Música: Marilyn Crispell «Entré en el Jazz tras oír a Coltrane»



Por Eduardo Hojman


Marilyn Crispell es una pianista que huye de las definiciones. Si bien se la pueda ubicar en esa especie de puerta abierta al más allá que algunos llaman free jazz, o, más apropiadamente, en la avanzadilla hacia lo inexplorado que se define como vanguardia, ella declaró en una ocasión que detestaba ambos términos, en especial este último, ya que «la mayoría de lo que se toca hoy no es vanguardia; es música de los años cincuenta». Y si los primeros parámetros del free tenían que ver con la ausencia de formas predeterminadas, tampoco puede aplicarse ese término con precisión a la música de Crispell (una música de ángulos agudos, acordes percusivos, frases cortantes, desvíos impredecibles), puesto que sus orígenes clásicos le dieron un claro sentido de la forma. Tal vez sea más apropiado buscar relaciones con personas, sus maestros, en lugar de con movimientos. «Yo creo que la creación tiene que ver con la individualidad», dijo una vez.

Crispell (Filadelfia, 1947) estudió piano y composición clásica en diversos conservatorios donde aprendió el valor de la improvisación como herramienta compositiva más mental que instrumental. Después de una pausa de seis años («Trabajé en un hospital -cuenta a ABCD- y estaba interesada en la investigación médica, pero lo dejé cuando me enteré de que tendría que experimentar con animales»), volvió al piano clásico, cuando de pronto escuchó algo que cambió su música, y su vida, para siempre: el disco A Love Supreme, de John Coltrane. El salto de la música clásica al jazz no sólo fue total; también radical. Crispell no pasó por el hard-bop ni el bebop; sus principales influencias estaban en esa indefinible vanguardia, la de Coltrane, Cecil Taylor, Anthony Braxton, con quien tocó durante un tiempo. En la actualidad, Crispell es una de las figuras más importantes del jazz avanzado. «Oírla tocar es como monitorear la actividad de un volcán activo», dijo una vez The New York Times. El próximo martes se presenta en L?Auditori de Barcelona en una formación muy inusual: con el contrabajista Barry Guy y el pianista Agustí Fernández, también dos importantes nombres del free internacional.

¿Qué podría decir de su próximo concierto en Barcelona? ¿Ya había tocado con estos músicos?

He tocado con ambos, pero por separado. Hasta ahora nunca tocamos juntos los tres. Creo que fue idea de Agustí armar este grupo. Lo más probable es que sea un concierto totalmente improvisado, aunque si Barry, Agustí o yo misma queremos añadir nuestras propias composiciones, también lo haremos.

Usted siempre cita a John Coltrane, Cecil Taylor y Anthony Braxton como sus principales influencias. ¿Qué elementos de cada uno pueden hallarse en su música?

La pasión emocional y espiritual de John Coltrane; la estética armónica y rítmica de Cecil Taylor, y también su energía, la forma en que usa la energía para dar forma a las frases; y las características compositivas, así como el uso del sonido y del silencio, de Anthony Braxton. Desde luego, escuchar el disco A Love Supreme de Coltrane fue lo que me hizo pasar de la música clásica al jazz. Aunque a mí me inspira todo lo que oigo: podría mencionar también a Abdullah Ibrahim, Paul Bley, Keith Jarrett, Pharoah Sanders, McCoy Tyner, y a europeos como Bobo Stenson y Joachim Kuhn; pero definitivamente mi entrada a esta música fue a través de Coltrane.

¿Cómo conoció a Anthony Braxton y comenzó a tocar con él?

Él estaba enseñando en el Creative Music Studio de Woodstock, Nueva York, me oyó tocar y me invitó a hacer un concierto en dúo. Poco después hice mi primera gira europea con su Creative Music Orchestra en 1978. Luego participé en su cuarteto, lo que fue un período muy importante de mi vida musical, e influyó muchísimo en mi manera de componer.

Usted grabó con músicos muy famosos y en diversas formaciones. ¿Qué espera de sus músicos?

Me gusta tocar con personas que puedan hacer muchas cosas diferentes: free jazz, algo más tradicional, y que escuchen y reaccionen de una manera que me permita a mí tocar lo mejor posible. Necesito que sean respetuosos, pero que a la vez no teman correr riesgos.

¿Y cuál es la diferencia con sus actuaciones en solitario?

Es la misma diferencia que cuando mantienes una conversación contigo mismo, en tu mente, o con otras personas. Cuando tocas en solitario puedes hacer lo que quieres, mientras que si tocas con otros debes ir donde la música te lleve, aunque no sea lo que habías planeado.

«Nothing ever was, anyway: The Music of Annette Peacock» es uno de sus discos más famosos. ¿Por qué escogió a Peacock, una música poco conocida, para ese tributo?

La conocí en Woodstock y nos hicimos amigas. Su música siempre me había gustado: combina aspectos de la música clásica occidental contemporánea y del jazz contemporáneo. Además es autodidacta, y su música tiene una cualidad especial, «incontaminada», por no haber aprendido qué cosas no debería hacer.

En los últimos tiempos ha explorado el jazz que se hace en el norte de Europa y ha tocado con músicos como Nilssen-Love y Broo, de Atomic. ¿Encuentra algún rasgo específico en esa música que pueda llamarse europeo?

No me siento cualificada como para decir que hay algo europeo en su música. Ellos son, simplemente, músicos brillantes y muy sensibles. También tienen una técnica formidable, pero al mismo tiempo un elemento de ternura y silencio en su música que tal vez a mí me suena escandinavo? o lo que yo considero escandinavo. En cualquier caso, son excelente músicos y no tienen ningún rollo egocéntrico, a pesar de su categoría.

http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=11853&num=900&sec=33

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