Arte: La ciudad de Mozart se renueva
Una visita guiada por las muestras que se exhiben en estos días en Salzburgo permite acceder a atractivas obras de artistas contemporáneos y encontrar coincidencias con la producción de jóvenes argentinos
Por Raquel San Martín
Enviada especial - Salzburgo, 2009
En Salzburgo, una montaña puede estar coronada por una fortaleza medieval o por lo más innovador del arte contemporáneo. Eso último sucede con el Museo de Arte Moderno de esta ciudad, cuya sede más reciente -Mönschberg, abierta en 2004- está ubicada a 60 metros de altura, en un edificio de cuatro pisos, líneas rectas y mucha luz natural, con una vista privilegiada sobre la ciudad natal de Mozart.
Hasta octubre se exhiben allí dos muestras por las que vale la pena escalar hasta la cima: Segunda naturaleza , de Tony Cragg, el británico que creó el año pasado su propio parque de esculturas en Alemania y que ahora llena varias salas y una terraza con dibujos y piezas de gran tamaño, y Color y luz , una selección de obras de la colección del museo, que empieza con Ernst Ludwig Kirchner y Emil Nolde y termina con los más jóvenes artistas locales.
Por 9,70 euros se puede aprovechar un ascensor que lleva al visitante en segundos, tique en mano, hasta la entrada del edificio, construido por el estudio del arquitecto Friedrich Hoff Zwink, de Múnich. Para no olvidar al hijo más célebre de Salzburgo, el arquitecto hizo grabar en el mármol de la fachada del edificio algunas arias de la ópera Don Giovanni , de Mozart.
En las grandes salas despojadas del museo, las obras de Cragg resaltan y asombran: hay cuarenta esculturas, la mayoría producidas desde 2000, y más de cien dibujos hechos desde los años 70, muchos de ellos bocetos para esculturas posteriores que se han independizado como obras en todo su derecho. Las bioformas más conocidas de Cragg se complementan aquí con los "seres racionales" de los años 90, y con las "columnas articuladas" más actuales, formas que se fragmentan y rotan en el espacio y que representan los últimos trabajos del escultor, con el rostro humano como tema principal.
Hay obras que sorprenden al visitante: en lo alto de una escalera, iluminadas por la luz natural del verano; en la terraza, justo al lado del restaurante que ofrece una espectacular vista panorámica de la ciudad. Como es habitual en las búsquedas de Cragg sobre los materiales, se disfrutan las texturas y los colores de sus trabajos: madera de distintos tonos, bronces, rojos profundos, matices en blancos y verdes; esculturas que invitan a rodearlas y a mirar por dentro, y otras frente a las cuales se siente el impulso de pasar la mano por la superficie redondeada.
Otra sala reúne tres obras creadas con objetos cotidianos, como Congregación , de 1999, coronada de pequeños ganchos de metal, o Paisaje erosionado , hecha de objetos de vidrio que forman un conjunto transparente y compacto.
En una sala más pequeña se han reunido obras de la colección del museo con el eje Color y luz . Más allá del valor del conjunto de pinturas, que terminan con una muestra del arte autríaco contemporáneo, vale detenerse las de Kirchner, Nolde, Erich Heckel, Adolf Erbsloh y el héroe local Gustav Klimt, de quien ya se anuncia una gran retrospectiva a partir del 31 de octubre.
La muestra avanza del expresionismo al arte actual, con obras que trabajan con la luz, cerca del arte óptico, pero también experimentan con los pigmentos, y van de Vasili Kandinsky y Jacob Mattner a los contemporáneos Bertram Hasenauer e Inge Dick. Estos últimos usan el color como luz, con una estética realista que recuerda a muchos argentinos de su misma generación. Vale recorrer una sala contigua sólo para encontrar Crucifixión , un Lucio Fontana de los años 50.
También es una buena idea visitar la sede original del Museo de Arte Moderno -Rupertinum, abierta en 1983-, en el centro histórico. Una entrada de 6 euros permite recorrer hasta octubre la muestra Final de la actuación , con fotografías de Margarita Broich. Es una propuesta novedosa: la actriz alemana captura imágenes de actores, actrices y músicos, casi todos alemanes, tomadas en los cinco minutos posteriores a su paso por el escenario o tras un día de filmación.
Muchas de las fotografías se hicieron en lugares poco glamorosos para estas figuras, como bambalinas, camarines y tráileres. En espacios íntimos, los retratados llevan todavía su maquillaje y sus vestidos, así como rastros de la escena que terminaron de representar (un tiro en la sien, la ropa manchada, las lágrimas en el rostro) y del estado de ánimo que conservan, que va de la conmoción al alivio o la distensión.
La recorrida artística por Salzburgo puede completarse con la exposición de arte de Japón en el Museo de Salzburgo, frente a la Plaza de Mozart, y con la visita a alguna de las galerías de la ciudad antigua. Entre ellas la Welz, que en estos días tiene dibujos de Picasso en la vidriera.
© LA NACION
adnCRAGG
Escultor británico, nacido en 1949, reside en Wuppertal, Alemania, desde 1977. Reconocido mundialmente y multipremiado (fue dos veces ganador del Premio Turner), combina en sus obras el interés estético de formas y materiales diversos con los aportes de las ciencias naturales y la exploración del cuerpo humano
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Actriz y fotógrafa alemana, nacida en 1960. Se formó como fotógrafa en su país natal, con Claus Peyman, y en los últimos años tuvo papeles reconocidos en el teatro y la televisión en Alemania y Austria
FICHA. Segunda naturaleza , de Tony Cragg , hasta el 11 de octubre, y Color y luz , hasta el 4 de octubre, en el Museo de Arte Moderno Mönchsberg . Miradas vacías , de Margarita Broich , hasta el 4 de octubre en el Museo de Arte Moderno Rupertinum


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