Cultura: El espectro de Nijinski vuelve al Liceu un siglo después

El English Ballet hace gala de su 'sense and sensibility'. Aplauso cortés en un Liceu menos abarrotado que el de aquel verano noucentista

MARICEL CHAVARRÍA | Barcelona

Se echó de menos su carga sensual y su indescriptible animalidad, pero el espíritu de Nijinski estuvo presente anoche en el Liceu, noventa y dos años después de que el mítico bailarín descalabrara a la audiencia del Noucentisme con su plástica y expresiva desnudez. Corría 1917 y Barcelona ansiaba comprobar si era tal la grandeza rupturista de los Ballets Russes. Nijinski bailó en aquella ocasión Schéhérazade y Le spectre de la rose.Y otro tanto hicieron anoche, a modo de tributo, las primeras figuras del English Ballet, con el aplauso agradecido de un Liceu algo menos abarrotado que el de aquel verano del diecisiete.

Dmitri Grudyev, discípulo de la escuela Vaganova y del Kirov de San Petersburgo, le rindió homenaje interpretando al esclavo dorado de Schéhérazade,y antes lo hizo Anton Lukovin evocando la especial ductilidad de brazos de la que hacía gala Nijinski disfrazado de espectro. De esta guisa abría el Liceu temporada, si bien es con la ópera con lo que el Gran Teatre enciende cohetes.

La actuación de la segunda compañía de ballet de Gran Bretaña - la Royal la supera con creces en presupuesto-comenzó no obstante con un inequívoco sabor inglés. La puesta en escena de Les Sylphides estuvo dotada de todo el sense and sensibility que Jane Austen pudo imaginar. "Damas, menos movimiento", advertía por el micrófono la conductora de la compañía durante el ensayo general. La barcelonesa Adela Ramírez - que junto a Esteban Berlanga, Begoña Cao y Juan Rodríguez lleva sangre española al English Ballet-confiesa que le cuesta contenerse. No en vano se educó en la escuela bolera.

Pero no importa, la savia británica puede más y la emocionante partitura de Chopin llevó anoche a esas sílfides a comulgar con una cadencia etérea y elegante de movimientos que hizo olvidar si hubo o no ironía en ese homenaje de Fokine a los grandes ballets románticos.

Pocos elogios, por cierto, al tutú diseñado por Karl Lagerfeld para La muerte del cisne.Las aladas plumas que cubrían el cuerpo de Elena Glurdjidze - "me encanta que se muevan conmigo cuando bailo, están como vivas", señalaba la bailarina giorgiana-resultaron ser demasiadas cuando de lo que se trataba era de estilizar el cuerpo de la bailarina. El vestido apenas pesa, ciertamente, pero no fue esa la sensación que transmitió a la audiencia y, de hecho, el propio director artístico de la compañía, Wayne Eagling - formado en el Royal Ballet y pareja en su juventud de la mismísima Margot Fonteyn-,no parecía cien por cien convencido con el diseño. "Siempre es una aventura arriesgada ese tipo de colaboración", admitió.

Convencido de la necesidad de darle un respiro a la compañía con creaciones de nuevo cuño - "me gusta el Lago de los cisnes pero no se trata de pasarse la vida bailando lo mismo"-,Eagling le brindó la posibilidad al joven David Dawson de coreografiar su particular visión de La siesta del fauno,una de las primeras piezas originales del propio Nijinski en base a la música de Claude Debussy. Innovador tributo del presente a una innovadora compañía del pasado.

Y atención a Dawson, de quien la próxima temporada se verá una elegante pero contemporánea Giselle.

http://www.lavanguardia.es/cultura/noticias/20090904/53778380566/el-espectro-de-nijinski-vuelve-al-liceu-un-siglo-despues-san-petersburgo-juan-rodriguez-karl-lagerfe.html

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