Literatura: Las plumas más sucias
Para Julián Rodríguez, editor de Periférica, "a menudo aquello que parecía normal en Bataille resultaba escatológico en Durás. Culturalmente, ha resultado llamativo cualquier asunto sexual si quien lo mira es una mujer". Hace casi 15 años, Marie Darrieussecq necesitó de una metáfora (la metamorfosis de una mujer adicta al botox en una cerda feliz) para hablar de los mismos temas que hoy toda una nueva generación se plantea en registro documental y en primera persona. "Son escritoras que van hasta el final de su experiencia, real o imaginaria, sin adornos ni artificios", asegura Herralde, quien tiene en su catálogo a Catherine Millet, Virginie Despentes o A. M. Homes.
Cada autora contribuye a destruir los tópicos femeninos. Beatriz Preciado (1970) escribió en Testo yonkie (Espasa) su brutal experiencia con la testosterona y aprovechó para lanzar una tesis sobre el feminismo porno punk. Para José Pons, editor de Melusina, que el mes que viene publicará El postporno era eso, de María Llopis (1975), se trata de "una labor de rescate del cuerpo femenino tanto tiempo secuestrado por el cristianismo, la cultura heteropatriarcal y el feminismo de los setenta". El trabajo de Diana Junyet, alias La Pornoterrorista, es un buen exponente de ello.
Los más grandes hallazgos se han dado en la "literatura extendida", allí donde se cruzan performance, cine, poesía y cómic. Lo explica Ana S. Pareja, editora de Alpha Decay: "Julie Doucet (1965) y sus menstruaciones, Phoebe Gloeckner (1960) y su Diario de una adolescente o la finlandesa Kaisa Leka (1978), que narra la experiencia de amputación de sus dos piernas, constituyen reflexiones extremas y muy divertidas acerca del cuerpo femenino".
Aunque la mirada se ha desprejuiciado, el debate continúa: "¿No es más sexual Poppy Z. Brite, autora de novelas de terror mainstream, que cualquiera de las sexoescritoras de los últimos tiempos?", se pregunta Julián Rodríguez. Poppy Z. Brite se considera un "transexual no operativo", alguien que nació mujer y se siente como un hombre, pero no quiere lucir como tal. Sus novelas están llenas de escenas de sexo explícito y de homosexuales asesinados.
En este mapa de autoras, no todo lo que se etiqueta como sexual es excitante, ni todo lo sexual es transgresor, ni toda escritora es necesariamente una mujer.
http://www.elpais.com/articulo/portada/plumas/sucias/elppor/20090925elptenpor_4/Tes/


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