Cultura: "Escribir esta novela me sirvió como ir a un balneario, a un spa"
El ganador del premio Planeta, con la obra La hermandad de la buena suerte, Fernando Savater, habló con Clarín de su obra en la Feria del Libro.
Tenemos suerte: Fernando Savater se divierte y ríe largo y tendido con cada pregunta mientras toma una cerveza. Parece llevar la vida relajado y con buen humor. Está en Buenos Aires y hoy presenta en la Feria del Libro su novela La hermandad de la buena suerte por la que recibió el Premio Planeta de Novela 2008. Allí cuenta la historia que transcurre en parte en un hipódromo; y aquí explica de buen modo cómo le ha ido en suerte en la vida.
- ¿Cuándo se dio cuenta que La hermandad... era una novela "ganadora"?
- Bueno, tampoco yo la considero una obra que la humanidad no hubiera podido pasar sin ella... Quería hacer una novela de verdad; y además, porque me servía para despejarme de otras cosas. El año en que escribí esta novela estaba bastante estresado y entonces me sirvió como ir a un balneario, a un spa, para irme allí a descansar de todo lo demás. Entonces pensaba en los personajes, los caballos y para mí era como una especie de refrigerio. Me gustaría que al lector le pasase lo mismo.
- ¿Cómo definiría el escenario del hipódromo?
- Para mí es un decorado fácil, muy accesible, porque yo llevo casi sesenta años frecuentando hipódromos de este mundo. Y me apasiona. Yo pensé que ambientar las cosas en ese mundo para mí tenía ventajas indudables, y quizás para el lector que le gustaban las carreras de caballos, era un aliciente más de la novela, y si no conocía o no le gustaba, pues a lo mejor era una forma de abrirle un poco un mundo que él no conocía.
- Y en la novela navega la suerte, la buena suerte, la mala suerte...
- Pues cada personaje tiene su propia teoría; hay quien cree en la suerte, quien no cree, quien sólo cree en la mala pero no en la buena.
- ¿Y en lo personal, para dónde se orienta su suerte?
- Creo que esos son temas que les apasionan más a mis personajes que a mí. De todas maneras, yo creo que todos tenemos nuestro lote de suerte, y somos nosotros los encargados de convertirla en buena o mala, si sabemos de qué se trata lo bueno y lo malo.
- ¿Tiene alguna superstición?
- No. Soy poco supersticioso. Creo que las supersticiones traen mala suerte...
- ¿Y los escritores necesitan de la suerte?
- En realidad la hermandad de la buena suerte somos todos los seres humanos. Todos los que vivimos un poco a la espera de la buena suerte que nos redima de nuestros errores, de nuestros fallos. Es decir, que a pesar de lo que somos, entremos en el cielo.
- ¿Y usted se deja llevar por los designios del azar?
- Hombre, creer en el azar es un poco también, a veces, como descansar de la racionalidad. Por ejemplo, uno de los placeres que tienes en el hipódromo es ser un poco irracional. Puedo decir, pues mira, me rijo por simpatías, por caballos que son hijos de uno que me gustaba mucho, o sea, me apasiono exageradamente por cosas que en el fondo sé que no tienen una trascendencia tal. Es un momento en que uno puede quitarse un poco los revestimientos exclusivamente racionalistas y vivir por un rato de manera más lúdica.
- ¿Y cómo es escribir en medio de una crisis global, que en particular golpea a España?
- Es como todo. Borges, hablando de no sé qué antepasado suyo, decía: "Le tocaron, como a todos nosotros, malos tiempos en qué vivir". Yo creo que a todos nos han tocado malos tiempos, por una cosa o por otra. Y cosas peores que yo he vivido. Si no me sentí angustiado en otras épocas, no creo que vayan a ser éstas las que me angustien aunque España va camino de ser de los países que peor va a sufrir la crisis.
- ¿Extraña algo del pasado, un clima de época, por ejemplo?
- Hombre, cada época vive su tono o su momento histórico. Es decir, que si uno empieza a mirar, pues sencillamente nada es exactamente igual. Esta crisis no es igual que la del 29, no estamos ahora al borde de una guerra mundial pero vete tú a saber si aumenta la crisis económica en qué desembocará, porque todas las crisis económicas tradicionalmente se han resuelto con guerras. La guerra era una forma primero de acabar con un excedente de población y luego de activar la producción. Hoy no parece probable pero nunca se puede descartar del todo. Esperemos que no.
- ¿Cuándo se dio cuenta que La hermandad... era una novela "ganadora"?
- Bueno, tampoco yo la considero una obra que la humanidad no hubiera podido pasar sin ella... Quería hacer una novela de verdad; y además, porque me servía para despejarme de otras cosas. El año en que escribí esta novela estaba bastante estresado y entonces me sirvió como ir a un balneario, a un spa, para irme allí a descansar de todo lo demás. Entonces pensaba en los personajes, los caballos y para mí era como una especie de refrigerio. Me gustaría que al lector le pasase lo mismo.
- ¿Cómo definiría el escenario del hipódromo?
- Para mí es un decorado fácil, muy accesible, porque yo llevo casi sesenta años frecuentando hipódromos de este mundo. Y me apasiona. Yo pensé que ambientar las cosas en ese mundo para mí tenía ventajas indudables, y quizás para el lector que le gustaban las carreras de caballos, era un aliciente más de la novela, y si no conocía o no le gustaba, pues a lo mejor era una forma de abrirle un poco un mundo que él no conocía.
- Y en la novela navega la suerte, la buena suerte, la mala suerte...
- Pues cada personaje tiene su propia teoría; hay quien cree en la suerte, quien no cree, quien sólo cree en la mala pero no en la buena.
- ¿Y en lo personal, para dónde se orienta su suerte?
- Creo que esos son temas que les apasionan más a mis personajes que a mí. De todas maneras, yo creo que todos tenemos nuestro lote de suerte, y somos nosotros los encargados de convertirla en buena o mala, si sabemos de qué se trata lo bueno y lo malo.
- ¿Tiene alguna superstición?
- No. Soy poco supersticioso. Creo que las supersticiones traen mala suerte...
- ¿Y los escritores necesitan de la suerte?
- En realidad la hermandad de la buena suerte somos todos los seres humanos. Todos los que vivimos un poco a la espera de la buena suerte que nos redima de nuestros errores, de nuestros fallos. Es decir, que a pesar de lo que somos, entremos en el cielo.
- ¿Y usted se deja llevar por los designios del azar?
- Hombre, creer en el azar es un poco también, a veces, como descansar de la racionalidad. Por ejemplo, uno de los placeres que tienes en el hipódromo es ser un poco irracional. Puedo decir, pues mira, me rijo por simpatías, por caballos que son hijos de uno que me gustaba mucho, o sea, me apasiono exageradamente por cosas que en el fondo sé que no tienen una trascendencia tal. Es un momento en que uno puede quitarse un poco los revestimientos exclusivamente racionalistas y vivir por un rato de manera más lúdica.
- ¿Y cómo es escribir en medio de una crisis global, que en particular golpea a España?
- Es como todo. Borges, hablando de no sé qué antepasado suyo, decía: "Le tocaron, como a todos nosotros, malos tiempos en qué vivir". Yo creo que a todos nos han tocado malos tiempos, por una cosa o por otra. Y cosas peores que yo he vivido. Si no me sentí angustiado en otras épocas, no creo que vayan a ser éstas las que me angustien aunque España va camino de ser de los países que peor va a sufrir la crisis.
- ¿Extraña algo del pasado, un clima de época, por ejemplo?
- Hombre, cada época vive su tono o su momento histórico. Es decir, que si uno empieza a mirar, pues sencillamente nada es exactamente igual. Esta crisis no es igual que la del 29, no estamos ahora al borde de una guerra mundial pero vete tú a saber si aumenta la crisis económica en qué desembocará, porque todas las crisis económicas tradicionalmente se han resuelto con guerras. La guerra era una forma primero de acabar con un excedente de población y luego de activar la producción. Hoy no parece probable pero nunca se puede descartar del todo. Esperemos que no.
Savater Básico
San Sebastián 1947. Filósofo y escritor.
Estudió Filosofía y Letras y desde 1995 enseña Filosofía y Literatura en la Universidad Complutense de Madrid. Publicó: Etica para Amador, Despierta y lee, El contenido de la felicidad, El valor de elegir, entre otros. Escribe en el diario El País desde su fundación. En 2008 recibió el Premio Planeta de Novela.
Estudió Filosofía y Letras y desde 1995 enseña Filosofía y Literatura en la Universidad Complutense de Madrid. Publicó: Etica para Amador, Despierta y lee, El contenido de la felicidad, El valor de elegir, entre otros. Escribe en el diario El País desde su fundación. En 2008 recibió el Premio Planeta de Novela.


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