Testimonio: Un cineasta de palabra

En JLG/JLG. Autorretrato de diciembre, el director francés Jean-Luc Godard propone, bajo la forma de un poema-ensayo, un diálogo consigo mismo en el que abundan las referencias al cine, pero también a la literatura y la historia europea

Por Diana Fernández Irusta
De la Redacción de LA NACION

En los años sesenta, aseguraba sentirse un novelista frustrado. Décadas después, se definiría como ensayista: "Escribo ensayos en forma de novelas o novelas en forma de ensayos: simplemente los filmo en lugar de escribirlos". Jean-Luc Godard, el cinéfilo militante, eljoven crítico de los Cahièrs du cinéma, el director que, en el marco de la Nouvelle Vague -y parafraseando a Serge Daney- hizo ingresar al cine en su mayoría de edad, desarrolló una estética poderosa, en la que la palabra (recitada por los actores o presente en letreros luminosos, fragmentos de cartas, libros, cómics, carteles, créditos muy elaborados) siempre tuvo un lugar de privilegio. Por eso no es de extrañar que el documental JLG/JLG. Autorretrato de diciembre (estrenado en Francia en 1995) haya derivado en este poema-ensayo homónimo. Paralelamente a estos trabajos, Godard se abocó, entre 1988 y 1998, a la realización de los ocho mediometrajes que integran Historia(s) del cine, obra con numerosos puntos de contacto con JLG/ JLG y que también se prolongó en un poema-ensayo.

Mientras que las Historias(s) del cine hacen eje en su personalísima visión del entramado formado por el cine y los acontecimientos del siglo XX, JLG/JLG muestra un anclaje mucho más íntimo: "Despliega la historia personal del proceso de creación bajo la forma de un autorretrato", asegura Adrián Cangi, responsable de la edición. Precisamente, "Autorretrato, no autobiografía" es lo que postula Godard en el poema mismo, convencido de que sus bienamadas palabras nunca serán capaces de decirlo todo. "Godard radicaliza el camino del cine-ensayo en el punto en que Joyce se detuvo en la novela: se trata de hacer -justo una imagen- donde el escritor había acabado con ella. Las palabras son para él escurridizas; elige pintar filmando".

En esa tensión entre lo dicho y lo sugerido, entre el proceso de creación y la conciencia de la imposibilidad de llegar a resultados definitivos, discurre el poema. Hay momentos de estricto tono subjetivo ("yo sospechaba/ que el alma/ había tropezado/ contra el cuerpo/ y había vuelto a partir/ olvidando tenderle la mano"), referencias al trabajo cinematográfico, comentarios sobre la historia europea. Todo articulado como un largo diálogo de Godard consigo mismo y con infinidad de otras voces que el poema incluye y de cuyo contraste se nutre.

Punteando distintos momentos del texto aparecen algunos de los meses del calendario republicano impuesto en tiempos de la Revolución francesa: brumario, frimario, pluvioso, ventoso. ¿Una alusión a los estados de ánimo del escritor-director mientras escribía el poema? ¿O una reafirmación de su ejercicio de fe laica, secular, decididamente anclada en la modernidad?

Porque no es otra la tradición que late en cada uno de los títulos de la extensa filmografía de Godard. Todas y cada una de las apuestas de los Nuevos Cines de los sesenta aparecen en sus trabajos: desde la producción con bajo presupuesto, filmación en exteriores e incorporación de actores y temáticas juveniles hasta la politización, la experimentación con los recursos sonoros y visuales, la utilización del registro documental en películas de ficción, la alteración del esquema narrativo clásico o la llana trasgresión de algunos de sus preceptos (Jean-Paul Belmondo mirando a cámara e interpelando al espectador en Sin aliento). Estas obras sin duda prefiguraron el llamado cine independiente actual, marcadas por el ímpetu disruptivo, cuestionador y lúdico que caracterizó a las nuevas vanguardias y que, en el caso de Godard, lo llevaría a transitar también por el camino del video y la tecnología digital.

"Una imagen/ no es fuerte/ porque es brutal o fantástica/ sino porque la asociación/ de las ideas es lejana/ lejana y justa", escribe, fiel a los principios con los que alumbró casi cinco décadas de producción. Una dinámica que continúa: el estreno de Socialisme , su último film, está previsto para 2010, dando la razón a quienes piensan que Godard, junto con Agnès Varda y Chris Marker (directores que también comenzaron a trabajar en los años 50) insiste en producir lo más joven de las artes audiovisuales actuales.

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