Arte: La imagen y la acción
LILIANA MARESCA. Maresca se entrega todo destino, 1993, fotoperformance publicada en el n° 8 de la revista El Libertino
En la Fundación Klemm, Adriana Lauría presenta la vigencia y el desarrollo de la performance y muestra de qué manera se retroalimenta con la fotografía
Por Julio Sánchez
Para LA NACION - Buenos Aires, 2009
Fieles a su idioma, los alemanes le llamaron Aktion. Merodeaban nombres alternativos como body art, arte del cuerpo, happening y otros, hasta que finalmente se impuso el sajón performance. ¿Qué es? Una acción artística que se nutre del teatro, la poesía, la antropología, la danza y cualquier otra disciplina; puede manifestarse en forma violenta o poética, puede ser repugnante e incluir el derroche de sangre (como el Accionismo Vienés) o minimalista, con la exasperación de la nada (influencia de la danza Butoh). La performance nació a fines de los años 60 como una expresión libertaria que rehusaba entrar en el circuito mercantil; pero como el capitalismo todo lo devora, hoy los registros fotográficos, videográficos (o el soporte que sea) se compran, se venden, se rematan y se conservan en colecciones. Hubo maestros con mayúsculas: Joseph Beuys, Marina Abramovich, Ana Mendieta y Rebecca Horn, entre otros. La Argentina no estuvo ajena a esta expresión, de la mano de precursores como Nicolás García Uriburu y Oscar Bony se situó a la vanguardia. La dificultad de historiar estas expresiones depende básicamente de la disponibilidad y la conservación del registro de la acción, muchas veces descuidadas por los propios artistas. En 1999, el investigador Rodrigo Alonso recopiló una cantidad de acciones de artistas argentinos y el resultado fue Arte de Acción, 1960-1990 , una muestra en el Museo de Arte Moderno.
Hoy, diez años después, otra investigadora, Adriana Lauría, plantea en la Fundación Klemm la continuidad, vigencia y modificación de esta expresión. La acción y su registro se orienta hacia el registro de la acción y a la retroalimentación entre fotografía y performance . La "fotoperformance" es una variante que consiste en ejecutar una acción en la que generalmente no suele haber más testigos que el propio artista y el fotógrafo, con el mero propósito de registrarla. El antecedente más ilustre se remonta a la vaca sagrada del arte del siglo XX, Marcel Duchamp, particularmente cuando se hizo retratar como Rrose Sélavy por Man Ray. La curadora hizo un recorte que incluye a Alberto Greco, Nicolás García Uriburu, Oscar Bony, Norberto Puzzolo, Liliana Maresca, Marcela Mouján, Matilde Marín, Juan Doffo, Nicola Costantino y Gabriel Baggio.
A principios de los años 60, Alberto Greco rodeaba a personas con círculos de tiza para señalarlas como obras de arte. Los pocos minutos que duraba la acción eran registrados fotográficamente. El "vivo dito", como él mismo lo denominaba, intentaba aunar arte y vida al mismo tiempo que el italiano Piero Manzoni realizaba sus "esculturas vivientes" (mujeres desnudas y "firmadas" por el artista). La fotografía hoy circula por blogs, páginas web y redes sociales como el popular Facebook, pero antes de Internet el soporte único era el papel. Muchos artistas conceptuales prefirieron hacer circular sus creaciones en revistas especializadas, una costumbre que inauguró Dan Gram cuando publicó una serie de fotos de viviendas estandarizadas (Homes for America, 1967) en la revista Arts Magazine. Inspirada en los carteles inmobiliarios que dicen "disponible", Liliana Maresca se ofreció como una especie de local apto para todo destino y se hizo fotografiar por Alejandro Kuropatwa en poses provocativas, con su teléfono particular como contacto en un mensuario de relatos eróticos. La performance no era más que una sesión fotográfica, pero implicaba un llamado de atención sobre la imposibilidad del amor en tiempos del sida y, en sentido más amplio, la dificultad de los vínculos afectivos. ¿Recibió la artista muchos llamados? En charlas personales ella confesaba que fueron muy pocos los que se atrevieron y calificó de "boludos" a todos los que hablaron con ella.
La aridez del amor de nuestros días también aparece en la obra Penélope, 2001, de Gabriel Baggio. La obra no sólo alude al tejido como mandato cultural asignado a lo femenino, ya que una figura constreñida en su propia tela habla también del aislamiento de los hombres y las mujeres de hoy que, encerrados en sus quehaceres, esperan la llegada (o la vuelta, para corresponder al relato mitológico) del amor. De tonos más dramáticos es la obra de Oscar Bony: un "autorretrato baleado" (técnicamente, es una fotografía con vidrio baleado con pistola automática Walter P. 88 de 9 mm). Se llama Con una basta y el título refiere a la bala certera que atraviesa el entrecejo del artista; habla de la violencia extrema, de la fragilidad de la vida y la autodestrucción, temas que se han convertido en comida diaria para los argentinos.
Mouján rescata fotos donde posaban ella misma, su madre y su abuela, para hablar de mundos paralelos; Costantino posa a la manera de un célebre retrato de Antonio Berni; Uriburu colorea su sexo, adelantándose a las prédicas ecologistas; Doffo registra un luminoso signo de infinito en un paisaje nocturno; Puzzolo honra la locura y la violencia de Van Gogh, y Marín utiliza sus manos para escenificar sus acciones. En fin, La acción y su registro es un apretado conjunto de una forma de expresión que gana cada vez más adeptos.
© LA NACION
FICHA.
La acción y su registro, con obras de Greco, García Uriburu, Bony, Maresca, Puzzolo, Marín, Doffo, Costantino y Baggio. En la Fundación Federico Jorge Klemm (M. T. de Alvear 646)


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