Cultura: Escribir la historia

Por María López González

La importancia de lo narrativo en el arte indio es un rasgo inherente a una sociedad moderna pero fuertemente marcada por la tradición, en la que todavía abunda el analfabetismo, y que está acostumbrada al discurso narrativo visual, a través de, por ejemplo, las representaciones teatrales de episodios del Ramayana, las esculturas y las pinturas de los templos hindúes, los pósters de las películas de Bollywood o los carteles urbanos de campañas de concienciación para la salud sexual, el ahorro de agua o para fomentar la escolarización.

Contar historias. La abstracción, asociada al arte de contar historias, ha sido una constante del folclore popular indio y el arte tradicional, y ha servido de inspiración para los artistas modernos, que han sabido encontrar en su propia cultura, sin necesidad de mirar hacia Occidente, el punto de partida para el arte indio contemporáneo.

El Modernismo comenzó en Calcuta, en el seno de la familia Tagore, durante la época colonial (1905). Abanindranath Tagore fue el fundador de la Escuela de Bengala, y desarrolló sus trabajos en la Universidad de Santiniketan, junto con figuras relevantes de la pre-independencia india como Rabindranath Tagore y Nandalal Bose. Desde allí dieron a conocer el expresionismo germánico, las miniaturas mogolas y la maestría en el uso de la tinta en el arte chino y japonés. La introducción de motivos folclóricos y tipos populares fue una tendencia que también siguieron, durante los años treinta y cuarenta, artistas como Jamini Roy o Amrita Sher-Gil, pintora indio-húngara de agitada y breve vida. La artista inspiró a Salman Rushdie para uno de los personajes de El último suspiro del moro y es, para algunos, la verdadera introductora del Modernismo en La India, en detrimento de los Tagore.

Reafirmación y asimilación. Hasta décadas después de la independencia asistimos a un proceso de reafirmación y asimilación de influencias externas que deriva en múltiples tendencias, entre las que destaca el PAG de Bombay (Progressive Artists Group) en el que se inscriben autores tan importantes como Newton Souza o M. F. Hussain. La tentación de sintetizar es grande, pero más fuerte es el sentimiento cíclico, el eterno retorno que impera en todas las historias indias, también en la del arte.

Ya en los setenta, la influyente crítica y comisaria Geeta Kapur vio la necesidad de que el arte indio se situara más allá de la dicotomía indio-occidental para conseguir un lugar propio, genuino en el mercado internacional. En los ochenta se da un cierto rechazo de la abstracción, y muchos artistas vuelven a la pintura figurativa tomando como fuente de inspiración al pueblo. La exposición Place for the people (1981-82), en la que participaron autores como Jogen Chowdury, Arpita Singh, Gu-lammohammed Sheikh, Vivan Sundaram, Nalini Malani o Bhupan Khakhar (la mayoría de ellos en ARCO), sirvió como manifiesto de una nueva sensibilidad que reclamaba la vuelta a lo concreto, lo local y contemporáneo, a través de técnicas que exploraban la autobiografía del artista y su intención comunicativa.

El icono, el símbolo, se ha convertido para los artistas en un medio de cuestionar valores y comportamientos sociales o políticos, en vehículo de protesta en el que se mezclan los motivos religiosos o mitológicos con estrellas de Bollywood o figuras de la política como Indira o Sonia Gandhi. Este es el caso de Atul Dodiya, también en ARCO, en cuya obra podemos rastrear la historia reciente del país.

Cariz conceptual. En los noventa, otro grupo de artistas, entre los que destacan Jitish Kallat y Baiju Parthan, comienza a decantarse por un arte conceptual que emplea todo tipo de materiales no convencionales en sus obras e instalaciones, tales como la fotografía digital, Internet y las nuevas tecnologías, placas de metal o materiales de construcción y de deshecho. Con ellos pretenden crear nuevos espacios y comunidades virtuales a través de la apropiación de discursos e imágenes del modernismo occidental: mediante la ironía, las alegorías conceptuales de los artistas indios reclaman su idiosincrasia en la posmodernidad artística.

Entre 1980 y el año 2000, India atraviesa una etapa de cambios e intercambios radicales que la han convertido en punto de referencia ineludible del mundo globalizado. La liberalización económica, la fragmentación política del Estado, el fanatismo y el terrorismo son los signos de esta nueva era. En estas décadas se da una integración estética, un equilibrio, a pesar de la polarización de conceptos e ideologías, que conforma diversas tendencias y enfoques a través del experimentalismo radical y mediante la incorporación de nuevas tecnologías. Las instalaciones y las vídeo-instalaciones se han convertido así en el medio de expresión de varios autores contemporáneos. Los artistas denuncian en sus proyectos las desigualdades que prevalecen en la sociedad india asediada por conflictos sociales, políticos, religiosos y medio-ambientales. Así, Vivan Sundaram, en su instalación Memorial, denuncia la demolición por fundamentalistas hindúes de la mezquita de Babri, mientras que Subodh Gupta emplea en sus montajes e instalaciones estiércol de vaca como símbolo de la identidad india.

La exposición Picturing the Body, celebrada en Nueva Delhi en diciembre de 2008 y comisionada por el artista español José Abad, es una buena muestra del arte contemporáneo indio. Las creaciones de diversos artistas (sobre todo fotografía y vídeo-instalaciones) se distribuyen por las habitaciones de la casa de Abad, creando espacios íntimos en los que mostrar realidades tangibles y espirituales, deseos y perspectivas relacionadas con la percepción de nosotros y de nuestros cuerpos. La vídeo-instalación Trans, de Tejal Shah, también invitada a ARCO, en el televisor de una sala de estar, muestra los difusos límites del género y la identidad sexual tradicionalmente establecida.

Entre los más valorados. El arte visual indio se encuentra entre los más valorados del momento actual. La Relaciones Públicas de FICA (Foundation for Indian Contemporary Art), Parul Vadehra, considera que el arte contemporáneo indio sólo puede crecer, dato que confirma la elevada cotización que están alcanzando en el mercado algunas obras de autores como Ram Kumar o M. F. Hussain. Lo que da unidad al arte contemporáneo visual indio, según P. Vadehra, es que «nuestra cultura tiene más de 5.000 años, así que para los artistas es fácil escoger entre toda la variedad que ésta ofrece y combinar motivos tradicionales con influencias globales y contemporáneas». Por otro lado, la directora de la galería Arun Vadehra, Roshini Vadehra, pretende abrir un Museo de Arte Moderno y Contemporáneo para el año 2010 en Nueva Delhi, y confía en que el Estado, que hasta el momento ha dejado que el arte actual fuera gestionado por particulares y galerías privadas, se involucre en el proceso -muy rentable según los últimos estudios- de contribuir a su expansión.

¡La historia continúa?

http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=11389&num=889&sec=36

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