Cultura: Una película alemana rescata al 'Schindler de China'
John Rabe nació en Hamburgo en 1882 y se trasladó a China en 1909. Perteneció a ese sector de expatriados occidentales a los que China, entonces un país vilipendiado, lograba transmitir respeto, pese al racismo colonial imperante. Rabe era un hombre atento con los chinos, lo que siempre genera afectos y reciprocidad en China. A partir de 1911 entró a trabajar en la delegación de Siemens, que acabó dirigiendo.
En vísperas de la entrada de los japoneses en Nanking, la veintena de occidentales que no habían huido de la ciudad decidieron improvisar una "zona internacional de seguridad" de cuatro kilómetros cuadrados en la que acogieron a 200.000 chinos. Rabe, que decidió quedarse en la ciudad en solidaridad con la población y desoyendo las directivas de Siemens y de su propia embajada, fue elegido jefe de aquella "zona". Sus compañeros, entre ellos varios pastores protestantes norteamericanos, estimaron que su condición de alemán y miembro del partido nazi fortalecería el proyecto ante los japoneses. Japón y Alemania estaban entonces unidos por el "pacto anti komintern", pero en la práctica los soldados entraron y mataron también en la "zona internacional", cuya legitimidad Rabe y sus compañeros defendieron con peligro para su propia integridad.
Como anotó Rabe en su diario lo único que se veía en Nanking aquel trágico diciembre era, "la bestialidad de los soldados japoneses", violando hasta ancianas y quemando vivos o clavando sus bayonetas en los cuerpos infantiles.
En su ingenuidad, el "buen nazi" mandaba telegramas a Hitler pidiéndole protección para los chinos de la ciudad. Ese empeño lo mantuvo incluso tras regresar a Alemania en febrero de 1938, donde intentó divulgar la enormidad de lo sucedido. Rabe dio conferencias en Berlín sobre la masacre de Nanking y difundió fotos, hasta que la Gestapo lo detuvo por incordiar en la política exterior del eje. Un directivo de Siemens logró su libertad y lo envió a Afganistán. Sobrevivió a la guerra, pero fue detenido en Berlín, primero por los rusos y luego por los británicos, a causa de su pasado como miembro del partido nazi en Nanking. En 1946 fue declarado "desnacificado". Recordando como los chinos de Nanking le habían considerado una especie de "Buda viviente", escribió en su diario con sarcasmo; "Buda viviente en Nanking y un paria aquí; esto te vacuna contra toda nostalgia hacia el país natal".
Sumido en la pobreza junto con su familia, Rabe recibía en los años cuarenta paquetes de comida enviados por el gobierno nacionalista chino. En 1950, murió, pobre y olvidado, en un Berlín en ruinas. Medio siglo después, una placa recuerda su gesta en Nanking.
Una masacre ninguneada en Japón
Los japoneses entraron en Nanking el 13 de diciembre de 1937 y durante seis semanas se dedicaron a matar civiles y violar a las mujeres. Hubo órdenes de no hacer prisioneros y concursos entre oficiales por ver quien cortaba más cabezas con sus espadas. El horror fue indescriptible. La historiografía occidental suele barajar 150.000 civiles masacrados y decenas de miles de mujeres violadas. La versión china habla de 300.000 muertos. El Tribunal de Guerra de Tokio mencionó entre 100.000 y 200.000 muertos. En Japón, el tema se juega a la baja con desagrado y desfachatez. Una comisión parlamentaria citó en 2007 unos 20.000 muertos. En el museo militar "Yushukan" de Tokio, se explica que en Nanking, "los chinos fueron derrotados contundentemente y sufrieron muchas bajas, dentro de la ciudad los residentes pudieron vivir en paz de nuevo".


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