio Macri, en las primeras semanas de gobierno, no dio señales de saberlo).
Gobernar Buenos Aires sin propuestas de movida cultural es como gobernar Mar del Plata y no interesarse por el turismo. Por eso, el presupuesto de Cultura de la ciudad es comparativamente más alto que el destinado a otros lugares del país.
Ciudades similares, como Rosario, se han hecho cargo de esta misma inversión ineludible. Y, por supuesto, no fue un dispendio anteanoche entregar decenas de miles de catálogos con la programación. Quedan como índice de los museos de la ciudad.
A los porteños les gustan las movidas culturales, incluso cuando ellas tienen lugar a 300 metros de reductos miserables; incluso cuando los que se desplazan en la noche pasen al lado de los que ya están durmiendo en los zaguanes y parques, molestos por el tránsito de tanta gente entusiasmada. Esta mezcla de ciudad de la miseria y ciudad de la cultura no se encuentra en los lugares prósperos, como Berlín o Amsterdam, que también tienen sus noches de los museos.
Lo sucedido el sábado en Buenos Aires demuestra algo que los turistas extranjeros ya saben: que muchos barrios porteños (no todos) pueden ser recorridos de noche.
Resultaría difícil imaginar una Noche de los Museos en otras ciudades latinoamericanas, a menos que una vastísima organización de seguridad persuadiera a paseantes renuentes de que, en esas ciudades, nunca caminan de noche o simplemente nunca caminan ni toman transporte colectivo. En esas ciudades latinoamericanas, el público no anda tan suelto de cuerpo.
Pros y contras en el cine
El acontecimiento central de la Noche de los Museos fue la proyección de Metrópolis, de Fritz Lang, al aire libre, junto al viejo Munich de la Costanera Sur.
La pantalla era demasiado pequeña y la intervención de luces sobre el edificio competía con la baja calidad de la proyección. La potencia de la música en vivo desequilibraba la imagen, como si nadie se hubiera planteado que el cine ecualiza imagen y sonido, incluso cuando se busca un conflicto entre ambos; la música era un continuo de volumen máximo, como si la única forma de ponerle sonido al cine mudo fuera ensordecerlo.
Sin embargo, algo genuino pasaba en la explanada de la vieja Munich (hoy, Centro de Museos de la Ciudad); allí había miles de personas para las cuales vale la pena plantearse los problemas inscriptos en la proyección de un clásico al aire libre, con música contemporánea como ámbito sonoro. Y se hizo evidente la ausencia o la distracción del director de ese montaje gigantesco.
Llegaban muchos a la Costanera Sur desde el inevitable Museo de la Pasión Boquense. Si los jóvenes estaban en la Costanera mirando el filme de Fritz Lang, las familias recibían en La Boca el prendedor blanco con el logo de ese espacio ultradiseñado cuya entrada, salvo el pasado sábado a la noche, tiene un valor inusualmente alto para Buenos Aires.
El arco de La Boca a Costanera Sur fue social y generacional. Otro de los extremos de ese arco se apoyaba en la Plaza de los Corrales de Mataderos. La visita al Museo Criollo resultó altamente pedagógica: el año próximo, la ciudad de Buenos Aires tendrá la oportunidad de presentar un lugar que, sin el control monotemático del museo boquense, pruebe la voluntad pública de tomar en serio un depósito de objetos de la tradición criolla. La Noche de los Museos puede servir también para mostrar la pereza del Estado en los confines pobres de la ciudad.
Cerca, en el pasaje Lanín, los visitantes extranjeros de Barracas se mezclaban con los amigos de Marino Santa María, el artista que, una vez más, había "intervenido" el bello paredón de ladrillos que contiene el terraplén del ferrocarril. Si La Boca es un barrio que el turismo y el pintoresquismo han exteriorizado, Barracas, en el Lanín, conserva las cualidades íntimas que todavía sostienen un tejido de viejos conocidos barriales.
La vida verdadera (no la noche excepcional, sino los grupos que habitualmente producen la noche porteña) hacía cola para bajar al pasaje que cruza Avenida del Libertador a la altura de la avenida Sarmiento, donde estaba la movida del skate-art; en las paredes del túnel, arte callejero; dando vueltas o escuchando a la banda de rock, gente que parecía entender perfectamente por qué estaba ahí.
En el túnel de los skaters, el sonido era perfectamente adecuado y, entonces, quien llegaba de la Costanera podía pensar: "¿Por qué acá la música funciona y allá, no?". El clima evocaba Buenos Aires No Duerme, que hace once años promovió Darío Lopérfido, secretario de Cultura de la ciudad a fines de los años 90, un evento con la gracia de un desprolijo laboratorio musical, plástico, poético, de performance, que durante dos semanas no cerraba nunca. El actual secretario de Cultura, Hernán Lombardi, seguro que se acuerda.
El boceto de Testa
En la explanada de la Biblioteca Nacional, con luces bajas, espejos y pequeñas pantallas de video, la instalación-performance de Enrique Banfi sobre Borges dibujaba una esfera irregular, refinada y tranquila.
Una actriz, arrodillada junto a un boceto de Clorindo Testa, pasa, una tras otra, las hojas del libro que ha apoyado en el suelo. Otra, casi idéntica, camina en diagonal por la explanada, abre una puerta, se aleja casi hasta desaparecer; se oye el rugido de un tigre, la voz de Borges, un tango; una mujer, igual a las anteriores, sostiene un saxo; otra, detenida a algunos centímetros de quien la observa, mira en diagonal, hacia afuera; las mujeres se deslizan y se detienen, introspectivas. El boceto de Testa, que se ve perfecto y nítido, parece el cuadro mejor expuesto de la noche.
454.000
personas
Casi medio millón de porteños y turistas recorrieron los museos, centros culturales y espacios de arte que dedicaron la noche a la cultura.
28.828
visitantes
El Centro Cultural Recoleta, con sus múltiples ofertas artísticas, es el que más personas recibió, según informó el Ministerio de Cultura.
14.000
espectadores
La proyección del film mudo Metrópolis, del realizador alemán Fritz Lang, atrajo a gente de todas las edades en la ex confitería Munich.
120
sedes
La Noche de los Museos se desarrolló en una variedad de instituciones privadas y estatales; 29 de ellos participaron por primera vez.
11
recorridos
El gobierno porteño organizó circuitos por distintos barrios de la ciudad, con transportes gratuitos. Este año se incorporaron Boedo, Caballito, La Boca y Barracas.
http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1071041

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