Cultura: Pasiones e interrogantes
La relación entre arte y antropología es un territorio fértil para la investigación, según prueban, entre otras muestras, las de piezas originarias en el MNBA y de trabajos de Alejandro Puente en la Universidad Tres de Febrero
Por Julio Sánchez
Para La Nacion - Buenos Aires, 2009
"Llegaron los conquistadores a América y contaron que vieron un camello con cuello de jirafa, hasta que finalmente uno se dio cuenta de que estaba frente a una llama". Esta es la anécdota que relata el artista Alfredo Portillo para explicar lo difícil que es desprenderse de la propia carga cultural para entender al otro. Frente a piezas de arte precolombino a veces nos asalta la sensación de impotencia, de no saber a ciencia cierta qué sintieron y qué quisieron decir aquellos seres humanos tan distintos con ese vasto repertorio de imágenes y artefactos de cerámica, metal y piedra. Éste es el desafío que enfrenta José Antonio Pérez Gollán -actual director del Museo Histórico Nacional-, curador de Arte originario: diversidad y memoria, una muestra en el pabellón del Museo Nacional de Bellas Artes que reúne obras notables de colecciones provenientes de la Cancillería, del Museo de La Plata y de la colección Guido Di Tella (MNBA).
En una sala penumbrosa, con luz puntual para las piezas exhibidas y unas cuantas pantallas electrónicas que hacen desfilar imágenes remotas, se pueden ver ejemplos de un arte limitado a la zona del noroeste argentino, de un período entre los 1000 años a.C. y el siglo XV, d.C. Pérez Gollán es un hombre experimentado en esta área: durante dieciocho años fue director del Museo Etnográfico, y organizó muestras en la Fundación Proa explorando el mundo de los olmecas y las culturas del Gran Chaco. El recorrido por este mundo perdido comienza con el culto al sol y la imagen del Punchao, una representación antropomórfica del astro; luego sigue con el culto a los antepasados con la imagen central del llamado "suplicante", una figura de piedra cuya postura se asemeja a la de las momias encontradas en el Noroeste. Otro grupo de artefactos-morteros, pipas, tabletas- está asociado con el consumo de plantas alucinógenas, como el cebil. Por último, un conjunto de insignias de poder, como los vasos ceremoniales llamados keros, de forma de tronco piramidal.
En un sector del recorrido hay pinturas de Alejandro Puente, César Paternosto y Joaquín Torres García, para demostrar la influencia de los estudios precolombinos en el arte contemporáneo. La elección del trío reafirma un canon ya histórico y no revisa otras perspectivas de continuidad entre el pasado y el presente; hay otros artistas que han explorado el aspecto ritual más que el formal, como se verifica en las performances e instalaciones del maestro Alfredo Portillos o en las obras del joven Tadeo Muleiro, que investiga las prácticas del sacrificio y el concepto de la dualidad más allá de lo formal. Al final del recorrido de "arte originario", un dibujo a pluma de Manuel José Olascoaga, La pampa antes de 1879, muestra el "salvajismo" de los indios que asolaban los campos y mataban a cristianos y ganado. El ejemplo fue tomado para demostrar que el aborigen (aquel que está "desde el origen", etimológicamente) fue considerado el "otro" incivilizado y sobre todo excluido del proyecto de nación argentina. El dibujo bien puede actuar como un interrogante especular; basta ver lo que ha hecho la "civilización" con nuestro planeta para preguntarse quién es el verdadero salvaje.
Cruces en tierra fértil
En las pantallas electrónicas se muestran imágenes documentales de aborígenes del noroeste argentino, fotografías del siglo XIX y fotos digitales de las collas que, con sus carritos cargados de plantas, circulan hoy por las calles de Buenos Aires. Entre esas fotografías hay varias de un Hain, la ceremonia de iniciación de los selk'nam de Tierra del Fuego, que es el tema central de otra exposición, esta vez en el Centro Cultural Borges. El fin de un mundo: los selk´nam de Tierra del Fuego es una exposición fotográfica histórica y antropológica que evoca a un pueblo que se autodenominó selk´nam y que el conquistador llamó Ona. La mayor parte de las fotos son de Martín Gusinde, sacerdote y antropólogo, que visitó los territorios australes en 1923 y tuvo la oportunidad de participar de la ceremonia de iniciación llamada Hain. La muestra plantea las tortuosas relaciones de los selk´nam y el hombre blanco desde que Fernando de Magallanes exploró esta zona, en 1520, hasta la actualidad. Con documentación fotográfica se exhibe -entre otras cosas- cómo en 1889 un ballenero belga llevó enjaulados a un grupo de selk'nam a París para mostrarlos como caníbales salvajes para los festejos del centenario de la Revolución Francesa, o cómo las misiones salesianas fueron -sin querer- causantes del exterminio cuando muchos aborígenes murieron por causa de enfermedades contagiosas.
El cruce de arte y antropología continúa en el Museo de la Universidad de Tres de Febrero, donde Oscar Moreno seleccionó una treintena de obras de Alejandro Puente para establecer un contrapunto entre la abstracción geométrica y el arte plumario, y siete tapices prehispánicos prestados por el Museo de La Plata. Nacido en La Plata en 1933, Puente es un importante referente de la pintura que reactiva las tradiciones precolombinas. Cincuenta años más tarde, en 1983, nació Tadeo Muleiro, artista que presenta en la galería Masottatorres de San Telmo tres instalaciones de objetos textiles que hilvanan temas como el nacimiento, la muerte y el erotismo, todo desde la perspectiva de los rituales precolombinos. El mundo americano antes de la llegada del europeo sigue despertando pasiones e interrogantes y el cruce entre arte y antropología demuestra estar más fértil que nunca.
© LA NACION
Ficha
Arte originario: diversidad y memoria, en el Museo Nacional de Bellas Artes (Av. del Libertador 1473), hasta el 5 de julio. El fin de un mundo: los selk'nam de Tierra del Fuego en el Centro Cultural Borges (Viamonte y San Martín), hasta el 15 de junio. Alejandro Puente, un recorrido por su obra en el Muntref (Valentín Gómez 4838, Caseros), hasta el 11 de julio. Tejido interno, de Tadeo Muleiro y Josefina Laratro, en Masottatorres (México 459), hasta el 29 de mayo.


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