Cultura: El futuro según nuestros artistas

Fundación Osde inauguró una muestra que permite recorrer la idea de futuro que contruyó el arte local, con la firma de Xul Solar, Felipe Noé y Raquel Forner, entre otros

Por Laura Casanovas
De la Redacción de LA NACION


Durante los últimos cien años, los artistas argentinos han imaginado el futuro. El proyecto de la Ciudad Hidroespacial del consagrado Gyula Kosice es emblemático al respecto: un hábitat urbano flotante compuesto por módulos habitables suspendidos por la energía extraída del agua.

La muestra El futuro ya no es lo que era, que abrió anteayer en la Fundación Osde (Suipacha 658, 1° piso), permite recorrer, hasta el 30 de mayo, los imaginarios de los artistas locales sobre el apasionante tema del futuro y cómo, a lo largo de cien años, esta categoría temporal fue modificando su intensidad y características. Mientras la idea de futuro en 1910 era sinónimo de optimismo e instaba a seguir soñando, a pocos meses del Bicentenario del país parece ser escasa la capacidad de anticipación.

El curador de la interesante exposición, Rodrigo Alonso, agrupó las obras en relación con los conceptos de Utopía, Progreso y Revolución, que bien sirven para pensar la historia sociopolítica de la Argentina. A pesar de ello, el objetivo del curador es que sea el visitante quien decida que conexiones prefiere hacer entre las obras al poner en juego su propia imaginación.

En 1936, el gran artista Xul Solar imaginó en una pintura una ciudad voladora con globos aerostáticos, debido al crecimiento de la población en esa época. En 2006, Marcelo Pombo pintó cuadros con imágenes flotantes pero de escombros y manifestaciones.

En tanto, una obra de Fabiana Barreda rinde homenaje al arquitecto Amancio Williams quien con sus proyectos buscaba transformar la vida y el destino de los hombres. En la muestra se exhibe la maqueta de su famosa Casa del Puente, construída en 1943. La utopía se encuentran también en los cuadros de Raquel Forner de astroseres y travesías intergalácticas, motivados en su momento por la llegada del hombre a la luna.

La idea de Progreso en la muestra obliga a dejar el espacio aéreo que predomina en las obras utópicas para adentrarse en la era industrial, que en la Argentina tuvo diferentes fases: así se puede ver el cuadro Agua y energía (2002), de Daniel Santoro, que se sirve de la imaginería del primer peronismo. La idea de progreso de los años 30 se materializa también en el trabajo fotográfico del joven Esteban Pastorino que rescata la obra del arquitecto Francisco Salamone.

La revolución siempre buscó modificar un estado de cosas con miras a un futuro distinto. En esta sección de la muestra hay obras de Luis Felipe Noé, como su obra ¿A dónde vamos? (1964), donde la idea de cambio o ruptura también se da en el nivel formal de la obra que se extiende más allá de los límites convencionales del cuadro.

Elocuente en el contexto de pensar la revolución es una reproducción documental de la mítica historieta El Eternauta.

Resultan reveladoras también a lo largo de toda la exposición, los hábitats de Luis Benedit, la papa como elemento transformador de Victor Grippo, los universos ideales y pequeños de Sebastián Gordín, las manifestaciones de Graciela Sacco, además de las obras de Jorge de la Vega, Jorge Macchi, Daniel Ontiveros, Leonel Luna, Mariano Sardón, Lux Lindner, entre muchos otros. Además se exhiben publicaciones y objetos.

¿Qué perdura en el presente, caracterizado por la incertidumbre y la urgencia, del impulso vital de pensar y proyectar el futuro?. La última parte de la muestra responde a la pregunta al dar cuenta de que el futuro no se piensa en la actualidad en relación a grandes proyectos sociales, sino en el nivel de la comunidad.

De esta nueva y humana escala de cambio dan cuenta, por ejemplo, el proyecto Tramando del diseñador Martín Churba que hoy busca recuperar la laborar de campesinos y aborígenes; Eloísa Cartonera, que reúne el trabajo de cartoneros con la literatura; la Fundación ph15, que enseña fotografía a chicos de Ciudad Oculta, Lugano y Boulogne como medio para su integración social, entre otras experiencias.

Como epílogo, la muestra propone recordar al científico Helmut Strasse –personaje creado por el comediante Tato Bores- que en el año 2492 redescubre un país perdido que alguna vez fue Argentina. Una antiutopía que hoy las comunidades afortunadamente contrarrestan.

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