Cultura: Operas en los cines: entre los aplausos de unos y los abucheos de los puristas

Mientras que los detractores afirman que el público perderá el gusto por la experiencia en directo, los más optimistas celebran que la emisión de Lucia di Lammermoor de Donizetti, con Anna Netrebko, ya se pudo ver en 31 países en alrededor de 850 cines.

Por: Daniel Wakin - The New York Times y Clarín
Durante 400 años, los seres humanos se han subido a un escenario y han expresado la pasión a través del canto. Se erigieron grandes edificios para actuar en ellos. Los nobles y los ricos le rendían homenaje con dinero y devoción.

La ópera, la más electrizante de las artes superiores, se destaca por haber permanecido inalterable durante su historia, adaptándose a teatros más grandes, a luces eléctricas, a maquinaria escénica electrónica y a la industria de las discográficas. Ha persistido a pesar de las oleadas de nuevos medios que compiten por nuestra atención, desde la televisión hasta
Twitter.

Pero ahora ha surgido otra fuerza, una con el potencial para transformar la forma que tenemos de producir y recibir la ópera. Pueden ir a verla en los cines de su ciudad.

Gracias en gran medida a los esfuerzos de la Metropolitan Opera de Nueva York, cientos de miles de personas en todo el mundo están viendo espectáculos de ópera en directo en los cines y muchos otros, en proyecciones repetidas.

Cerca de una docena de empresas de ópera están emitiendo sus propios espectáculos. No obstante, a pesar de que la innovación de la Met, introducida y presidida por su director general, Peter Gelb, ha sido aplaudida por muchos, algunos han expresado su preocupación por los efectos a la larga sobre esta expresión artística.

Sus detractores afirman que este movimiento implicará una programación más conservadora, que la voz pasará a estar subyugada a la apariencia y que el público estará entrenado para oír algo electrónico y perderá el gusto por la experiencia en directo. A algunos les preocupa que la formación de la voz cambie, que la capacidad de proyectar la voz pierda importancia y que la iniciativa de la Met sea un acuerdo con el demonio, porque echará al público de los teatros de ópera locales.

"Sigamos con el cine, pero ahora tengo algo que proponerles a Peter Gelb y a la Metropolitan Opera", comentaba Gerard Mortier, un empresario teatral belga, en un discurso con motivo de una conferencia de directores de ópera en Denver, que constituye el grito de guerra de los escépticos. "¿Para qué ir al cine? Vengan a la ópera." Pero estas personas son una minoría a medida que las emisiones se van volviendo más populares. La Royal Opera House de Londres tiene pensado emitir 10 espectáculos de ópera y ballet en Europa durante esta temporada y otros 18 fuera del continente. Los teatros de ópera italianos de Parma, Florencia, Venecia, Bolonia y Milán, a través de la distribuidora Emerging Pictures, están emitiendo sus espectáculos. El Teatro Alla Scala de Milán retransmitió en directo el 7 de diciembre su gala inaugural, el Don Carlo de Verdi. A finales de enero, la Met superó el millón de entradas vendidas para la temporada, con 3 de las 11 emisiones todavía por llegar. Esto supera el total esperado de 850.000 espectadores que irán a ver las 220 representaciones organizadas por el teatro.

La emisión de Lucia di Lammermoor de Donizetti, con Anna Netrebko, se pudo ver en 31 países en cerca de 850 cines. Y a principios de diciembre, en una emisión de Thaïs de Massenet, en Bensalem, Pensilvania, se llenaron los 207 butacones rojos de un cine en un centro comercial. Muchos clientes habían llegado una hora antes para asegurarse los mejores sitios. Las entradas rondaban los 17 euros (en la Met, las de la primera sesión van desde 23 euros hasta unos 230).

Una pareja que antes estaba abonada a la Met, Richard y Betty Ringenwald, de Delanco, Nueva Jersey, estaba ahí. Ir en coche hasta la Metropolitan Opera, en el Lincoln Center de Manhattan, se les hacía pesado, señala Ringenwald. "Puedes ver todo de cerca y es muy personal, como si fueras la única persona en el teatro". La Met señala que el presentador de cada emisión anima ahora a los espectadores a que vayan al teatro de la ópera de su ciudad. Una profesora de canto de renombre, Marlena Malas, de la Juillard School de Nueva York, parece tener sentimientos contradictorios. Elogia a la Met por atraer nuevos espectadores y atención hacia la ópera, pero le preocupa que cantar para un micrófono pueda distraer a los artistas y a los espectadores, de la belleza del sonido, el lenguaje y el estilo del gran canto. "Lo más probable es que esté exagerando", añade, "pero quiero mantener su integridad".

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