Cultura: "Los europeos están más racistas"

Entrevista a Henning Mankell
El novelista sueco, creador del inspector Wallander, arriesga algunas claves del éxito de su personaje y afirma que le preocupa el mundo que estamos creando para las próximas generaciones

Por Susana Reinoso
De la Redacción de LA NACION

Sin haber leído a Borges, uno de los escritores argentinos cuyos libros se llevó en su equipaje camino a Maputo, Mozambique, el reconocido escritor sueco Henning Mankell vino al encuentro de la Buenos Aires mítica que había imaginado de mil maneras distintas. Parte del imaginario de Mankell sobre la capital argentina se ha formado -según dice- con "los relatos de viajes de los marineros suecos que llegaron a la pampa" y, en buena medida, con las historias de los connacionales que llegaron a Suecia como refugiados políticos hace tres décadas.

En diálogo con adn cultura, el autor de Zapatos italianos, cuya obra publica Tusquets en español, anhela empezar a conocer los misterios de Buenos Aires en la obra de los escritores argentinos que compró para su biblioteca africana.

Sencillo y predispuesto a las preguntas, Mankell comienza a hablar y se entiende el éxito de sus novelas policiales -cuyo protagonista, Wallander, es un inspector ciclotímico y desencantado, diabético y alcohólico, divorciado y corriente-, que han sido traducidas a más de 35 lenguas y de las que ha vendido más de 25 millones de ejemplares en todo el mundo. Su comunicación diáfana y sin vueltas: primer dato de su enorme popularidad.

Desde hace 20 años, el novelista y dramaturgo sueco reparte su vida entre su país natal, donde vive con su mujer Eva Bergman, hija del cineasta Ingmar Bergman, y Mozambique, en cuya capital, Maputo, dirige el Teatro Nacional Avenida. En su compañía de 40 personas, Mankell es el único musungu (hombre blanco).

África está siempre en su imaginario como escritor. Desde Leona blanca (1993) hasta El Chino (2008), pasando por su ensayo Moriré pero mi memoria sobrevivirá (2008) y El hijo del viento (2009), África es el escenario o un elemento en la historia, y aporta personajes o referencias.

Tras mantener a Wallander descansando durante una década, el 18 de agosto Mankell publicará en Suecia su nueva novela sobre el inspector (dice que ésta sí será la última). Se titularía El hombre inquieto y estará enfocada en la vida del fa moso personaje, al tiempo que el escritor aprovechará para pasar revista a los cambios de la sociedad sueca. Tusquets la publicará en español en 2010.

El autor de Antes de que hiele dice que desde los bordes del mundo se ve mejor la realidad.


-En su novela El Chino, uno de los personajes hace una profecía preocupante: repoblar con chinos el continente africano.

-Hace cinco o seis años empecé a ocuparme en esa historia. En Maputo escuché que los chinos habían ofrecido construir un nuevo edificio para la Cancillería y empezaron a hacerlo muy rápido. Entonces surgieron rumores de que maltrataban a los trabajadores africanos. Y empecé a preguntarme si se comportarían igual que los colonizadores. Así comenzó mi interés. Los chinos tienen graves problemas de superpoblación, sobre todo en zonas rurales, donde viven más de 200 millones de campesinos. Algunos se han marchado a las ciudades, que ya están saturadas de trabajadores no calificados. En China hay debates para encontrar soluciones en el exterior. Estos rumores se escuchan en Mozambique. ¿Qué pasaría si los chinos vinieran como los portugueses? Sería espantoso.

-¿Por qué cree que la prensa occidental no refleja ese asunto?

-Europa busca hoy una nueva identidad. En poco tiempo han habido cambios muy bruscos. La gente quiere saber qué pasará. Hay países que desaparecieron, otros nuevos nacieron. ¿Qué es hoy ser europeo y qué será serlo mañana? Esa es una de las razones por las que a los medios europeos les interesa tan poco lo que pasa fuera de sus fronteras. Pero a la gente sí le importa. Muchos me dicen que encuentran en mis libros cosas que no leen en los diarios.

-Usted trata en su obra cuestiones esenciales de la condición humana. Zapatos italianos aborda la soledad y la necesidad de redención en la vejez.

-Hay muchísima gente en el mundo que es mayor y está muy sola. Le doy una primicia: Zapatos italianos será una película. Ya es un hecho y no puedo decir más. En esa novela quería escribir sobre la soledad, pero también sobre la pasión que la gente mayor puede volver a sentir con la posibilidad del amor. Me molesta mucho que hoy todo esté dirigido a los jóvenes, como si esa condición fuera una cualidad en sí misma. Cuando perdemos el respeto a los mayores, también perdemos la posibilidad de recibir su sabiduría.

-Otro género que no fuera la novela policial, ¿le hubiera posibilitado reflexionar sobre los temas que lo conmueven?

-Tal vez sí, pero no lo creo. Pienso que se puede escribir cualquier cosa con cualquier formato, pero la ficción criminal es el mejor camino para contar las complicaciones y los conflictos de la sociedad de hoy. De todos modos, de los 40 libros que he publicado, sólo el 25% es ficción policial. El resto transita otros géneros, incluido el teatro. Pero todo está conectado porque siempre escribo sobre las cosas que me preocupan.

-¿Por qué Wallander lo hizo famoso en culturas tan disímiles?

-He pensado mucho sobre eso. ¿Cómo es posible que mis libros sobre Wallander sean tan populares en Corea como en Ecuador? Tengo dos explicaciones: Wallander es una persona que podría vivir en cualquiera de esas sociedades. Es muy humano, un tipo normal. La segunda razón es que Wallander está preocupado por las cosas que preocupan al común de la gente. Los crímenes que aumentan, la corrupción política. Está harto de los problemas corrientes que también hartan a la gente común.

-En agosto volverá con otro libro sobre Wallander. ¿Por qué no dejó que los lectores le dieran un final a su gusto, sin revelarlo en este regreso?

-Lo que a Wallander le pasó en estos últimos diez años refleja también lo que pasó a la sociedad sueca. Pero descubrió que, en esa década, él no había pensado en sí mismo. Por otra parte, dejo el final abierto a la interpretación de los lectores. Es cierto que el nuevo libro se concentra más en su vida, pero no cuento todo. La pregunta que él se hace es: ¿qué he hecho con mi vida? Que es también preguntarnos qué ha sido de nuestra sociedad en estos años. El se da cuenta de que nunca pensó en sí mismo y ocurre algo que lo obliga a pensar en eso.

-En los años 60, Europa se deslumbró con la literatura latinoamericana ¿Qué podría aportar hoy la literatura africana?

-Adoro hablar de esto. En los años 60, Gabriel García Márquez y tantos otros autores latinoamericanos cambiaron nuestra visión del mundo, la manera de ver nuestro tiempo y al ser humano. Ellos vinieron a respondernos preguntas. Estoy seguro de que esto pasará con la literatura africana. Pienso mucho en lo que la literatura de África puede aportarle al mundo. Otra vez, nos obligará a preguntarnos qué es hoy ser humano y volverá a cambiarnos la perspectiva.

-Los niños aparecen mucho en sus libros. ¿Qué le dice esto a la sociedad?

-Es cierto que he escrito mucho sobre los niños y siempre vuelvo sobre ellos. Muchos de los libros sobre Wallander son también sobre niños. Me horroriza el sufrimiento de los chicos en nuestro tiempo. Parece que el mundo estuviera contra ellos. Es muy importante hablar de la tragedia infantil en este tiempo. Me preocupa el mundo que estamos creando para que ellos vivan.

-¿De dónde le vienen las historias que han convertido a Wallander en una celebridad?

-De lo que leo, lo que veo, lo que pienso, lo que sueño, Siempre quiero saber más y esa curiosidad es el primer paso. Si hubiera vivido en la Argentina de la dictadura, seguramente Wallander no hubiera permanecido ajeno.

-¿Cuánto le ha aportado África?

-Llegué a África hace muchos años, como un joven escritor, porque quería ver Europa desde otra perspectiva. La razón por la que volveré ahora desde Buenos Aires, y lo seguiré haciendo, es porque tengo ganas. Me siento mejor persona y mejor escritor allá. Si uno se prepara para escuchar y aprender, se adapta. Vivir en una cultura tan diferente a la mía nunca representó un problema para mí. África me ha dado sabiduría. Ahora vivo con un pie en la arena y otro en la nieve. Uno se adapta a vivir en esos bordes. Es cierto que hay riesgos, pero al final éstos aportan más.

-¿Fue el teatro un buen puente para insertarse más rápido a la cultura mozambiqueña?

-Sí. Cuando llegué, no sabía nada de Mozambique. No hablaba portugués y ellos no hablaban sueco. El teatro fue un espacio adecuado porque es un punto de encuentro en Maputo. Al teatro van negros, mestizos y yo, que soy el único blanco. Pero estoy seguro de que nadie me ve como blanco. Si estás dispuesto a convivir con otra gente y a ver su cultura desde su punto de vista, es posible integrarse. En mi teatro, el más grande de Maputo, no hay actores blancos.

-Usted exhorta a los periodistas, donde quiera que va, a que difundan más lo bueno que ocurre en África. ¿Por dónde se empieza?

-Creo que hay que empezar por informarse más sobre lo que pasa en África y tratar de entenderlo mejor. No hay fórmulas mágicas, pero los periodistas pueden empezar por contar cómo se vive en África, y no tanto cómo se muere.

-A Occidente le preocupan prioritariamente dos cosas: el terrorismo y la crisis financiera. ¿Qué reflexión le merece esto?

-Los europeos se están volviendo cada día más racistas. Es terrible cómo se trata a los inmigrantes, olvidándose de que Europa es producto de la inmigración. No comprenden que los necesitan. Hay que tender puentes con África, porque sin los inmigrantes Europa morirá. Además, es un continente muy difícil para los niños... La gente que nada tiene que ver con la política y la crisis financiera es la que más sufre sus consecuencias, como los africanos que no tienen que ver con Wall Street. Si queremos una mejor vida para nuestros hijos, hay que continuar la batalla, porque de lo contrario no habrá una vida mejor para nadie. Confío que alguna vez el hombre será verdaderamente racional. Hay que darles más poder a las mujeres en todas partes. Las mujeres no crean las guerras, sino que las pagan viendo partir a sus hijos a la muerte. Un hombre que ve parir a su hijo, no genera una guerra. No hay demasiadas mujeres ejerciendo la política y tendría que haber más. Las mujeres son más responsables en todo.

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