Arte: Un arte lleno de enigmas
Un implacable Juan Carlos Romero recorre 4 décadas de la Argentina en una muestra en OSDE. Un artista que, si se juzga por lo poco que ha exhibido en grandes instituciones, no es fácil de digerir para el sistema del arte.
Por: Eduardo Villar
No es frecuente que una exposición de arte contemporáneo conceptual produzca conmoción en el espectador. Uno de esos raros casos es esta muestra de Juan Carlos Romero en el espacio de Arte de la Fundación OSDE. "Perturbadora" es la palabra que tal vez mejor describe la muestra. Para seguir con las buenas rarezas del caso, tampoco es frecuente encontrar un artista que demuestre semejante coherencia a lo largo de más de cuarenta años, a pesar de los cambios en los recursos estéticos utilizados –la exhibición reúne más de cincuenta obras (grabados, esténcils, fotografías, objetos) realizadas entre 1966 y 2009–. Romero puede haber cambiado sus técnicas, pero desde la primera hasta la última obra del medio centenar que se despliega en OSDE, es obvio que es el mismo artista en su modo de reflexionar sobre su trabajo, en su manera de pararse en el mundo para hacer arte.
Con curaduría de Fernando Davis, también autor de los esclarecedores textos del catálogo, el recorrido arranca con "American way of life", obra realizada en 1966 para la exposición Homenaje al Vietnam, en la galería Van Riel, donde participan unos 200 artistas plásticos, desde Marta Minujin hasta León Ferrari. En ese trabajo Romero trata el collage con el traquelado de papel. El resultado es la extraña convivencia entre una técnica cercana al arte óptico y cinético (debido a los cortes en el papel, el desplazamiento del espectador altera la percepción de la obra) con recortes de diario que multiplican la palabra Vietnam y reproducen una imagen de soldados estadounidenses golpeando a un vietnamita.
La muestra está ordenada en forma cronológica: arranca en esa imagen que –desde las dos cruces que se distinguen en la composición, la fecha de realización casi simultánea (1965) y su título, correspondiente al mismo imaginario–, se emparenta de algún modo con la célebre "Civilización occidental y cristiana", de Ferrari. Y desde allí no se detiene ni presenta saltos temporales hasta una obra de 2009, un enorme panel como un paredón forrado de carteles en enormes letras negras sobre papel amarillo similar a cualquiera de los que convocan a bailantas en barrios de Buenos Aires o el Conurbano. Solo que en estos carteles se lee "Estrago" –¿cómo no asociar ese cartel con lo ocurrido y recién juzgado sobre Cromañon?– y más chico: "La palabra oculta. Romero 09". Como ese mismo deslizamiento casi sin interrupciones en el tiempo, se puede leer la suerte de la Argentina –no por obvio es mejor no decirlo, nosotros– en las últimas cuatro décadas.
También –quizá esta lectura sea más acorde con la de Romero– puede interpretarse que era precisamente esa la palabra oculta en todas las palabras de todos los que manejaron el discurso del poder en esas décadas: "estrago".
La muestra, que es muy representativa de la trayectoria de Romero, está llena de palabras ocultas. Y el espectador es permanentemente desafiado a encontrarlas, a leerlas, a completarlas. En el centro del salón y no en la pared, sino en el piso, está la única obra que rompe la secuencia temporal, por estar en el centro: "Swift en Swift", de 1970. La obra fue presentada ese año por el artista en el Tercer Salón Swift de Grabado, organizado por el frigorífico bonaerense, entonces una de las grandes empresas argentinas. Son cuatro tiras de papel de cuatro metros de largo cada una, sobre las que fueron transcriptos fragmentos de la novela Viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, acerca de la esclavitud y la guerra. Pero las palabras no están separadas entre sí. El texto es un continuo con el agregado de unos círculos debajo de algunas letras, que indican la separación entre palabras. Leer los textos parece fácil, pero en realidad requiere un enorme esfuerzo del espectador. Por otro lado, cuando por fin uno logra leerlo, se escapa el sentido, oscurecido por el esfuerzo que requiere la lectura. Además, la obra está en el piso, lo que añade dificultad. Romero la presentó en el Salón Swift como una obra "no premiable" y paradójicamente, fue la obra premiada.
No casualmente, la obra que es una bisagra en la exhibición –casi como el paso a otra sala, aunque sigamos en la misma– es de 1976 y se llama "La muerte": una estrella federal marchita, con esas palabras "La muerte" debajo; al lado algo así como la huella de esa estrella federal (como una imagen impresa en sudario, podría pensarse) con la letra "M" debajo. La M, además de ser la inicial de la muerte, era el nombre con que los militantes nombraban a la organización Montoneros, cuyo emblema era una estrella federal.
1976. De ahí en más, todo es muerte, camuflajes, máscaras, ocultamiento, clandestinidad. Embutes, como se decía en la jerga militante. Muertes y desapariciones. 1976. De ahí en más, hasta los títulos de las obras llevan más claramente esa carga "Violencia" (1977), "El placer y la nada", "La vida de la muerte" (1980), "Camuflaje" en sus cuatro versiones, "Gritos" (1987). Pero no de manera ingenua ni inocente, sino cada vez más, y conforme se avanza en la lectura de lo sucedido, vinculadas con palabras –como siempre ocultas, disfrazadas o incompletas– que refieren la represión a situaciones políticas y económicas: "carenc", "desocu", "exclusi", "extinc" o "margin", como en su obra "5 poesías pobres".
Pero los cuerpos que en las últimas obras aparecen masacrados, como objetivos, como blancos o como sujetos de dolor por la muerte de otros, ya aparecían, con un valor distinto, en la obra anterior de Romero. Hay dos que vale la pena mencionar: "Segmento de recta A-B = 53.000 m" (1971) y "Segmento de línea recta" (1972). Especialísimos recorridos entre instituciones de arte cercanas a Romero en ese momento, incluyendo otros puntos clave para su vida como la vieja ENTel, el lugar de trabajo que le permitía subsistir, y un punto del puerto de Buenos Aires donde estaba en ese momento el buque Granaderos, que funcionaba entonces como cárcel de presos políticos. Romero pone así los cuerpos como sujetos de las relaciones sociales: "lugares que tengan un efecto directo sobre mí y sobre el espectador", dice.
Por fin, llama horriblemente la atención que ésta sea la primera muestra individual importante de un artista de esta magnitud.
Con curaduría de Fernando Davis, también autor de los esclarecedores textos del catálogo, el recorrido arranca con "American way of life", obra realizada en 1966 para la exposición Homenaje al Vietnam, en la galería Van Riel, donde participan unos 200 artistas plásticos, desde Marta Minujin hasta León Ferrari. En ese trabajo Romero trata el collage con el traquelado de papel. El resultado es la extraña convivencia entre una técnica cercana al arte óptico y cinético (debido a los cortes en el papel, el desplazamiento del espectador altera la percepción de la obra) con recortes de diario que multiplican la palabra Vietnam y reproducen una imagen de soldados estadounidenses golpeando a un vietnamita.
La muestra está ordenada en forma cronológica: arranca en esa imagen que –desde las dos cruces que se distinguen en la composición, la fecha de realización casi simultánea (1965) y su título, correspondiente al mismo imaginario–, se emparenta de algún modo con la célebre "Civilización occidental y cristiana", de Ferrari. Y desde allí no se detiene ni presenta saltos temporales hasta una obra de 2009, un enorme panel como un paredón forrado de carteles en enormes letras negras sobre papel amarillo similar a cualquiera de los que convocan a bailantas en barrios de Buenos Aires o el Conurbano. Solo que en estos carteles se lee "Estrago" –¿cómo no asociar ese cartel con lo ocurrido y recién juzgado sobre Cromañon?– y más chico: "La palabra oculta. Romero 09". Como ese mismo deslizamiento casi sin interrupciones en el tiempo, se puede leer la suerte de la Argentina –no por obvio es mejor no decirlo, nosotros– en las últimas cuatro décadas.
También –quizá esta lectura sea más acorde con la de Romero– puede interpretarse que era precisamente esa la palabra oculta en todas las palabras de todos los que manejaron el discurso del poder en esas décadas: "estrago".
La muestra, que es muy representativa de la trayectoria de Romero, está llena de palabras ocultas. Y el espectador es permanentemente desafiado a encontrarlas, a leerlas, a completarlas. En el centro del salón y no en la pared, sino en el piso, está la única obra que rompe la secuencia temporal, por estar en el centro: "Swift en Swift", de 1970. La obra fue presentada ese año por el artista en el Tercer Salón Swift de Grabado, organizado por el frigorífico bonaerense, entonces una de las grandes empresas argentinas. Son cuatro tiras de papel de cuatro metros de largo cada una, sobre las que fueron transcriptos fragmentos de la novela Viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, acerca de la esclavitud y la guerra. Pero las palabras no están separadas entre sí. El texto es un continuo con el agregado de unos círculos debajo de algunas letras, que indican la separación entre palabras. Leer los textos parece fácil, pero en realidad requiere un enorme esfuerzo del espectador. Por otro lado, cuando por fin uno logra leerlo, se escapa el sentido, oscurecido por el esfuerzo que requiere la lectura. Además, la obra está en el piso, lo que añade dificultad. Romero la presentó en el Salón Swift como una obra "no premiable" y paradójicamente, fue la obra premiada.
No casualmente, la obra que es una bisagra en la exhibición –casi como el paso a otra sala, aunque sigamos en la misma– es de 1976 y se llama "La muerte": una estrella federal marchita, con esas palabras "La muerte" debajo; al lado algo así como la huella de esa estrella federal (como una imagen impresa en sudario, podría pensarse) con la letra "M" debajo. La M, además de ser la inicial de la muerte, era el nombre con que los militantes nombraban a la organización Montoneros, cuyo emblema era una estrella federal.
1976. De ahí en más, todo es muerte, camuflajes, máscaras, ocultamiento, clandestinidad. Embutes, como se decía en la jerga militante. Muertes y desapariciones. 1976. De ahí en más, hasta los títulos de las obras llevan más claramente esa carga "Violencia" (1977), "El placer y la nada", "La vida de la muerte" (1980), "Camuflaje" en sus cuatro versiones, "Gritos" (1987). Pero no de manera ingenua ni inocente, sino cada vez más, y conforme se avanza en la lectura de lo sucedido, vinculadas con palabras –como siempre ocultas, disfrazadas o incompletas– que refieren la represión a situaciones políticas y económicas: "carenc", "desocu", "exclusi", "extinc" o "margin", como en su obra "5 poesías pobres".
Pero los cuerpos que en las últimas obras aparecen masacrados, como objetivos, como blancos o como sujetos de dolor por la muerte de otros, ya aparecían, con un valor distinto, en la obra anterior de Romero. Hay dos que vale la pena mencionar: "Segmento de recta A-B = 53.000 m" (1971) y "Segmento de línea recta" (1972). Especialísimos recorridos entre instituciones de arte cercanas a Romero en ese momento, incluyendo otros puntos clave para su vida como la vieja ENTel, el lugar de trabajo que le permitía subsistir, y un punto del puerto de Buenos Aires donde estaba en ese momento el buque Granaderos, que funcionaba entonces como cárcel de presos políticos. Romero pone así los cuerpos como sujetos de las relaciones sociales: "lugares que tengan un efecto directo sobre mí y sobre el espectador", dice.
Por fin, llama horriblemente la atención que ésta sea la primera muestra individual importante de un artista de esta magnitud.
Romero Basico
Su trabajo se inscribe en zonas de intervención diversas: grabador, performer, artista grupal, docente, militante. Integró el Centro de Experimentación Visual. Participó en varias muestras del CAYC. A partir de 1989 se integra al grupo Escombros. Hoy integra el Grupo de Artistas Plásticos Solidarios y la Red Conceptualismos del Sur.
Ficha
Juan Carlos Romero.
Cartografías del cuerpo, asperezas de la palabra
Lugar: Espacio de arte-Fundacion OSDE, Suipacha 658, piso 1.
Fecha: hasta el 7 de noviembre
Horario: lun a sab, 12 a 20
Entrada: gratis
Cartografías del cuerpo, asperezas de la palabra
Lugar: Espacio de arte-Fundacion OSDE, Suipacha 658, piso 1.
Fecha: hasta el 7 de noviembre
Horario: lun a sab, 12 a 20
Entrada: gratis


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