Cultura: Los disparos de confeti del BarriBrossa
Los miembros del grupo artístico Oulipo Espai Brossa
Ciutat Vella se convierte, hasta el el 10 de abril, en el escenario del teatro emergente y recupera la poesía más vanguardista
Barcelona Redactor
La poesía ve en las calles arterias vivas, transitables, plazas con metáforas y letras que hacen gimnasia. Lo artístico, más allá de la teoría y la especulación, es también físico, y la conquista de territorios olvidados es uno de los objetivos de este festival – por lo que tiene de fiesta - llamado BarriBrossa.
Organizado por el Brossa Espai Escènic, el encuentro se desarrolla, hasta el 10 de abril, por múltiples lugares de Ciutat Vella. En esta edición – la octava - además de las actividades que se podrán disfrutar directamente al aire libre, han contado con la complicidad del Arts Santa Mónica, el CCCB, el MACBA, del Museu Picasso y el Convent de San Agustí.
Como cada año, además de la extensa programación, la cita gira entorno a un artista o un movimiento estético. En esta ocasión, el invitado es el grupo creativo Oulipo, una "conspiración" que hace 50 años revolucionó desde París la escritura y la poética textual europea. La escritura combinatoria, la intertextualidad y la utilización de la palabra como materia sonora y musical, y el verbo como partitura, son algunas de las raíces de esta propuesta de "literatura potencial". Con raíces dadaístas, preconiza una creación en la que la matemática y la música se reencuentren. Por ello mismo, se ha creído que reivindicar esta forma de entender la creación, puede ser una excusa perfecta para reemprender la búsqueda de coincidencias y vasos comunicantes con lo contemporáneo.
Según los organizadores, el BarriBrossa quiere "arrancar alguna espina de nuestro ambiente teatral cotidiano" y "volver a la luz ciertas cosas olvidadas". En esta línea, se han organizado espectáculos, performances y debates con creadores que forman parte del frondoso universo brossiano. Una manera de mirar que combina la interrogación constante de la realidad – presuntamente rígida e inamovible - y la actividad estética como algo lúdico y festivo.
El paisaje urbano también es paisaje. Por ello, el BarriBrossa pretende crear una red de complicidades con el territorio, establecer puentes de diálogo con las artes visuales y musicales desde el cruce entre los diferentes géneros escénicos y parateatrales. No hay vanguardia radical sin una inserción clara y diáfana en la gente que camina en el día a día del barrio. La poesía también es cotidiana. Sólo hay que estar atentos a las esquinas y a los bancos.
Además de las obras oulipianas, en esta edición se homenajea a Montserrat Abelló y "a su dilatado combate en favor del progreso de la cultura", además de un nuevo "evento" de Llorenç Barber que, desde los referentes de John Cage y el minimalismo, se reencuentra con el poeta Joan Brossa. Todo ello compaginado con una excelente muestra del teatro más emergente.
Bajando por la calle Princesa ya se aprecia que algo mágico hay en ese barrio. Las máscaras, y los juegos de cartas de las tiendas, nos acompañan hasta llegar al final de fiesta, en la calle Allada Vermell, donde se encuentra -aunque pronto se trasladará a la antigua fábrica de momeadas de la Seca- el teatro que organiza esta verbena del espectáculo y la poesía.
El edificio está coronado por una letra B gigante, de color rojo, que se reclina en forma de antifaz. Es el último poema visual de Joan Brossa, instalado el 7 de octubre de 1998, dos meses antes que el artista muriese. Frente a la sala, hay una tarima con una frase del poeta: "Quan un país no va a l'hora, el primer que se'n ressent és el teatre". Justamente hoy, una afirmación así nos habla directamente, nos advierte. Y, de repente, las espinas se convierten en sombreros de copa, dados, y poemas que disparan balas de confeti a cualquier dogmatismo que se ponga por delante.


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