Fotografía: Rodeados de nadie
"These people become my mirrors; my way of showing those parts of me I'm trying to keep hidden. My insecurities, dreams and longings. My happiness and sorrows, victories and downfalls. My loneliness".
- "Esta gente es mi espejo", apunta la fotógrafa en la introducción de la obra, "mi manera de mostrar esas partes de mí misma que intentan esconderse. Mis inseguridades, sueños y anhelos. Mi felicidad y dolor, mis victorias y caídas. Mi soledad".
- "A veces nos sentimos solos, incluso cuando estamos rodeados de otras personas. Es quizás en esos momentos cuando es más difícil tratar de ocultar nuestros sentimientos".
Para Lange, que ha recibido por su estilo especial varios premios internacionales (el Lens, en el Festival in Arles, honores en el Leica Oskar Barnac Award...) y se gana la vida en un mundo completamente distinto (como publicista y fotógrafa de interiores), el hecho de fotografíar esto significa atreverse a "permanecer en una habitación para capturar lo que sucede cuando todo el mundo se ha ido", dice. Exige hacerse invisible; tener la facultad de no ser vista al retratar, fundirse con la escena, hacerse casi decoración cotidiana, rozar los cuerpos sin tocarlos, su gordura o delgadez, su juventud o vejez... Y no sacar conclusiones sobre los retratados. No querer embellecer o aligerar la piel solitaria o triste, sana o herida, vieja o joven, querida o abandonada; ni el gesto mecánico, banal, repetitivo y cotidiano, en casa, en el baño, en el sofá, en la cama...
Ella abraza aquello que mira. Lo asume como suyo. Y lo muestra.
Durante un período de tres años fue fotografiando aquí y allá, a sus familiares, amigos, vecinos y a aquellas personas que se cruzó en cafés o en fiestas. Lo hizo al azar, sin pensarlo, de manera espontánea, como una documentalista de caza por su entorno más cercano. Sus imágenes subjetivas nos convierten, así, en testigos de algo no dicho en un ambiente común; en mirones del lado oculto del individuo... "Hay una soledad ontológica —el ser está ahí— que nos dice que somos islas, quizás en un archipiélago, pero islas de todos modos... Se puede establecer comunicación, fuentes, correos, pero la isla está ahí, frente a otra isla... Las personas viven con esa soledad sin darse cuenta, o dándose cuenta de ella a ratos", dijo también Saramago un día.
Los personajes de Lange se dan cuenta de ella todo el tiempo, lo viven o presienten.
El fotógrafo finlandés Arno Rafael Minikkinen, que tiene un extraordinario trabajo sobre hombres y mujeres, cuerpos y relaciones, aporta también su mirada en el prólogo del libro de Lange: "Las marcas en los cuerpos que ella retrata (cicatrices, lunares, puntos de sutura, golpes, narices que sangran como grifos que gotean...) hablan de un mundo que no está permitido escudriñar. Confirman que estamos en verdad rodeados de nadie".Nuestra apariencia es nuestra y sólo nuestra, confirma. Y la manera en que nos tocamos, acariciamos, nos mimamos o no. "Rodeados de nadie es un hito valiente y hermoso para usar como brújula moral, un libro que muestra una vida dura a través de la visión de una fotógrafa que parece abarcarlo todo y no juzga a nadie".
¿Por qué retrata estas situaciones tan... privadas? No lo sabe, ha dicho Lange. Y no le importa. Lo que queda son individuos que hablan por sí mismos y están en este mundo. "Dentro de nosotros hay una cosa que no tiene nombre. Eso es lo que somos", decía Saramago. "Lo que necesitamos es buscar y dar un nombre a esa cosa: quizá, sencillamente, lo podamos llamar 'humanidad". Quizá lo sea.


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