Cultura: Destellos de arte rebelde en Cuba
La crítica y la irreverencia arrancan espacios en las manifestaciones culturales de la Isla. Filmes, documentales y de ficción; y otras expresiones artísticas critican la censura y el absurdo, incluso en festivales internacionales u oficiales.
Por: Fernando García | La Habana *
"El arte es un arma cargada de futuro". Así encabezó el Granma su crónica del lunes sobre la Décima Bienal de La Habana. El título –ácil paráfrasis de lo dicho por Gabriel Celaya de la poesía– es polivalente: vale, en el caso del diario oficial cubano, para los murales dedicados al 50 aniversario de la revolución que medio centenar de artistas pintaron el domingo en la "tribuna antiimperialista" erigida ante la delegación diplomática de EE.UU. en la isla; y vale para las creaciones rebeldes –entre críticas, provocadoras y disidentes– que, cada vez con más desparpajo y menos impedimentos, se van viendo en este país de un tiempo a esta parte; en la Bienal, estos días; en los últimos festivales de cine cubanos y, por supuesto, en manifestaciones fuera de los circuitos establecidos.
Fue digno de ver el entusiasmo con que los espectadores avisados para la ocasión acogieron hace unas semanas, en una pequeña sala del barrio del Vedado, el estreno del último corto del realizador y actor Eduardo del Llano, Tormenta de ideas . Se trata de la sexta de una serie de 10 filmes que desnudan con excelente humor los absurdos y excesos de la burocracia y la censura cubanas. Tormenta... narra el surreal debate del consejo de redacción de un periódico oficialista sobre cómo presentar a los lectores la noticia de la caída de un meteorito en un estadio deportivo durante una competición en la que se bate el récord de salto de altura. El meteorito lleva restos orgánicos, lo que demostraría la existencia de vida fuera del planeta. Mueren cien personas. Y un enano salva heroicamente a un herido.
Salvo para el único periodista sensato del cónclave –llamado Nicanor y cuyo actor (Luis Alberto García) encarna personajes insumisos en toda la serie–, ni las características del meteorito ni los cien muertos parecen noticias a destacar al día siguiente. En la discusión, conducida por el director Rojas (Jorge Perugorría), uno apuesta por titular con el récord; otro, con la gesta del enano, y un tercero con las medidas del cráter. El más entregado advierte contra las "versiones libres" de la prensa extranjera, frente a la "posición oficial" que brindará el diario. Al final suena el teléfono. "¡Ordene!", acata Rojas al levantar el aparato. El interlocutor le comunica la decisión definitiva sobre el titular de primera plana, alejado de las apuestas de los jefecillos reunidos: el periódico saldrá a tope con la victoria de la capital en la "emulación" o concurso de mejores puertos del país. Del Llano ya había triunfado cinco años antes con Monte Rouge, otro filme de la serie en que dos miembros de la Seguridad del Estado, "Rodríguez y acá el compañero Segura", acuden a casa del siempre anonadado Nicanor "a instalarle los micrófonos". Los policías le explican que, a raíz de las quejas del público por el modo "subrepticio" en que esta operación se hacía, la nueva orden es "dar la cara". Aclarado este punto, la búsqueda del rincón idóneo para colocar los aparatos (al final, en el baño) sirve de hilo para una sátira sin concesiones.
Monte Rouge tuvo y sigue teniendo gran éxito en la isla. Pero su distribución siempre hubo de esquivar los canales oficiales. Sin embargo, otro filme de los de Nicanor, Intermezzo , fue aceptado en el último Festival de Cine Latinoamericano, en diciembre. Tormenta de ideas se estrenó poco después. Ya el año anterior, con Raúl Castro al mando, el mismo festival había proyectado La vida de los otros, el filme sobre las escuchas en Alemania del Este que ganó el Oscar y al que el público cubano llamó La vida de nosotros.
Pero fue en la reciente Muestra de Nuevos Realizadores, en febrero, donde el atrevimiento y la frescura se desbordaron a través de comprometidos relatos y documentales sobre la censura, la emigración, la homofobia o la violencia en la isla. El público aplaudió a rabiar los crudos retratos e irreverencias que vio en la pantalla.
Y el 27 de marzo llegó la Bienal (hasta finales de abril). Lo más sonado en los primeros días fue la performance montada por Tania Bruguera: un escenario que imitaba el del discurso de Fidel Castro tras entrar en La Habana hace 50 años y al que se invitó a la gente para decir lo que quisiera. Dos actores uniformados de verde olivo iban colocando sobre cada orador una paloma blanca como las que se posaron en los hombros del líder revolucionario aquel 8 de enero. Entre los que se lanzaron al escenario hubo quien protestó, gritó o lloró, aunque también quien defendió la revolución. La famosa Blogger Yoani Sánchez aprovechó para pedir libre acceso a Internet en la isla.
En el Museo de Bellas Artes puede verse una provocadora exposición del cubano Carlos Garaicoa. La estrella es una colección de plateados edificios en miniatura bajo el título Las joyas de la corona: junto a emblemas de la represión, la tortura y la guerra de otros países, como el estadio de Chile, la argentina Escuela de Mecánica de la Armada, la KGB, la Stasi, la base de Guantánamo y el Pentágono, el grupo incluye la sede del servicio de inteligencia exterior cubano y el cuartel de la Seguridad del Estado.
El inconformismo no es la única clave de la Bienal, muy celebrada en medios artísticos... Pero es lo que más destaca. En Cuba y entre los que miran a Cuba.
Un largo salto hasta los grandes medios oficiales
La proliferación dentro de Cuba de manifestaciones creativas en las que se crítica al Gobierno o se ironiza sobre sus acciones no significa el fin de la censura oficial, cuyos responsables se amparan en el estado de guerra de la isla contra "el imperio". Las protestas por las carencias materiales y los ataques a políticas como las que limitan las salidas del país, la propiedad o el trabajo por cuenta propia siguen circunscritas a ámbitos restringidos aunque se desarrollen en público y cuenten con el amparo de un órgano oficial. El salto a la TV estatal y a los diarios controlados por el Partido Comunista y afines sigue siendo difícil y tardío. La película Fresa y Chocolate tardó 13 años en estrenarse en Cubavisión. Las voces de periodistas e intelectuales que piden una mayor apertura de los grandes medios son cada vez más audibles, aunque sea en foros internos de escaso alcance o a través de Internet.
© La Vanguardia y Clarín
Fue digno de ver el entusiasmo con que los espectadores avisados para la ocasión acogieron hace unas semanas, en una pequeña sala del barrio del Vedado, el estreno del último corto del realizador y actor Eduardo del Llano, Tormenta de ideas . Se trata de la sexta de una serie de 10 filmes que desnudan con excelente humor los absurdos y excesos de la burocracia y la censura cubanas. Tormenta... narra el surreal debate del consejo de redacción de un periódico oficialista sobre cómo presentar a los lectores la noticia de la caída de un meteorito en un estadio deportivo durante una competición en la que se bate el récord de salto de altura. El meteorito lleva restos orgánicos, lo que demostraría la existencia de vida fuera del planeta. Mueren cien personas. Y un enano salva heroicamente a un herido.
Salvo para el único periodista sensato del cónclave –llamado Nicanor y cuyo actor (Luis Alberto García) encarna personajes insumisos en toda la serie–, ni las características del meteorito ni los cien muertos parecen noticias a destacar al día siguiente. En la discusión, conducida por el director Rojas (Jorge Perugorría), uno apuesta por titular con el récord; otro, con la gesta del enano, y un tercero con las medidas del cráter. El más entregado advierte contra las "versiones libres" de la prensa extranjera, frente a la "posición oficial" que brindará el diario. Al final suena el teléfono. "¡Ordene!", acata Rojas al levantar el aparato. El interlocutor le comunica la decisión definitiva sobre el titular de primera plana, alejado de las apuestas de los jefecillos reunidos: el periódico saldrá a tope con la victoria de la capital en la "emulación" o concurso de mejores puertos del país. Del Llano ya había triunfado cinco años antes con Monte Rouge, otro filme de la serie en que dos miembros de la Seguridad del Estado, "Rodríguez y acá el compañero Segura", acuden a casa del siempre anonadado Nicanor "a instalarle los micrófonos". Los policías le explican que, a raíz de las quejas del público por el modo "subrepticio" en que esta operación se hacía, la nueva orden es "dar la cara". Aclarado este punto, la búsqueda del rincón idóneo para colocar los aparatos (al final, en el baño) sirve de hilo para una sátira sin concesiones.
Monte Rouge tuvo y sigue teniendo gran éxito en la isla. Pero su distribución siempre hubo de esquivar los canales oficiales. Sin embargo, otro filme de los de Nicanor, Intermezzo , fue aceptado en el último Festival de Cine Latinoamericano, en diciembre. Tormenta de ideas se estrenó poco después. Ya el año anterior, con Raúl Castro al mando, el mismo festival había proyectado La vida de los otros, el filme sobre las escuchas en Alemania del Este que ganó el Oscar y al que el público cubano llamó La vida de nosotros.
Pero fue en la reciente Muestra de Nuevos Realizadores, en febrero, donde el atrevimiento y la frescura se desbordaron a través de comprometidos relatos y documentales sobre la censura, la emigración, la homofobia o la violencia en la isla. El público aplaudió a rabiar los crudos retratos e irreverencias que vio en la pantalla.
Y el 27 de marzo llegó la Bienal (hasta finales de abril). Lo más sonado en los primeros días fue la performance montada por Tania Bruguera: un escenario que imitaba el del discurso de Fidel Castro tras entrar en La Habana hace 50 años y al que se invitó a la gente para decir lo que quisiera. Dos actores uniformados de verde olivo iban colocando sobre cada orador una paloma blanca como las que se posaron en los hombros del líder revolucionario aquel 8 de enero. Entre los que se lanzaron al escenario hubo quien protestó, gritó o lloró, aunque también quien defendió la revolución. La famosa Blogger Yoani Sánchez aprovechó para pedir libre acceso a Internet en la isla.
En el Museo de Bellas Artes puede verse una provocadora exposición del cubano Carlos Garaicoa. La estrella es una colección de plateados edificios en miniatura bajo el título Las joyas de la corona: junto a emblemas de la represión, la tortura y la guerra de otros países, como el estadio de Chile, la argentina Escuela de Mecánica de la Armada, la KGB, la Stasi, la base de Guantánamo y el Pentágono, el grupo incluye la sede del servicio de inteligencia exterior cubano y el cuartel de la Seguridad del Estado.
El inconformismo no es la única clave de la Bienal, muy celebrada en medios artísticos... Pero es lo que más destaca. En Cuba y entre los que miran a Cuba.
Un largo salto hasta los grandes medios oficiales
La proliferación dentro de Cuba de manifestaciones creativas en las que se crítica al Gobierno o se ironiza sobre sus acciones no significa el fin de la censura oficial, cuyos responsables se amparan en el estado de guerra de la isla contra "el imperio". Las protestas por las carencias materiales y los ataques a políticas como las que limitan las salidas del país, la propiedad o el trabajo por cuenta propia siguen circunscritas a ámbitos restringidos aunque se desarrollen en público y cuenten con el amparo de un órgano oficial. El salto a la TV estatal y a los diarios controlados por el Partido Comunista y afines sigue siendo difícil y tardío. La película Fresa y Chocolate tardó 13 años en estrenarse en Cubavisión. Las voces de periodistas e intelectuales que piden una mayor apertura de los grandes medios son cada vez más audibles, aunque sea en foros internos de escaso alcance o a través de Internet.
© La Vanguardia y Clarín


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