Arte: Pintar Buenos Aires
En la apertura de la temporada, la galería Coppa Oliver propone revisar las imágenes de la ciudad con la visión de consagrados como Macció, Berni, Alonso, Roux y Ocampo, que tiene a la urbe como fuente de inspiración
Por Alicia de Arteaga
De la Redacción de LA NACION
Ricardo Coppa Oliver tenía dieciséis años cuando compró su primer cuadro. Era la obra de un arquitecto-pintor de origen rosarino cuyo nombre y fama quedaron en el túnel del tiempo. Sin embargo, aquella primera inversión, en cuotas y con rebaja, fue un salto mayúsculo para un estudiante que no estaba formado en un entorno de coleccionistas. Desde entonces, el arte ha sido la verdadera pasión de Coppa Oliver, hecho probado en la continuidad de su actividad de galerista y marchand con escalas diferentes. Primero fue Palatina, luego Principium y, ahora, la galería que lleva su nombre en el codo de Talcahuano y Juncal.
La propuesta para comenzar una temporada en la que se calibran por partes iguales oportunidades y riesgos fue apostar por una muestra colectiva de artistas consagrados que pintaron a Buenos Aires. La iniciativa contó con el auspicio del Gobierno de la Ciudad, decidido a fortalecer los lazos con el sector privado en diferentes frentes. El registro de la selección es amplio en lo cronológico y en las estéticas, pero pone en evidencia la vigencia de la pintura y la fuerza motivadora del paisaje urbano en el artista contemporáneo. No en vano la feria madrileña ARCO ha dado un giro copernicano en el criterio curatorial al elegir ciudades y no países como invitados especiales a la plataforma expositiva de Ifema. El año próximo será Los Angeles, una ciudad que respira el arte a través de 400 galerías y museos extraordinarios como el MoCA y el Getty.
La poderosa imagen que Rómulo Macció entrega en su visión del subte recuerda las fauces sombrías de los interiores de Francis Bacon, maestro de los maestros enrolados en la figuración de la segunda mitad del siglo XX. Macció es un pintor de ciudades. Ha pintado de manera maravillosa la Fontana de Trevi , en Roma, quizás una de sus obras más acabadas; los Caballos de San Marco , en Venecia; y escenas de Manhattan bajo la nieve como Nieve Uptown . A propósito, Subte es una obra de 1998 e integró la muestra Retratos de dos ciudades (1999, Sala Cronopios, Centro Cultural Recoleta) que unía imágenes de Buenos Aires y de Manhattan.
Pieza clave en este conjunto es la pintura de Antonio Berni Villa Tachito , de 1959, que tiene la misma carga matérica y la pincelada potente de las naturalezas muertas soberbias que supo llevar Jorge Castillo, de Galería Sur, a arteBA. Lo singular de esta pieza es cómo el rosarino se desprende de su compromiso narrativo y simplemente pinta, abstracción pura, con una paleta cálida y cercana.
Hay dos acuarelas frescas y claras de Carlos Alonso que exhiben una aproximación nueva del mendocino al paisaje de Buenos Aires, son dos veduttas de la ciudad desde el Río de la Plata. La obra de Miguel Ocampo ha estado determinada en los últimos años por la proximidad a la naturaleza, algo que disfruta de manera visible en su casa-taller de La Cumbre, ciudad serrana a la que ha regalado un museo imperdible. En este caso, Ocampo vuelve su mirada sobre Parque Lezama , óleo de Victorica pintado circa 1937, y formula su contrapunto personal.
Entre las revelaciones de la selección se cuenta una faceta desconocida de Guillermo Roux, artista definido por su empeño narrativo que revela la estirpe del ilustrador. En este caso, sólo papel y carbonilla para grabar la textura de una pared, sin más. Es un recorte compositivo similar al zoom fotográfico. Una sorpresa.
Borges y Buenos Aires se llama la obra de Eugenio Cuttica firmada en 2008, escoltada por los atractivos paisajes monocromos de Alejandro Argüelles, capaz de hacer de la bruma una señal de identidad. Cuando la geometría cobra creciente protagonismo entre las corrientes revalorizadas por críticos y curadores, resulta oportuna la incorporación de la técnica mixta de César López Osornio Elogio de la sombra. Marisa Coppa, en pequeño formato, da señales claras del acierto en el camino elegido.
© LA NACION
De la Redacción de LA NACION
Ricardo Coppa Oliver tenía dieciséis años cuando compró su primer cuadro. Era la obra de un arquitecto-pintor de origen rosarino cuyo nombre y fama quedaron en el túnel del tiempo. Sin embargo, aquella primera inversión, en cuotas y con rebaja, fue un salto mayúsculo para un estudiante que no estaba formado en un entorno de coleccionistas. Desde entonces, el arte ha sido la verdadera pasión de Coppa Oliver, hecho probado en la continuidad de su actividad de galerista y marchand con escalas diferentes. Primero fue Palatina, luego Principium y, ahora, la galería que lleva su nombre en el codo de Talcahuano y Juncal.
La propuesta para comenzar una temporada en la que se calibran por partes iguales oportunidades y riesgos fue apostar por una muestra colectiva de artistas consagrados que pintaron a Buenos Aires. La iniciativa contó con el auspicio del Gobierno de la Ciudad, decidido a fortalecer los lazos con el sector privado en diferentes frentes. El registro de la selección es amplio en lo cronológico y en las estéticas, pero pone en evidencia la vigencia de la pintura y la fuerza motivadora del paisaje urbano en el artista contemporáneo. No en vano la feria madrileña ARCO ha dado un giro copernicano en el criterio curatorial al elegir ciudades y no países como invitados especiales a la plataforma expositiva de Ifema. El año próximo será Los Angeles, una ciudad que respira el arte a través de 400 galerías y museos extraordinarios como el MoCA y el Getty.
La poderosa imagen que Rómulo Macció entrega en su visión del subte recuerda las fauces sombrías de los interiores de Francis Bacon, maestro de los maestros enrolados en la figuración de la segunda mitad del siglo XX. Macció es un pintor de ciudades. Ha pintado de manera maravillosa la Fontana de Trevi , en Roma, quizás una de sus obras más acabadas; los Caballos de San Marco , en Venecia; y escenas de Manhattan bajo la nieve como Nieve Uptown . A propósito, Subte es una obra de 1998 e integró la muestra Retratos de dos ciudades (1999, Sala Cronopios, Centro Cultural Recoleta) que unía imágenes de Buenos Aires y de Manhattan.
Pieza clave en este conjunto es la pintura de Antonio Berni Villa Tachito , de 1959, que tiene la misma carga matérica y la pincelada potente de las naturalezas muertas soberbias que supo llevar Jorge Castillo, de Galería Sur, a arteBA. Lo singular de esta pieza es cómo el rosarino se desprende de su compromiso narrativo y simplemente pinta, abstracción pura, con una paleta cálida y cercana.
Hay dos acuarelas frescas y claras de Carlos Alonso que exhiben una aproximación nueva del mendocino al paisaje de Buenos Aires, son dos veduttas de la ciudad desde el Río de la Plata. La obra de Miguel Ocampo ha estado determinada en los últimos años por la proximidad a la naturaleza, algo que disfruta de manera visible en su casa-taller de La Cumbre, ciudad serrana a la que ha regalado un museo imperdible. En este caso, Ocampo vuelve su mirada sobre Parque Lezama , óleo de Victorica pintado circa 1937, y formula su contrapunto personal.
Entre las revelaciones de la selección se cuenta una faceta desconocida de Guillermo Roux, artista definido por su empeño narrativo que revela la estirpe del ilustrador. En este caso, sólo papel y carbonilla para grabar la textura de una pared, sin más. Es un recorte compositivo similar al zoom fotográfico. Una sorpresa.
Borges y Buenos Aires se llama la obra de Eugenio Cuttica firmada en 2008, escoltada por los atractivos paisajes monocromos de Alejandro Argüelles, capaz de hacer de la bruma una señal de identidad. Cuando la geometría cobra creciente protagonismo entre las corrientes revalorizadas por críticos y curadores, resulta oportuna la incorporación de la técnica mixta de César López Osornio Elogio de la sombra. Marisa Coppa, en pequeño formato, da señales claras del acierto en el camino elegido.
© LA NACION
Ficha
Ecos de Buenos Aires , muestra colectiva de pintura en Coppa Oliver Arte (Talcahuano 1287, "A"). Hasta el 13 de abril.
Un Pettorutti de colección
La investigación de Coppa en archivos platenses en busca de datos del pintor Atilio Boveri tuvo premio: una caricatura firmada por Emilio Pettoruti. Es el perfil de ese artista dotado y olvidado que nació en Rauch en 1885 y fue becado por el gobierno para estudiar en Florencia, donde coincidió con César Bernaldo de Quirós. Los paisajes bien pintados por Boveri recuerdan los jardines del español Rusiñol. Nada es casual: Boveri pasó por Mallorca y fue director de Paseos y Jardines de la ciudad de La Plata.

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