Debate: El futuro de las bienales
¿Hay que defender los envíos nacionales a estos encuentros? ¿O dejar la elección de las obras y los artistas en manos de un curador general? Ése fue uno de los debates que surgieron en Sao Paulo; en 2009, Venecia tomará la posta
Por Sergio Baur
Para LA NACION
La Bienal de Venecia, creada en 1895, ha sido uno de los espacios culturales más prestigiosos en el campo de las artes visuales, al promover nuevas tendencias artísticas y organizar muestras de arte contemporáneo desde su fundación. Su formato, inspirado en las exposiciones universales que deslumbraron al público a finales del siglo XIX, contó desde entonces con envíos nacionales, la mayoría de ellos albergados en pabellones individuales, propiedad de los distintos países que exhiben allí las glorias de su arte nacional.
Desde su inicio hasta la actualidad, la proliferación de bienales ha sido de tal magnitud -en el presente existen más de doscientas- que la curadora y crítica francesa Catherine David ha denominado "bienalitis" la adicción cultural de los países por ser sede de este tipo de acontecimientos. Las temáticas varían según su localización regional, sus discursos artísticos o, simplemente, como un elemento más para atraer a miles de visitantes a una ciudad que de otra manera, quizá, no despertaría la atención del mainstream del arte contemporáneo.
En el año 1951 surgió una versión latinoamericana como respuesta a la Bienal de Venecia, y demostró que una ciudad como San Pablo, comprometida con el progreso, con vocación de protagonismo en el escenario internacional y con un movimiento artístico local, sólido y vanguardista, podía convertirse cada dos años en un referente de la plástica contemporánea, diferenciándose de su predecesora con una mirada más alternativa y el acento puesto en el continente americano.
La Argentina no estuvo en esa primera convocatoria, ausencia lamentada por el crítico Jorge Romero Brest, entonces director de la revista Ver y Estimar , que declaró: "Todo el mundo pregunta en Europa y América: ¿cómo son la pintura y la escultura argentinas? ¿Quiénes, los buenos artistas argentinos? ¿Cuáles, las tendencias predominantes?" La siguiente edición de la Bienal, en 1953, recibió un contundente y exitoso envío argentino concentrado en el núcleo de los principales artistas abstractos del momento, y se estableció desde entonces una continua presencia en la exposición paulista.
El clásico diálogo entre el curador general de una bienal y el curador designado por el país ha conformado a lo largo de tantas ediciones un capítulo representativo para la historiografía del arte. En el terreno de la diplomacia cultural, los envíos a las bienales constituyen un lugar destacado de la agenda cultural internacional.
Alejandría, Taichung, Porto Alegre, Manchester, Berlín, Estambul, Shanghái, Houston, Puglia o Singapur completan una nueva cartografía en el planisferio de las artes visuales, cuyas citas son bienales que durante cinco o seis días muestran la extraordinaria creatividad del conflictivo mundo del arte actual. Homologando los conceptos de la comercialización más agresiva, con lemas tan seductores como From Trash to Trash , Produciendo posibilidades , El suertudo número siete , Cómo vivir juntos , etc., las bienales convocan a nuevos públicos con atractivas propuestas de seminarios, actividades performáticas, ciclos de cine y entrevistas a los popes del arte contemporáneo.
La vieja concepción y el formato de la Bienal de Venecia parecen quedar cada vez más atrás. Como elemento distintivo, la presencia de pabellones nacionales permanentes evita la actual tendencia del resto de las bienales a suprimir estos envíos y dejar en la decisión del curador general la elección de las obras y de los artistas que formarán parte de la muestra.
La última edición de la Bienal de San Pablo fue quizás uno de los acontecimientos más polémicos de las artes plásticas del presente año, ya que a todas las transformaciones existentes para este tipo de encuentros se sumó la propuesta del talentoso curador y crítico de arte Ivo Mesquita, centrada en una bienal vacía o, mejor dicho, con pocas obras de artistas que trabajan en el límite entre realidad y ficción, entre memoria personal e historia.
Con motivo de la finalización de esta edición, se convocó a un grupo de responsables gubernamentales de distintos países, coordinado por el curador Jacopo Crivelli Visconti, con el título de Backstage , para discutir sobre el futuro de las bienales y el rol que el Estado debe ocupar en la selección de los envíos.
Quienes defendieron la continuidad de los envíos nacionales a las bienales de arte coincidieron en destacar que la supresión de esta presencia tiende a convertirlas en amplias exposiciones de arte contemporáneo, cuya lectura resulta horizontal en la mayor parte de los casos. Otra dificultad advertida es el escaso tiempo existente entre la designación del curador general y la inauguración de la bienal, que imposibilita el descubrimiento de nuevos talentos y de propuestas alternativas para la presentación.
Con respecto a la financiación, los Estados siempre han tenido un papel significativo, haciéndose cargo de sus envíos y, en muchos casos, colaborando con la institución. La participación de un Estado a través de una exclusiva contribución financiera desnaturaliza su función de promoción y difusión cultural, para convertirla en una acción -siempre valiosa- de cooperación cultural internacional.
Pero los objetivos iniciales y las nuevas propuestas se recrean con el observador y al mismo tiempo lo enriquecen. Esta 28a edición fue una bienal que habló de las bienales. Estimuló al público para investigar en las redes de producción de estos encuentros, y su emblemático espacio del segundo piso, completamente vacío, homenajeó, quizá sin proponérselo, a su creador Oscar Niemeyer, al transformar el edificio del Parque de Ibirapuera en la obra de arte que siempre ha contenido otras obras. En una bienal despojada, el recinto fue ocupado por las palabras de más de doscientos especialistas de todas partes del mundo que utilizaron esas instalaciones para pensar qué es lo que sucederá en el futuro con las bienales.
El artista Carsten Höller, que intervino en 2006 la Turbina de la Tate Modern de Londres y estuvo presente en la última Bienal de Sao Paulo, afirmó que tal vez hubiera miedo de no saber lo que iba a ocurrir, pero que no debíamos temer, que era algo para ser experimentado. De eso se trata, de reflexionar sobre el arte.
(El autor es historiador y diplomático)
Para LA NACION
La Bienal de Venecia, creada en 1895, ha sido uno de los espacios culturales más prestigiosos en el campo de las artes visuales, al promover nuevas tendencias artísticas y organizar muestras de arte contemporáneo desde su fundación. Su formato, inspirado en las exposiciones universales que deslumbraron al público a finales del siglo XIX, contó desde entonces con envíos nacionales, la mayoría de ellos albergados en pabellones individuales, propiedad de los distintos países que exhiben allí las glorias de su arte nacional.
Desde su inicio hasta la actualidad, la proliferación de bienales ha sido de tal magnitud -en el presente existen más de doscientas- que la curadora y crítica francesa Catherine David ha denominado "bienalitis" la adicción cultural de los países por ser sede de este tipo de acontecimientos. Las temáticas varían según su localización regional, sus discursos artísticos o, simplemente, como un elemento más para atraer a miles de visitantes a una ciudad que de otra manera, quizá, no despertaría la atención del mainstream del arte contemporáneo.
En el año 1951 surgió una versión latinoamericana como respuesta a la Bienal de Venecia, y demostró que una ciudad como San Pablo, comprometida con el progreso, con vocación de protagonismo en el escenario internacional y con un movimiento artístico local, sólido y vanguardista, podía convertirse cada dos años en un referente de la plástica contemporánea, diferenciándose de su predecesora con una mirada más alternativa y el acento puesto en el continente americano.
La Argentina no estuvo en esa primera convocatoria, ausencia lamentada por el crítico Jorge Romero Brest, entonces director de la revista Ver y Estimar , que declaró: "Todo el mundo pregunta en Europa y América: ¿cómo son la pintura y la escultura argentinas? ¿Quiénes, los buenos artistas argentinos? ¿Cuáles, las tendencias predominantes?" La siguiente edición de la Bienal, en 1953, recibió un contundente y exitoso envío argentino concentrado en el núcleo de los principales artistas abstractos del momento, y se estableció desde entonces una continua presencia en la exposición paulista.
El clásico diálogo entre el curador general de una bienal y el curador designado por el país ha conformado a lo largo de tantas ediciones un capítulo representativo para la historiografía del arte. En el terreno de la diplomacia cultural, los envíos a las bienales constituyen un lugar destacado de la agenda cultural internacional.
Alejandría, Taichung, Porto Alegre, Manchester, Berlín, Estambul, Shanghái, Houston, Puglia o Singapur completan una nueva cartografía en el planisferio de las artes visuales, cuyas citas son bienales que durante cinco o seis días muestran la extraordinaria creatividad del conflictivo mundo del arte actual. Homologando los conceptos de la comercialización más agresiva, con lemas tan seductores como From Trash to Trash , Produciendo posibilidades , El suertudo número siete , Cómo vivir juntos , etc., las bienales convocan a nuevos públicos con atractivas propuestas de seminarios, actividades performáticas, ciclos de cine y entrevistas a los popes del arte contemporáneo.
La vieja concepción y el formato de la Bienal de Venecia parecen quedar cada vez más atrás. Como elemento distintivo, la presencia de pabellones nacionales permanentes evita la actual tendencia del resto de las bienales a suprimir estos envíos y dejar en la decisión del curador general la elección de las obras y de los artistas que formarán parte de la muestra.
La última edición de la Bienal de San Pablo fue quizás uno de los acontecimientos más polémicos de las artes plásticas del presente año, ya que a todas las transformaciones existentes para este tipo de encuentros se sumó la propuesta del talentoso curador y crítico de arte Ivo Mesquita, centrada en una bienal vacía o, mejor dicho, con pocas obras de artistas que trabajan en el límite entre realidad y ficción, entre memoria personal e historia.
Con motivo de la finalización de esta edición, se convocó a un grupo de responsables gubernamentales de distintos países, coordinado por el curador Jacopo Crivelli Visconti, con el título de Backstage , para discutir sobre el futuro de las bienales y el rol que el Estado debe ocupar en la selección de los envíos.
Quienes defendieron la continuidad de los envíos nacionales a las bienales de arte coincidieron en destacar que la supresión de esta presencia tiende a convertirlas en amplias exposiciones de arte contemporáneo, cuya lectura resulta horizontal en la mayor parte de los casos. Otra dificultad advertida es el escaso tiempo existente entre la designación del curador general y la inauguración de la bienal, que imposibilita el descubrimiento de nuevos talentos y de propuestas alternativas para la presentación.
Con respecto a la financiación, los Estados siempre han tenido un papel significativo, haciéndose cargo de sus envíos y, en muchos casos, colaborando con la institución. La participación de un Estado a través de una exclusiva contribución financiera desnaturaliza su función de promoción y difusión cultural, para convertirla en una acción -siempre valiosa- de cooperación cultural internacional.
Pero los objetivos iniciales y las nuevas propuestas se recrean con el observador y al mismo tiempo lo enriquecen. Esta 28a edición fue una bienal que habló de las bienales. Estimuló al público para investigar en las redes de producción de estos encuentros, y su emblemático espacio del segundo piso, completamente vacío, homenajeó, quizá sin proponérselo, a su creador Oscar Niemeyer, al transformar el edificio del Parque de Ibirapuera en la obra de arte que siempre ha contenido otras obras. En una bienal despojada, el recinto fue ocupado por las palabras de más de doscientos especialistas de todas partes del mundo que utilizaron esas instalaciones para pensar qué es lo que sucederá en el futuro con las bienales.
El artista Carsten Höller, que intervino en 2006 la Turbina de la Tate Modern de Londres y estuvo presente en la última Bienal de Sao Paulo, afirmó que tal vez hubiera miedo de no saber lo que iba a ocurrir, pero que no debíamos temer, que era algo para ser experimentado. De eso se trata, de reflexionar sobre el arte.
(El autor es historiador y diplomático)

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