Cultura: Berlín celebra los 90 años de la Bauhaus con una gran retrospectiva
La exposición presenta una cantidad notable de cuadros y dibujos de László Moholy-Nagy , representante de la tendencia constructivista y racionalista en el movimiento, de Wassily Kandinsky, Paul Klee, y hasta un dibujo a lápiz de Chagall.
Todos ellos ya eran artistas conocidos cuando la Bauhaus comenzaba su andadura, en 1919, y pasaron como maestros e instructores por la escuela, lo que contribuyó a darle respetabilidad en una época en la que muchos, simplemente, no entendían todo aquello.
Diseñado por Martin Gropius, tio abuelo del fundador de la escuela, Walter Gropius, el museo que alberga la exposición se encuentra junto al emplazamiento de la sede central de la Gestapo, la institución que acabó con la Bauhaus y en cuyo solar devastado hoy se puede ver una exposición llamada "Topografía del Terror", una crónica del nazismo muy popular entre los turistas que visitan esta ciudad. En octubre, la exposición pasará al Moma neoyorkino y de ahí girará por el mundo.
El Bauhaus fue un ágora ideal para las teorías sobre arte de la época, bajo la batuta de Walter Gropius, vigilante del pluralismo del movimiento y moderador de las tendencias sectarias que surgían sobre todo del alumnado, como explica Klaus von Beyme de la Universidad de Heidelberg. La Bauhaus acogió al constructivismo, al expresionismo, al De Stijl o neoplasticismo holandés, al funcionalismo, al cubismo, al nuevo objetivismo e incluso al dadaísmo, entre otros.
Su contexto histórico-social fue el de la irrupción de "las masas" en el arte, antes patrimonio de elites, su democratización y socialización, la superación de la división entre "alta cultura " y "cultura popular", de ahí el propósito de "unir arte con artesanía" o la idea de Hannes Meyer, el suizo que sucedió a Gropius en la dirección, de servir a las "necesidades populares en lugar de las necesidades del lujo". Todo eso pasaba por idear y diseñar productos que fueran, a la vez, sencillos, duraderos y baratos, bien ideados con miras a mejorar la calidad de vida general.
Al mismo tiempo, la Bauhaus tiene que ver con la dimensión totalitaria y uniforme de la modernidad industrial, algo que está en el espíritu del tiempo. Su inquietud es claramente de izquierda, pero como fenómeno social es también pariente del "Volkswagen", el "coche popular" de Hitler y, aun antes del "Ford-T" de Henry Ford, cuya filosofía era que sus obreros fueran también consumidores del producto.
La Bauhaus fue una escuela de experimentación radical. "Sus maestros y alumnos venían animados por una voluntad de repensar las cosas desde el principio, sin prejuicios ni deseo de aceptar sin más las verdades tradicionales", dice Philipp Oswald, director de la fundación Bauhaus de Dessau. La agitada Alemania de la República de Weimar les condenó a una existencia igualmente agitada y nómada, con tres sedes -Weimar en 1919, Dessau en1925 y Berlín en 1932 en vísperas de su cierre- en catorce años de existencia, hasta que el nazismo les privó del oxígeno para vivir entre acusaciones de "bolchevismo cultural".
Cerrada su escuela, los años treinta cortaron la hierba bajo los pies de la Bauhaus en Europa. La URSS, cuya vanguardia artística tantos impulsos e inspiraciones había lanzado en los veinte, se instalaba en el "estilo imperio" estalinista representado en el Metro y los siete rascacielos de Moscú. En 1930 / 1931, una exposición realizada en Moscú y Jarkov era acogida con frialdad, tanto por las autoridades como por el público.
Ya no había rastro del interés y los éxitos cosechados en anteriores exposiciones como las de Basilea (1929) y Zürich (1930). La emigración de Ludwig Mies van der Rohe, Walter Gropius, Josef Albers, llevó las influencias del movimiento a Estados Unidos, donde disponía de un terreno mucho más fértil, aunque no exento de polémica.
Fue allá donde Robert Venturi ironizó sobre el lema norteamericano de van der Rohe; "less is more" (menos es más), convirtiéndolo en un "less is a bore" (menos es una lata).
Kandinsky convertido en cuna
Entre los diseños más llamativos de la exposición de Berlín, se encuentra la cuna mecedora de Peter Keler (1922) que es lo más parecido a un cuadro de Kandinsky convertido en objeto que se podría imaginar.
Efectivamente, Keler, un alumno de la escuela, había trabajado en un taller de carpintería bajo la supervisión de Johannes Itten y del propio Kandinsky. Para el maestro ruso, círculo, triángulo y cuadrado eran los elementos básicos de la superficie plana y con ellos Keler confeccionó su cuna, utilizando, además, los colores esenciales de Kandinsky; amarillo, rojo y negro.
El resultado es un cuadro del ruso convertido en objeto, pero también una cuna, de aspecto sólido y práctico, cuya base es un tronco que reposa sobre dos círculos de madera que sostienen la estructura y le permiten el necesario balanceo. El hijo de Peter Keler pasó sus primeros meses de vida en esa cuna.


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