Cine: Alemania recrea la historia de la RAF

La película de Uli Edel ha echado mano de la mejor plantilla de actores, con un resultado notable


Rafael Poch, corresponsal en Berlín

Con "Der Baader Meinhof Komplex" (El Complejo Baader Meinhof), el cine alemán, vuelve a ser noticia. Llegó muy alto con películas recientes tan potentes como "El Hundimiento" y "La Vida de los otros". Ahora echa mano de sus mejores actores (Bruno Ganz, Moritz Bleibtreu, Martina Gedeck, Johanna Wokalek…), realizadores y guionistas, para retratar un episodio singular y dramático de su historia de los años sesenta y setenta: la génesis y eclosión del terrorismo de la RAF.

Aquella "Fracción del Ejército Rojo", autora de treinta y cuatro asesinatos, que pasó a la historia como "Banda Baader-Meinhof", queda retratada sin concesiones líricas: unos tipejos duros, despiadados, unos "fachas"; fanáticos dogmáticos, y, en el caso de Baader -que llamaba "coños" a las mujeres y gustaba de los coches deportivos- con ribetes de chorizo.

Su contexto era una Alemania en la que los ex nazis daban lecciones de anticomunismo a todo aquél que se saliera de la fila, donde el estudiante Benno Ohnesorgs caía bajo las balas policiales por protestar por la visita del Sha a Berlín, la ciudad en la que el líder estudiantil Rudi Dutschke era también tiroteado. Y como telón de fondo, la masacre de entre dos y cuatro millones de vietnamitas, allá en el lejano sudeste asiático. El activismo surgió de ahí. La minoría juvenil radicalizada hasta el punto de matar, era algo corriente en el panorama europeo de entonces, donde había mucho más terrorismo que ahora. En Grecia, Italia, Francia, Inglaterra, y otros países europeos, había grupos armados con credos parecidos, pero la RAF era capítulo aparte.

Hubo una manera muy alemana, particularmente rígida y dogmática, de ser terrorista, y otra manera, también muy alemana, de lidiar con todo aquello; aquel "Bild Zeitung", el periódico de cinco millones de tirada que explotaba y alimentaba la miseria plebeya de la cultura política nacional (la RAF puso una bomba en su sede), toda aquella identificación automática con el estado sin la cual el nazismo no hubiera sido posible. Claro, era una Alemania democrática, pero en aquel contexto y en aquellas condiciones.

La RAF fue un producto tan alemán como el estado que criticaba por "fascista" y "cómplice del imperialismo". A diferencia de sus homólogos franceses, italianos y demás, que inspiraron fenómenos sociopolíticos y culturales, la RAF no dejó nada. Culturalmente fue una confirmación de lo peor de la tradición nacional. También fue un ghetto criminal, que actuaba dentro de una sociedad de súbditos, tradicionalmente poco democrática, políticamente subdesarrollada para su contexto europeo, en la que la gente de derechas nunca se mezclaba con la gente de izquierdas, ni la de pelo largo con la de pelo corto, y donde las sectas de la izquierda, vivían cada una en su respectiva celda. Aquellos jóvenes que se rebelaron contra aquel estado, llevaban dentro el germen del peor de los estados alemanes.

Los suicidios de la prisión de alta seguridad de Stammheim fueron la última bomba de Baader y sus compañeros. Consecuentes hasta el final, como Hitler en el bunker. El mito de que habían sido asesinados fue su desesperada última bomba. Quien lo iba a decir: el personaje más simpático de la película es nada menos que Horst Herold (Bruno Ganz), el jefe del BKA, la Oficina de Investigación Criminal, que entonces experimentaba con el ordenador policial, y era presentado como la encarnación de un mundo orwelliano por la Alemania contestataria. Curiosamente, las sospechas de "bigbrotherización" de la sociedad que Herold encarnaba, son hoy menores, pese a que entonces la informatización policial estaba en sus inicios y era algo muy ingenuo comparado con los actuales desarrollos.

Dirigida por Uli Edel, la película se basa en el libro del mismo título de Stefan Aust, que ha sido un "best seller" en Alemania. Aust dirigió durante doce años el semanario "Der Spiegel", pero mucho antes había trabajado en "Konkret", la revista de Hamburgo de la que Ulrike Meinhof era brillante columnista. Aust Conoció directamente a muchos de los personajes de aquel drama.






http://www.lavanguardia.es/cultura/noticias/20081215/53600171269/alemania-recrea-la-historia-de-la-raf.html

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