Cultura: Secuelas, esa carne para juicios
Las continuaciones son una tentación para quienes no crearon el original. Secuelas de obras de Jane Austen, Salinger, legales o apócrifas.
Por: Charles McGrath para The New York Times y Clarín
Jane Austen llevó una vida protegida y de reclusión, y a su muerte la familia quemó muchos de sus papeles, por lo que no sabemos casi nada sobre ella. "La abadía de Northanger" nos permite adivinar que le gustaban los relatos góticos de amor, pero nada en su trabajo permite inferir cuáles eran sus sentimientos respecto de los zombies.
Es fácil imaginarse, sin embargo, que no le gustaría "Orgullo y prejuicio y los zombies", de Seth Grahame-Smith, una adaptación en la que, cuando no están buscando marido, Elizabeth Bennet y sus hermanas practican artes marciales y decapitan monstruos carnívoros. De seguir con vida y energías litigantes, como el aun más solitario J. D. Salinger, Austen podría recurrir a la justicia para tratar de detener la publicación del libro más vendido de Grahame-Smith, o por lo menos para cobrar parte de los derechos.
Salinger, que tiene 90 años y a fines de la década de 1980 se presentó ante la Suprema Corte de los EE.UU. para impedir que el biógrafo Ian Hamilton citara sus textos, acaba de ganar otra batalla legal y de evitar la publicación de "60 años después: Atravesando el centeno", una continuación de "El guardián entre el centeno", de Fredrik Colting, un sueco que por algún motivo escribe con el seudónimo de J. D. California. La mayor de lo que se sabe del libro de Colting suena muy mal: Holden Caulfield, que ahora tiene 70 años y padece problemas urológicos, se escapa de un geriátrico y se reúne con su hermana Phoebe, que, por lo que parece, sufre de demencia. A pesar de todo, el libro de Colting se convirtió en una causa literaria célebre en la que una serie de especialistas legales, entre ellos uno del New York Times, tratan de revertir la decisión del juez. El argumento es que el texto de Colting es "transformador", que en lugar de ser un mero saqueo agrega algo original e importante a la versión de Salinger.
Hay una serie de continuaciones y anticipaciones que hacen eso: amplían nuestra apreciación del texto original. El más brillante de todos puede ser "Ancho mar de los sargazos", de Jean Rhys, que vuelve a contar la historia de "Jane Eyre" desde el punto de vista de la primera Sra. Rochester, la mujer loca del desván. Contribuyó a que surgieran nuevas lecturas feministas de buena parte de la ficción victoriana.
Por fortuna "Jane Eyre" ya era de dominio público, como lo era "Hamlet" cuando John Updike escribió "Gertrudis y Claudio", una versión que vuelve a imaginar la historia de "Hamlet" desde el punto de vista de la pareja culpable y que explica por fin por qué Gertrudis y Claudio se unieron: él dominaba algunas técnicas sexuales que aparentemente desconocía su hermano.
Los libros que todavía están cubiertos por copyright constituyen un desafío más complicado para los aspirantes a escritores de anticipaciones y continuaciones. Ello se debe en parte a que es mucho el dinero que está en juego. Los herederos de Mitchell pusieron tanto empeño en la protección de "Lo que el viento se llevó" porque la franquicia es una verdadera mina de oro. "Scarlett", una continuación autorizada de Alexandra Ripley, fue un gran best-seller en 1991 a pesar del desprecio de la crítica. Los autores que siguen con vida, por otra parte, sienten un comprensible apego por sus personajes y pueden no querer pensarlos, por ejemplo, en términos de personas dementes o con problemas de control urinario. ¿Dónde se traza la línea entre la crítica o la parodia y la explotación lisa y llana?
De todos modos, la compulsión de escribir continuaciones y anticipaciones es casi siempre algún tipo de homenaje. No queremos más de libros que odiamos. Los libros que se reescriben y vuelven a imaginarse son los que más nos gustaron. En un par de buenas continuaciones recientes –"Un leve truco de la mente", de Mitch Cullin, y "Solución final: Una historia de detección", de Michael Chabon – hasta llegamos a ver que Holmes envejece y encuentra el amor.
Algunos libros son más que simples textos, forman parte de nuestro mobiliario mental. Sin embargo, es su familiaridad lo que los hace objetivos tan tentadores. Si aparecieran zombies, por ejemplo, en "Cranford" de Gaskell, no sería tan gracioso; y si "El Sr. Darcy se casa", de Linda Berdoll, otra de las tantas continuaciones de "Orgullo y prejuicio", no versara sobre Elizabeth Bennet y su nuevo esposo, no sería más que otro libro subido de tono que usa mucho la palabra "miembro". En lugar de ello, es un placer culpable. Descubrimos que Elizabeth y Fitzwilliam lo hacen con tanto entusiasmo como Gertrudis y Claudio.
Es fácil imaginarse, sin embargo, que no le gustaría "Orgullo y prejuicio y los zombies", de Seth Grahame-Smith, una adaptación en la que, cuando no están buscando marido, Elizabeth Bennet y sus hermanas practican artes marciales y decapitan monstruos carnívoros. De seguir con vida y energías litigantes, como el aun más solitario J. D. Salinger, Austen podría recurrir a la justicia para tratar de detener la publicación del libro más vendido de Grahame-Smith, o por lo menos para cobrar parte de los derechos.
Salinger, que tiene 90 años y a fines de la década de 1980 se presentó ante la Suprema Corte de los EE.UU. para impedir que el biógrafo Ian Hamilton citara sus textos, acaba de ganar otra batalla legal y de evitar la publicación de "60 años después: Atravesando el centeno", una continuación de "El guardián entre el centeno", de Fredrik Colting, un sueco que por algún motivo escribe con el seudónimo de J. D. California. La mayor de lo que se sabe del libro de Colting suena muy mal: Holden Caulfield, que ahora tiene 70 años y padece problemas urológicos, se escapa de un geriátrico y se reúne con su hermana Phoebe, que, por lo que parece, sufre de demencia. A pesar de todo, el libro de Colting se convirtió en una causa literaria célebre en la que una serie de especialistas legales, entre ellos uno del New York Times, tratan de revertir la decisión del juez. El argumento es que el texto de Colting es "transformador", que en lugar de ser un mero saqueo agrega algo original e importante a la versión de Salinger.
Hay una serie de continuaciones y anticipaciones que hacen eso: amplían nuestra apreciación del texto original. El más brillante de todos puede ser "Ancho mar de los sargazos", de Jean Rhys, que vuelve a contar la historia de "Jane Eyre" desde el punto de vista de la primera Sra. Rochester, la mujer loca del desván. Contribuyó a que surgieran nuevas lecturas feministas de buena parte de la ficción victoriana.
Por fortuna "Jane Eyre" ya era de dominio público, como lo era "Hamlet" cuando John Updike escribió "Gertrudis y Claudio", una versión que vuelve a imaginar la historia de "Hamlet" desde el punto de vista de la pareja culpable y que explica por fin por qué Gertrudis y Claudio se unieron: él dominaba algunas técnicas sexuales que aparentemente desconocía su hermano.
Los libros que todavía están cubiertos por copyright constituyen un desafío más complicado para los aspirantes a escritores de anticipaciones y continuaciones. Ello se debe en parte a que es mucho el dinero que está en juego. Los herederos de Mitchell pusieron tanto empeño en la protección de "Lo que el viento se llevó" porque la franquicia es una verdadera mina de oro. "Scarlett", una continuación autorizada de Alexandra Ripley, fue un gran best-seller en 1991 a pesar del desprecio de la crítica. Los autores que siguen con vida, por otra parte, sienten un comprensible apego por sus personajes y pueden no querer pensarlos, por ejemplo, en términos de personas dementes o con problemas de control urinario. ¿Dónde se traza la línea entre la crítica o la parodia y la explotación lisa y llana?
De todos modos, la compulsión de escribir continuaciones y anticipaciones es casi siempre algún tipo de homenaje. No queremos más de libros que odiamos. Los libros que se reescriben y vuelven a imaginarse son los que más nos gustaron. En un par de buenas continuaciones recientes –"Un leve truco de la mente", de Mitch Cullin, y "Solución final: Una historia de detección", de Michael Chabon – hasta llegamos a ver que Holmes envejece y encuentra el amor.
Algunos libros son más que simples textos, forman parte de nuestro mobiliario mental. Sin embargo, es su familiaridad lo que los hace objetivos tan tentadores. Si aparecieran zombies, por ejemplo, en "Cranford" de Gaskell, no sería tan gracioso; y si "El Sr. Darcy se casa", de Linda Berdoll, otra de las tantas continuaciones de "Orgullo y prejuicio", no versara sobre Elizabeth Bennet y su nuevo esposo, no sería más que otro libro subido de tono que usa mucho la palabra "miembro". En lugar de ello, es un placer culpable. Descubrimos que Elizabeth y Fitzwilliam lo hacen con tanto entusiasmo como Gertrudis y Claudio.


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